Fue la de ayer una jornada particular, con permiso de Ettore Scola. El lehendakari saliente por la mañana, y el entrante por la noche, coincidieron en sus valoraciones sobre los comicios. Manifestaba el lehendakari su convicción de que eran las primeras elecciones que se celebraban «en total libertad», sin que acertara a definir con mínima precisión el significado de total ni el de libertad.
Iñigo Urkullu coincidió con López al comienzo de su discurso de ganador: «Por primera vez hemos celebrado unas elecciones en plenas condiciones democráticas». Tampoco dijo él qué cosa entendía por plenas. A Patxi López, lehendakari, primera autoridad del Estado en la comunidad autónoma, le impidieron ejercer su derecho al voto durante unos minutos media docena de tipos con pancartas de los presos, que obligaron a López a salir del colegio electoral hasta que lo desalojaron los radicales. Su mujer, que es lo mejor que tiene en casa, aguantó la escena sin perder la compostura, mientras se lamentaba: «Nada cambia, ¿eh?, nada cambia». Tenía razón.
Los resultados han sido los que venían augurando las encuestas, aunque los espacios electorales no han cambiado gran cosa: fijémonos en las cuatro elecciones autonómicas en las que Eusko Alkartasuna tuvo vida propia, 1986, 1990, 1994 y 1998. Fue en septiembre de 1986 cuando EA se escindió del PNV; desde el 98, fue en coalición con su antiguo partido. Los escaños que sumaron Herri Batasuna y Eusko Alkartasuna en la etapa señalada fueron: en el 86, 26; en el 90, se quedaron en 22; en el 94, volvieron a sacar 22, y en las de 1998, fueron 21. Con el PNV sacaron siete en las candidaturas que compartieron después, pero era por generosidad interesada de sus socios; los sondeos no les auguraban más de cuatro. En la coalición EH Bildu y las dos que la precedieron en elecciones municipales y legislativas (Bildu y Amaiur), EA no es más que un triste apéndice, al igual que Alternatiba, del socio principal, o sea Batasuna, por mucho que el Tribunal Constitucional no haya comprendido esta razón.
No es ésa la única diferencia. Las candidaturas nacionalistas, EH Bildu+PNV que sumaron en las cuatro elecciones señaladas 43, 44, 44 y 41 escaños, respectivamente, sumaron ayer 48, mientras los diputados constitucionalistas, que en la legislatura anterior fueron 39, se han quedado en 27. Los nacionalistas han crecido más y están más radicalizados. La suma HB+EA es ahora todo Batasuna. Una de las escenas más patéticas de la campaña fue el abrazo claudicante de Carlos Garaikoetxea a Laura Mintegi, que ya fue candidata de Euskal Herritarrok a las europeas del 10 de junio de 1987, y que tanto calló nueve días más tarde sobre la matanza de Hipercor.
Estos resultados tendrán repercusiones. En Euskadi, por supuesto, pero también en la política española, en la que Alfredo Pérez Rubalcaba se perfila como el gran perdedor de las vascas y las gallegas. Todo puede ir a peor.
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Y no habrá que aceptar con todo el dolor y las reglas de la democracia, los resultados e interiorizar que el nacionalismo es lo que desean más de la mitad, la mayoría de los ciudadanos de Euskadi? Y cuando se sumen los catalanes, si es como suponemos…¿Tendremos que cambiar el modelo de estado, o no? La federación no es la solución puesto que no dejarían de pertenecer al estado español que no quieren ni en pintura…
Rubalcaba es el mal menor, con perdón. Lo malo es que la política española juega siempre a la silla…y el que se queda fuera generalmente no era el peor. (Maria SanGil…for example)