Campaña en Lorca

Santiago González

El terremoto de Lorca es uno de esos sucesos que sorprenden a la ciudadanía feliz y confiada, ajena a un acontecimiento que va a cambiarle la vida. Si no feliz, al menos confiada. Un terremoto es una catástrofe enorme, que en unos segundos transforma una ciudad próspera en un paisaje urbano después de un bombardeo, que amén de las vidas humanas que se cobra, arrebata a los damnificados sus casas, su espacio familiar, sus pertenencias y su memoria afectiva.

Los partidos políticos suspendieron la campaña en señal de duelo, lo cual quiere decir exactamente que desplazaron la campaña al lugar de autos. El jefe de la oposición viajó a la región murciana ayer y fue acompañado por el presidente de la Comunidad, Ramón Luis Valcárcel al lugar del desastre. El presidente y Mariano Rajoy pertenecen al mismo partido, como puede deducirse del hecho mismo. El ministro del Interior acudió a la zona del seísmo y también lo hizo Carme Chacón, que tiene tropas en las tareas más urgentes.

Está en la naturaleza humana. No es la solidaridad una virtud que le resulte ajena, pero es ejercida con tanto más gusto cuanto más cerca esté de los intereses partidistas del solidario. El presidente del Gobierno visitó la zona del desastre cinco días después del bombazo de ETA en la T-4, el 4 de enero de 2007. Pudo hacerse acompañar por el ministro del Interior, por la ministra de Fomento, el delegado del Gobierno, el alcalde de Madrid o la presidenta de la Comunidad, pero eligió a Miguel Sebastián que era por entonces el candidato socialista a la Alcaldía de la capital. Mañana viajará a Lorca, después de un Consejo de Ministros, en el que, por una parte hará recortes del gasto en lenguaje bellaco (ajustes en la neoparla socialdemócrata) y por otra parte aprobará una expansión del gasto para hacer frente al desastre: “no vamos a regatear ningún medio económico para la tarea de reconstrucción de la ciudad”.

No se esperaba menos. El 6 de abril de 2009, un terremoto destruyó la ciudad italiana de L’Aquila, incluido un castillo que había levantado Carlos V. Para entonces, incluso Zapatero se había dado cuenta de que la desaceleración era una crisis, pero en un viaje del G-8 se comprometió a reconstruir la fortaleza, unos 40 millones de euros. Bien es verdad que jamás lo hizo, venturoso incumplimiento que le permitirá sumar el remanente a la reconstrucción del castillo de Lorca, gravemente dañado por el terremoto del miércoles, y a la de las viviendas afectadas de la ciudad.

La catástrofe ha amortiguado la cháchara de campaña, aunque no del todo. Ayer mismo el PP difundía, en un prodigio de sutileza, la idea de que Rajoy estaba apie de obra con los damnificados, mientras Rubalcaba y Chacón se limitaban a mirarlo desde el aire. No es improbable que el PSOE recupere el aire de campaña achacando al Gobierno autonómico y al Ayuntamiento, ambos gestionados por el PP, la insuficiente calidad de la construcción que hizo más vulnerable el caserío de Lorca a las sacudidas sísmicas. Esperemos que, al menos, la palabrería de campaña no les haga olvidarse esta vez de articular las ayudas necesarias.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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