Crisis de juventud

Apenas bajado el telón del bululú, el joven Sánchez se ha revelado en su absoluta soledad. Carme Chacón, aquella cabeza de lista que se alzó en 2008 con 16 de los 31 diputados de Barcelona, bajó a 10 en 2011 y a cinco en 2015, no va a repetir. Cualquiera podría entenderlo si se pone en su lugar. También se va Irene Lozano, que había obtenido el cuarto escaño por Madrid.

Chacón renuncia. Ya lo hizo en 2012. Fue muy notable que ella se fuera al sol de Florida mientras en Cataluña se producía el más grave desafío que ha sufrido la España constitucional. No era la actitud que se esperaba de una mujer que había aspirado al mando en su partido y fue ministra de Defensa. Oh, ella nombró Jemad a José Julio.

Dice que se va por razones políticas, aunque no las explicó: «Son irrelevantes y las guardo para mí». No es cierto. Hace ya un mes se las contó a Zapatero, que tampoco se las ha contado al secretario general. Pedro, incapaz de reconocer la realidad, ignoró la insuficiente explicación de Carme y atribuyó la fuga por dos veces a razones personales. Siempre le pasa lo mismo. En su entrevista con Herrera, le echó la culpa a Pablo de que él no haya podido ser califa en lugar del califa, se agarró al clavo ardiendo de un Errejónmoderado y a la oferta de Compromís en el último minuto: «Baldoví no dice no, no cierra la puerta», mientras el tal Baldoví se manifestaba atónito por una contrapropuesta que calificó de «absolutamente inaceptable».

En la misma entrevista ironizaba sobre lo que Pablo Iglesias decía de Alberto Garzón, con quien ahora quiere concurrir el 26-J. Ya no se acuerda de cuando él calificaba a C’s de «las Nuevas Generaciones del PP» (2 de noviembre y 2 de diciembre de 2015). Rizando el rizo, advirtió a Pablo de que podría quedar el cuarto en las próximas elecciones. Se lo dice un hombre que sabe de qué habla: su lista fue la cuarta en Madrid el 20-D.

Ahora mismo baraja la posibilidad de enviar a su segunda, Meritxell Batet (qué gran apellido para Barcelona), a cubrir la baja de Chacón, con lo que la lista madrileña del PSOE habrá perdido a sus números dos y cuatro. Ha de tenerse en cuenta, además, que Pedro quiere meter a Gabilondo de tercero, lo que relegaría a su portavoz Hernando hasta el quinto puesto por lo menos, desplazando a Simancas hasta el séptimo, donde ya no fue elegido Madina la vez anterior. Por si este carajal estuviera claro, Susana añade una condición: «Los socialistas no pueden prescindir del talento humano y la capacidad de Madina».

No sé cómo lo van a resolver. Yo adelantaría a Zaida Cantera al número dos y detrás, seguidos, los valores imprescindibles: Gabilondo de tercero, Hernando de cuarto, Madina de quinto y Simancas el sexto. Se acabó lo que se daba. Es una crisis. La debacle llegará si pierde un solo escaño de los 90. Mientras, los socialistas deberán mimar a Meritxell, no sea que deban recurrir a la gran coalición y su ayuda sea inestimable a partir de su experiencia conyugal.

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El poder de la sonrisa

Arnaldo Otegi culmina hoy un viaje por Europa en una operación de blanqueo del terrorismo. La única novedad es de naturaleza indumentaria. El líder de Sortu, que sólo fue terrorista contra la democracia, posaba el lunes con traje y corbata en un look rigurosamente inédito.

En Londres visitó a Jonathan Powell, ex jefe de Gabinete de Tony Blair y comisionista de la intermediación del Gobierno vasco junto con otros pacifistas heterogéneos. Su empresa se llama Inter Mediate, no digo más. Bueno, sí, puedo decir que ha fichado para su chiringuito a dos figuras del centro Henri Dunant, los intermediarios de Zapatero en su proceso de paz. El mismo día por la tarde fue recibido en el Parlamento británico por el Grupo Multipartito de Asuntos de Conflicto, integrado por parlamentarios nacionalistas.

Al Parlamento Europeo no llevó corbata, pero lució sus sofismas de siempre. Llamó «presos políticos vascos» a terroristas condenados, no por delitos de opinión, sino por asesinatos, terrorismo, amenazas, daños, extorsión y otros delitos de derecho común, y llamó «refugiados» a lo que en cualquier tierra de garbanzos se considera fugitivos de la Justicia. Otegi llegó a calificar a ETA con un eufemismo difícilmente superable: «La persuasión armada». El invitado es un hombre de paz para sus anfitriones: IU y Podemos. Él se dio de baja en la banda terrorista que lo dejaba en 1982, ETA (p-m), para sumarse a la rama militar que siguió matando, o por decirlo con palabras de su jefe, Mujika Garmendia, ‘Pakito’, «una organización que lucha para conseguir la paz».

Mientras explicaba en Bruselas el problema vasco y exigía la excarcelación de los presos y la vuelta de los fugitivos, las eurodiputadas Maite Pagaza y Teresa Jiménez-Becerril, enviaron al presidente Schulz un escrito de protesta, que también suscribieron el PP, Ciudadanos, UPyD e independientes del Grupo Alde. No lo firmaron los convidantes, el PNV ni el PSOE, olvidados ya Buesa, Jáuregui, Lluch, Elespe, Priede, Pagaza y Carrasco. ETA dividiendo en dos a los europarlamentarios españoles, gracias al PSOE. Zapatero lo hizo mejor en octubre de 2006: consiguió dividir en dos al propio Parlamento europeo.

«No lograrán borrarnos la sonrisa», dijo Otegi, lo que admiró no poco al organizador del encuentro, Irving Rappaport, por ser la primera vez que «un invitado de una zona en conflicto defendía la sonrisa para lograr la paz». Eso es porque no invitaron a Iñaki de Juana Chaos, que fue sucesivamente lo que Otegi considera «un preso político», para ser en la actualidad «un refugiado» de Maduro. Lo explicó así cuando era un terrorista preso: «Me encanta ver las caras desencajadas de los familiares en los funerales.

Aquí, en la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas y acabaremos a carcajada limpia». Los europarlamentarios deberían haber recibido fotos de la manifestación de hace 10 días, en la que el hombre de paz se manifestaba entre muchos asesinos: junto a él, ‘Kubati’, Ondarru, Zabarte y varios miles de años de cárcel por asesinatos múltiples.

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Algo de epistemología

Algunos periodistas a los que respeto se han mostrado contrarios al plante de los colegas a Pablo Iglesias: Carlos Alsina y Arcadi Espada, por ejemplo.

Cada vez que a Pablo de Torso –genial subrayado de mi amigo Luigi a su hipermasculinidad– le asoma el bichito totalitario o faltón, hay junto a él un/a majadero/a que se ríe: la que se despepitaba cuando él llamaba «tooonto» y «subnormal», al pobre Carmona en mayo de 2015. El chaval del jueves pasado en la Complutense, mientras galleaba contra la prensa en general y EL MUNDO y Álvaro Carvajal en particular.

Al día siguiente se excusó por partida doble, en Twitter, y en Pamplona: «Ayer me equivoqué, y cuando alguien se equivoca está bien reconocerlo y asumirlo». Ha pedido disculpas y ha dicho que lo siente, pero es sólo atrición. Lo que siente no son sus palabras, sino las consecuencias negativas para él: el plante.

Un suponer, lo de Álvaro y EL MUNDO, diario en el que tiene al menos tantos columnistas simpatizantes como críticos. O tenía. Aquí empezó a llamársele simplemente Pablo, como a Fidel, como a Felipe. Hay quien ha confesado haberlo votado y hasta quien le considera intelectual. Me temo que algunos de sus fans van a recapacitar.

¿Por qué establece este pollo diferencia entre el espacio universitario y la rueda de prensa? En los dos ámbitos se comporta igual, con un narcisismo que le impide comprender resignadamente que no podemos gustarle a todo el mundo, sin necesidad de que todo el mundo tenga móviles espurios. El pasado 22 de enero resolvió una pregunta incómoda de la periodista de El Español, Ana Romero, aludiendo al abrigo de piel que llevaba puesto, como si todo el mundo tuviera que vestir Alcampo. Nadie protestó y él no le pidió disculpas.

Los periodistas que plantaron al macarrilla sietemachos no defendían una posición personal, tal vez sólo un principio de dignidad. Herri Batasuna convocaba ruedas de prensa en el lugar donde vivo y ejerzo con el mismo objetivo que Podemos: no para informar, sino hacer valoraciones e impartir doctrina. Un día requisaron a los periodistas las grabadoras para que no pudieran incriminarlos. «Y todos aceptamos la humillación», me contaba una periodista de El País, indignada. Yo, Arcadi, prefiero este modelo.

El plante de los periodistas no fue una cuestión personal, ni siquiera de negocios. Tiene que ver con la reivindicación que Dutton Peabody, director, redactor y barrendero del ShinboneStar le hace a Stoddart cuando éste se lo encuentra malherido después de recibir una paliza: «Le he explicado a ese Liberty Valance lo que es la libertad de prensa».

¿Por qué vamos a afearle que no distinga entre Einstein y Newton y sólo le suene vagamente Kant a un tipo con tantas lagunas sobre las materias de su oficio? Hace dos años en La Tuerka: «La democracia es incompatible con el monopolio de la violencia por parte del Estado, que inventó el absolutismo europeo». No sólo no es incompatible, es su condición, lo definió Max Weber en la Universidad de Múnich en 1919, rematando a Hobbes y Locke. Y este tipo se lo empluma al absolutismo europeo. Doctor en Ciencias Políticas, hay que joderse.

Ramón Cotarelo, su profesor en la Complutense, ha dicho de él: «¿Va quedando claro que este hombre además de narcisista y prepotente es tonto?». No sabría yo qué decirle: Sí a lo primero. Respecto a lo segundo tengo mis dudas. Depende de con quién se le compare. Él se mueve entre el joven Sánchez y mamá Bescansa. Pero en fin, Cotarelo lo conoce mejor y desde antiguo; él sabrá.

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Esperando a la mantis

Pedro Sánchez debe de ser el único español que aún no se ha enterado de que el verdadero adversario de su pretendido Pablo no es Rajoy, sino él, Pedro, en tanto que secretario general del mayor partido de la izquierda. Lo que Pablo pretende no es asaltar La Moncloa por el momento, sino Ferraz.

De ahí que ante las más que probables elecciones del 26 de junio, el hipermasculino Iglesias se apresta a revelar su lado hiperfemenino (mantis religiosa), comiéndose al partenaire durante la cópula. Primero será el pobre Garzón, a quien necesita para dar el sorpasso a Pedro y constituirse en el verdadero líder de la izquierda española. Echenique va a explorar el tema, aunque Alberto es tan flete como su vieja camarada (y antigua compañera sentimental de Pablo), TaniaVaciamadrid No Punto No Vamos A Entrar En Podemos. También se muere de ganas.

Lo que no se entiende es que este tipo, tan puntilloso para consultar a las bases su política de alianzas, vaya a abordar por derecho y sin consulta alguna cualquier alianza con IU. Recordemos que hace apenas una semana sometió a las bases dos preguntas sobre todas las opciones posibles: con el PSOE y Ciudadanos, o con el PSOE, En Comú Podem y En Marea. Las únicas opciones ausentes de la doble pregunta era una alianza con IU. Bueno, y con el PP.

¿Es realista el cálculo de que la suma de los votos de Podemos e Izquierda Unida volverá a superar al PSOE en 600.000? Puede que no, pero también podría ser que sí, aunque no parece que afloren muchos nervios en el socialismo, cosa que en un partido con algunas reservas de racionalidad sólo podrían explicarse porque estuvieran más interesados en cambiar de secretario general que en mantener el liderazgo de la izquierda.

No parece que Sánchez esté nervioso, pese a haber ignorado escrupulosamente la inexorable advertencia de Nicolás Redondo: «Si jugamos a Podemos, gana Podemos». Ayer, mientras escribía estas líneas, Pedro Sánchez seguía tuiteando su despecho a Pablo: «Hoy podría haber un Gobierno que recuperara la sanidad universal o los convenios colectivos (prueba evidente de que no distingue entre copulativa y disyuntiva, ¿las dos cosas no?) y todo depende de una persona, no de un partido».

Pudo haberse dado cuenta de dónde tenía el peligro, pero se ha limitado a lamentar su falta de colaboración para echar a Rajoy. Cada esfuerzo de Pedro para ensanchar sus tragaderas ante los desplantes y las burlas de Pablo ha servido para encumbrarlo y legitimarlo un poco más.

Ayer mismo, Iglesias arremetió en la Complutense contra un compañero de El Mundo, Álvaro Carvajal, gran tipo y excelente periodista, acusándolo de criticar a Podemos para medrar y dejando asomar el bichito totalitario que lleva dentro: «Veo miedo en los ojos de los periodistas». Por una vez, los colegas mostraron un legítimo orgullo corporativo y plantaron al bocazas. Me inquietó el silencio de Pedro, ni un tuit sobre el asunto hasta última hora de la tarde y sin citar a su Pablo para no ofender. No habrá comprendido aún que las diferencias de un partido reformista con Podemos no son de matiz, sino de esencia.

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La regeneración era esto

El juez Pedraz ha calificado en su auto de organización criminal la que habían constituido Luis Pineda y Miguel Bernad, al frente de la organización Ausbanc y el sindicato justiciero Manos Limpias, que se habían concertado para extorsionar a personas contra las que ejercían como acusación popular. Si modulas, retiramos la acusación; si no, tú verás.

Así consiguieron un millón de euros de Unicaja, amenazando a su presidente con el caso de los ERE. El que ha llevado a Pineda y Bernad a Soto del Real es el asunto Nóos, que tiene a la Infanta Cristina sentada en el banquillo. Su defensa recibió la petición de tres millones por los gastos, a cambio de «plegar velas».

Todo hace pensar que si se hubieran entregado los tres millones no habrían presentado acusación contra la hermana del Rey y el juez Castro no habría podido dictar aquel memorable auto del 23 de diciembre de 2014, por el que los españoles nos enteramos de que Cristina de Borbón era procesada el mismo día en que su hermano Felipe nos dirigía su primer discurso de Navidad como Rey, como si el juez no hubiera tenido más días; después de todo, como decía Billy Wilder, las casualidades sólo caben en el primer cuarto de hora de las películas.

Uno, que nunca había creído que nuestra Blue Jasmine debía ser procesada, encontró curiosa la complacencia de la opinión pública por el papel de Manos Limpias en el caso. A decir verdad, también halló algo raro en el nombre del sindicato, un juego de inversión parecido al de llamar hombre de paz a Arnaldo Otegi, aunque el concepto debiera su copyright al camarada Pakito, Francisco Mujika Garmendia: «ETA es una organización que lucha para conseguir la paz».

Manos Limpias alcanzó notoriedad al ejercer la acusación contra Juan Maria Atutxa por desobedecer la orden del Supremo de disolver el grupo Sozialista Abertzaleak y, muy señaladamente, por haber ejercido la acusación contra el entonces juez Baltasar Garzón.

La prensa socialdemócrata y el progresismo nacional descalificaron la operación por ser Manos Limpias un sindicato de extrema derecha, lo cual era cierto a juzgar por los antecedentes políticos de Bernad, militante de Fuerza Nueva en el pasado. Lo que no parece comprobado es que sometieran a Garzón ni a Atutxa al mismo chantaje que pretendían con la Infanta. Sin embargo, su actuación acusatoria contra ésta no ha recibido el menor reproche de nuestra izquierda. Y aquí sí había delito.

Hay una cierta justicia poética en el hecho de que la regeneración de nuestra vida pública esté en manos de chantajistas. Falta algún juez. Bueno, perdón, el ex Garzón sometió a alguno de sus imputados a análoga petición de fondos para financiar sus cursos en la universidad de Nueva York, tal como descubrió un excelente trabajo de María Peral en estas páginas. Eso sí, con más estilo. Las cartas de petición empezaban con un cariñoso «Querido Emilio» y bajo la firma, un recordatorio expresado de manera muy sutil: «Magistrado-juez de la Audiencia Nacional».

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La llamada

A Mariano Rajoy se le va agotando el tiempo para hacer su llamada a Pedro Sánchez, aunque estemos a dos semanas de la fecha límite para que volvamos a ser convocados a las urnas. El vicesecretario Maroto lo ha puesto en claro al decir que el candidato popular no va a llamar al candidato socialista mientras éste persista en su actitud de bloqueo. Si no se produce un cambio de actitud en Sánchez no se producirá la llamada.

Me temo que Mariano Rajoy se va a quedar sin hacer esa llamada. Cualquier observador libre de prejuicios podría llegar a la conclusión de que el joven Sánchez no está por la faena ante las reiteradas negativas del dirigente socialista a reunirse siquiera con el presidente del PP. ¿Qué parte del no no entiende? Bloqueo es para el pobre Luena, César y nada, el empecinamiento de Pablo en no querer llevar a Pedro a la Moncloa. El presidente de Ciudadanos considera que los 200 puntos del acuerdo con el PSOE constituyen un programa imprescriptible, más allá de derrotas parlamentarias, como si fuera, no ya un acuerdo de Gobierno, sino un pacto de sangre. En su opinión, el bloqueo más empecinado es el del candidato popular. «Rajoy quiere presidir a cualquier precio», rezaba ayer el titular de su entrevista en El País, aunque en el texto, esta idea estaba más matizada que en el titular.

Hoy conoceremos el resultado del referéndum de Podemos entre sus bases, que será, como es de cajón, favorable al mando. La participación no llegó al 38%. Imaginen que la abstención en las, parece que inevitables, elecciones del 26 de junio fuese como la de Podemos, superior al 62%. Sería una crisis del sistema. ¿Y éstos pretenden que semejante abstención entre la vanguardia revolucionaria de los pueblos de España es un éxito? Para elegir a Sánchez, los socialistas superaron el 66% de participación. Para proclamarse candidato a la presidencia del Gobierno, a Pedro le bastó el 22% de los votos de los españoles. La semana pasada tuvo un lapso freudiano en el ágora majadera de Twitter: «Hablemos de cómo mejorar el pacto con Ciudadanos. Repetir las elecciones es darle una segunda oportunidad a Rajoy».

¿Por qué la repetición de los comicios ha de ser una nueva oportunidad para Rajoy?¿Por qué no para él mismo?¿Considera que los votantes españoles, y las españolas, claro, tienen menos capacidad de discernimiento que esa troika impresionante (Luena, Hernando y él mismo), que rige los destinos del socialismo español? ¿Que son incapaces de distinguir la decencia intrínseca del PSOE (y de Podemos) de la indecencia del Partido Popular? Así, en primera lectura, parecería que no confía en que los resultados les sean favorables a él y a su partido.

Tengo ya explicado que la única opción no absolutamente descabellada sería la gran coalición, pero hay que descartarla por falta de voluntad de una de las partes. Hará sus consultas el Rey y Rajoy no tendrá razones para dar un paso al frente ni para hacer la llamada a Sánchez. El resto del PSOE y C’s son una piña en esto. La segunda opción menos mala es la vuelta a las urnas. Los candidatos de los dos partidos mayores de la democracia española compiten , no uno contra otro, sino contra ellos mismos.

Mariano Rajoy se considerará cumplido con mejorar sus resultados en un par de escaños. Exactamente igual que Pedro Sánchez, que no aspira a llegar a los resultados de su partido en el naufragio del zapaterismo. Le bastará con sacar 91. Ésta es la señal más acabada de la decadencia española, que puede presidir el Gobierno un imitador de Zapatero, pero aún con menos talento y sin gracia.

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Muchas cuerdas para Soria

Demasiadas firmas, demasiadas sociedades, demasiadas versiones de unos mismos hechos. Muchas cuerdas para un violín, habría titulado esta comedia de enredo Pietro Germi, en las que el ministro en funciones de Industria ha ido enredándose hasta ahorcarse con ellas.

Primero fue un error que le llevó a aparecer como administrador en una empresa offshore en la que debería figurar como tal su hermano. Luego resultó que la sociedad citada era propiedad de su padre y que el ministro aparecía como administrador entre 1991 y 1997, de lo que él, al parecer, se enteró en la misma mañana del martes. Al día siguiente pudimos comprobar que el extremo que él decía desconocer iba acreditado con su firma en el Registro del Reino Unido.

Para no haber tenido ningún vínculo con UK Lines Ltd, Soria tenía dos firmas de más. La primera, cuando fue nombrado secretario de la sociedad tras el fallecimiento de su padre, cosa natural si bien se mira. El fallecimiento de un padre, del propio, se entiende, es un trance definitivo que viene a ponerte en primera línea para el hecho biológico y no está uno para saber qué es lo que firma en semejante tesitura.

Luego, lo que pasa es que siete meses después vuelve a firmar el acta anual de la sociedad, y ese es mucho plazo de tiempo como para poder acogerlo también al despiste que produce el duelo. Para terminar de rematar la historia, el Soria en funciones también ha ocultado que en compañía de su hermano Luis fue administrador de la compañía Mechanical Trading Ltd., constituida en 1993 en la isla de Jersey, paraíso fiscal donde los haya.

El presidente evitó responder hasta en tres ocasiones las preguntas de los periodistas relativas a su ministro y si eso le pasa a un presidente cabe pensar en cuántas respuestas le faltarán al todavía ministro el lunes en que tiene anunciada su comparecencia para explicarse sobre el tema. Algo hacía pensar que la cosa no iba bien cuando el mismo lunes se hicieron públicas las primeras peticiones. El ministro se acogió a la cláusula de escaqueo que el partido del Gobierno invocó para que el presidente se negara a dar explicaciones a un Congreso que no le había elegido.

En una lógica elemental, parece que esa circunstancia debería ser una razón añadida para que el jefe del Ejecutivo diera más explicaciones, precisamente por carecer de legitimación previa por el Legislativo. Estamos hablando del presidente, que es el único cargo del Gobierno que se ha sometido a investidura, ese trámite en el que ha brillado con tanta donosura el joven Sánchez, suspendiendo en dos ocasiones.

Pero los ministros son nombrados por el presidente. Alguien debió de hacerle ver a Soria que se había acogido a un razonamiento cazurro y el ministro comparecerá para explicarse como pueda. Lo tendrá difícil. Tal como están las cosas, sería todo más fácil si presentara su dimisión cuanto antes, antes incluso de llegar al verdadero meollo de los papeles. Sólo por mentir. O por la desmemoria.

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