Ministro en comisión

EL MUNDO – 15/08/15

Líbrenme el Señor y la Virgen de Fátima de considerar al ministro del Interior como uno de mis ídolos terrenales o celestiales. Confieso que su verbosa y campanuda pomposidad me abruman, aunque ayer obrara en legítima defensa ante intervenciones (y aun actos previos) tan descabellados. Es cierto que el ministro pudo derivar al peticionario Rato hacia algún comisario para que se encargara de la seguridad de su familia. Pero debe tenerse en cuenta que un ex vicepresidente no es un ciudadano exactamente igual que otro cualquiera, aunque la Ley se le vaya a aplicar exactamente igual.

Por otra parte, Rato, como todos los imputados, mantiene íntegra su presunción de inocencia, no es un condenado. ¿Pudieron hablar de la situación procesal de Rato? Sí, pero la oposición no tiene prueba alguna de ello, por lo que la palabra del ministro tiene presunción de veracidad. Si Fernández tuviera más capacidad de síntesis podría haber hecho una gran intervención. Lástima.

El hecho presenta aspectos notables: la entrevista del ministro con el ex vicepresidente no se produjo el 22 de julio, como afirmó erróneamente este periódico, que fue el autor de la primicia, sino el 29, una semana después, con lo que perdía fuerza el vínculo que alguno de los portavoces pretendían con el SMS de Rajoy: «Sé fuerte, Rodrigo».

Hay otro inconveniente lógico: aquel cogote de Rato ominosa e innecesariamente empujado al coche policial por la mano de un agente para las cámaras. Si Rato era un chivo expiatorio del Gobierno, no podía ser al mismo tiempo cómplice, si bien se mira, y aun si se mira regular.

Los socialistas se superaron a sí mismos: después de pedir la comparecencia del ministro y horas antes de que se produjera, presentaron una querella ante el fiscal por tres delitos: prevaricación, omisión del deber de perseguir delitos y revelación de secretos. Antes de oír sus explicaciones.

«España no puede tener un ministro del Interior bajo sospecha», dijo ayer el portavoz socialista, qué gran alcalde de Llanes. Esa es la clave del encuentro del presidente González a las puertas de la cárcel de Guadalajara con su ministro del Interior en febrero de 2003, no bajo sospecha, sino bajo la certidumbre: una condena judicial a 10 años que el Tribunal Supremo le impuso por el secuestro de Segundo Marey. El presidente fue a la prisión para hacer evidente que él no pensaba omitir el deber de perseguir delitos y garantizarse que su ex ministro Pepe Barrionuevo quedaba bajo la custodia de Instituciones Penitenciarias, no para decir: «Sé fuerte, Pepe».

Los tres delitos de los que acusa el PSOE al ministro Fernández son improbables en cualquier Estado de Derecho. Como dijo Carlos Salvador, el mejor portavoz ayer, los tres delitos sólo podrían serlo en Minority Report o en el Código Penal de Cuba, dos casos de Justicia preventiva. La iniciativa está fatalmente condenada a desaguar, pero nadie asumirá la responsabilidad del disparate. ¿Y Sánchez, qué dice de esto? Está de vacaciones desde hace 17 días. ¡Qué tío!

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Insaculatio praecox

EL MUNDO 05/08/15

Artur Mas se coronó el lunes como el insaculatio praecox de la democracia española, dicho sea con perdón, después de haber interrumpido por segunda vez una legislatura. Esto no lo escribo para restarle méritos, sino, muy al contrario, para destacar que el president es un hombre muy celoso de su tiempo y trata de sacarle el máximo partido, en lugar de perderlo en prolegómenos.

También podría ser que Mas, el astut, se inspirase en la estrategia de la tortuga que nunca se dejaba alcanzar por Aquiles, el de los pies ligeros, gracias a la aporía de Zenón de Elea y a su truco de acortar las distancias. Esto me lo explicaron en Matemáticas para ilustrar el concepto de límite en el cálculo infinitesimal, aunque yo no sé si bastaría por sí mismo para considerar límite a este hombre.

La foto de Mas en el momento de firmar el decreto era un acto legal que escondía debajo la intención sediciosa. «Respetamos la forma legal, pero el fondo será diferente», dijo el portento, en una definición canónica del fraude de ley. Quizá en el momento de la firma, el president tenía en el recuerdo la imagen de su antecesor Companys en su proclama del 6 de octubre del 34 desde el balcón de aquella misma casa. La gesta duró 10 horas –qué grande el general Batet–, pero aquella farsa sólo puede ser vista hoy como tragedia por el fusilamiento de su protagonista ya en el franquismo y por la ridiculez intrínseca de esta secuela y sus protagonistas principales.

A lo largo de sus legislaturas interruptas, Mas ha conseguido romper una coalición que había gobernado Cataluña durante 28 años, ha fracturado a la sociedad, ha violentado la Constitución, ha desobedecido sentencias y ha dado pruebas de su incapacidad al perder apoyo electoral en cada nueva convocatoria y de su total ausencia de sentido del ridículo, camuflándose en el cuarto puesto de la lista, después de ¡Romeva, Forcadell y Casals! La tragedia de un hombre ridículo, tituló Bertolucci una película suya, casi olvidada injustamente. Desde hace años, al mirar a Mas se me aparece la cara se su protagonista, el gran Ugo Tognazzi. Si será inane que después de pactar con Zapatero la jubilación de Maragall y su sustitución por Montilla, también se dejó madrugar por éste la Generalitat.

Dicen Mas y los suyos que el 27-S comienza la desconexión. Otro error. La desconexión había empezado unos años antes en un proceso que también es doble. El exterior es su desconexión con la realidad. En su interior, la de sus neuronas entre sí. De ahora en adelante, y teniendo en cuenta la experiencia catalana, las convocatorias de elecciones autonómicas para elegir parlamentarios y en segunda derivada, gobernantes, deberían incorporar aquellas advertencias disuasorias que solían incluir los anuncios de ofertas de empleo en la prensa de antes: «Abstenerse medianías».

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Sócrates y Platón

Artur Mas, el increíble hombre menguante de Cataluña, se reunió ayer con la alcaldesa de Barcelona, una mujer enormemente expandida a partir de sus capacidades. La reunión fue un éxito para las partes. Colau anunció su apoyo anfitrión a la manifestación del 11-S y su «absoluta lealtad institucional» a Artur Mas. En justa correspondencia, el presidente reconoció la deuda que la Generalidad tiene hacia el Ayuntamiento barcelonés, 20 millones por la Ley de Barrios, que han de sumarse a los 35 que ya había reconocido anteriormente.

Reconocer no es pagar, ojo. Por otra parte, el arte de pedir se está sustanciando en la técnica del endoso. El Ayuntamiento de Barcelona pide a la Generalidad como la Generalidad pide al Gobierno de la Nación. A esto se le llama «deuda histórica», un fenómeno extravagante según el cual, España es deudora (histórica) de todas sus autonomías. Y esto es así en un país en que los reclamantes consideran que España no es otra cosa que la yuxtaposición confederal de sus partes. Todas las autonomías de España son acreedoras de una instancia que es pura entelequia.

Cuando Maragall empezó con estas tonterías en el momento estelar de Zapatero, uno creyó que no llegaría muy lejos, que el relativismo de las palabras no podía aplicarse a los números y la suma de las partes de un todo no puede superar el cien por cien. Pero esto ya no es así desde que el becario Errejón redefinió la suma de los números enteros en una impresionante tribuna de El País, al establecer que la suma cero era una operación en la que todas las partes perderían.

Aquí llegamos a la clave del entendimiento entre Mas y Ada Colau. La hipotecada que jamás tuvo hipoteca es una criatura del hereu de Jordi Pujol. «Desobedeceremos las leyes que nos parezcan injustas», dijo en una aplicación rigurosa de las enseñanzas del maestro. Todo Sócrates alimenta intelectualmente a su Platón. Pónganse en lo peor cuando a la platona Colau le suceda su Aristóteles.

Además, ambos tienen a Rajoy, el verdadero responsable de que España tenga una deuda histórica con Cataluña y de que Cataluña tenga otra con Barcelona. Esto sucedía el mismo día en que este diario daba noticia de que Cristóbal Montoro, esa suegra consentidora, va a aflojar a Mas-Colell 17.225 millones en concepto de financiación, 1.861,8 millones más que en 2015, la comunidad que más crece con un 12,12%. El Gobierno debe de considerar que esta munificencia suya reduce al absurdo la desazón nacionalista. Tal vez sea, al contrario, una demostración práctica de que quien no llora, no mama y la cosa tenga sus epígonos.

La platona Colau aplaudía a su síntesis de Sócrates y American Dad: lo único preocupante «es que el PP insista en plantear el ejercicio de la democracia como una cuestión de orden público», una frase como para alimentar a un congreso de psicoanalistas lacanianos. El problema es que estos tipos sigan ensayando un golpe de Estado como si fuera el ejercicio de la democracia.

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Apurar tiempos

Una de las leyendas urbanas que más ha contribuido a extender el PP es la de la habilidad del presidente del partido y del Gobierno en el manejo de los tiempos políticos. Ésta es una cualidad que a los presidentes del Gobierno se les supone, como se suponía antiguamente la del valor de los soldados, antes de que Aznar declarase el fin de la mili obligatoria. También lo cantaban los socialistas de Zapatero hasta mayo de 2010.

Sin embargo, el manejo de los tiempos le lleva al presidente a apurar mucho los límites en su toma de decisiones. Un suponer, al decidir que el candidato del PP a las elecciones catalanas va a ser Gª Albiol y no la hasta ayer presidenta del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, justo 60 días antes de la cita con las urnas. No es la primera vez que apura mucho el calendario como si temiera designar a un candidato, ya pasó con Cifuentes, como si su conocimiento por los electores le fuera a indisponer con su voluntad votante. Como si fuera mejor que no les conociesen.

Las encuestas habían desahuciado a Sánchez-Camacho y el presidente ha optado por un alcalde que obtuvo excelentes resultados el 24 de mayo, aunque no como para mantener la Alcaldía de la que le desalojó una alianza de cuatro partidos, encabezada por Badalona en Comú, que había obtenido la mitad de concejales que el PP. Algo así le pasó a Javier Maroto, alcalde de Vitoria desalojado por la coalición de los perdedores y la complicidad del PSE. Se conoce que su peluquera (de Bildu) carecía de mando en plaza en el grupo municipal de los suyos. Maroto perdió la Alcaldía, pero se vio aupado a la Ejecutiva popular.

Los ayuntamientos son en la política española el equivalente a la Escuela Nacional de la Administración francesa (ÉNA) para la formación de los altos cuadros gobernantes. Ahí está Zapatero y su fascinación con Tomás Gómez, que había obtenido el 75% y el 74% de los votos en las municipales de 2003 y 2007. Luego pasó lo que pasó, no entremos en detalles.

García Albiol y Maroto están emparentados por algo más, quizá la clave de sus respectivos éxitos. Ambos fueron enérgicos con los inmigrantes (el primero, en general, el segundo con los que percibían fraudulentamente la renta de garantía de ingresos). Esto tiene su tirón electoral, aunque el resto de los partidos no ha perdido ocasión de reprochárselo. ¿Justamente? Sólo si sus propios candidatos no hubiesen incurrido. Un suponer, el PNV ha recriminado mucho a Maroto, pero volvió a presentar como candidato a la Alcaldía de Sestao a Josu Bergara, que en su primer mandato había prometido echar del municipio a los gitanos, según la denuncia de SOS Racismo: «Gitanos buenos hay muy pocos (…) la mierda ya no viene a Sestao. (…) Ya me encargo yo de que se vayan, a base de hostias, claro» porque «la mierda no la quiere nadie». Nada de lo que dijeron Albiol y Maroto llega, ni de lejos, a extremos semejantes, pero hace ya tiempo que las varas de medir son muy caprichosas en España, dicho sea con perdón.

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El rayo que no ceja

En el caso de la operación Púnica (romanos contra cartaginesas), en el que la subvención de masajes con final feliz constituía una de las formas de ganarse la voluntad de los alcaldes adjudicadores, la respuesta sería: porque pagan los adjudicatarios.

Esto de ir de putas por cuenta de terceros parece algo estrambótico, y de hecho lo es, pero goza de alguna tradición. En el Ayuntamiento de Baena hubo personal próximo al alcalde que armó una trama de facturas falsas para subvenir las excursiones de los beneficiarios a un templo del amor venal de Marbella, llamado Milady Palace.

En las conversaciones que la Guardia Civil grabó por orden judicial, el alcalde se mostraba mosqueado ante el asunto y su secretario se explicaba: «Compréndalo, jefe, a mí me da apuro gastarme dinero mío en estas cosas». O sea, que todo putero disfruta más si es gratis. No era el único pago en especie. «Tío, que me voy de vacaciones, prepárame pasta», le decía el ex diputado Moreno a Marjaliza.

El juez Velasco considera que la trama viene operando desde hace unos cuantos años en varias comunidades autónomas; que es muy compleja y que el personaje clave, David Marjaliza, controlaba un complejo empresarial amplio y ficticio para mejor camuflar la titularidad real de los bienes, estando la principal sociedad patrimonial a nombre de una empleada suya; que el tal Marjaliza tenía 33,5 millones a nombre de terceros, y que llegó a estar autorizado en 2008 a operar en 419 cuentas. Su socio y amigo, el ex secretario general del PP madrileño y hoy recluso, Francisco Granados, sólo llegó a estar autorizado en un máximo de 53, un piernas, si bien se fijan.

Son muchos los indicios que maneja el juez por mucho que, faltaría más, los imputados gocen de toda la presunción de inocencia y aunque el instructor se deje llevar a veces por expresiones como «resulta verosímil que (el zulo) estuviera pensado para ocultar parte de su patrimonio». Pero lo realmente descorazonador es que la trama operó hasta fechas tan recientes como para haber contribuido a financiar, según la Guardia Civil, la reciente campaña electoral del PP en Valencia.

Es asombroso. Con la que está cayendo –escribiría si fuera tertuliano– y aún hay gente en los partidos que debe de considerarse ungida para la impunidad y sigue a lo suyo, sin perder el ritmo ni el compás. Uno no puede adivinar cómo podría ponerse fin a esta gangrena democrática, ya está escrito: la corrupción son los otros, que diría aproximadamente Jean Paul Sartre.

Por eso a uno le parece que la petición de Sánchez para que comparezca Rajoy en el Congreso a dar explicaciones sobre la trama está bien, pero sería mejor predicar con el ejemplo: que él mismo comparezca para explicar lo de los ERE y la formación, y los de la extinta CiU y el PNV, y por ahí seguido hasta la beca de Errejón. Una catarsis nacional, cuánta hermosura. No lo verán sus ojos.

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Otra vez el cartero

EL MUNDO, 24-07-15

La expresión más acabada de su decadencia es su camuflaje en un discreto cuarto puesto, con el fin de no seguir perdiendo votos. ¿Cómo extrañarse de que el lumbreras que la encabeza se haya descubierto aspiraciones? Raül Romeva escribió a la Comisión Europea para denunciar el pisotón de Pepe a Messi. Romeva piensa que el primero tiene más méritos que el cuarto y que ya veremos quién es el próximo honorable. Que gane el mejor.

Entre tanto, Mas llamaba «ignorante» a Albert Rivera y «hooligan» a la presidenta del PPC el miércoles. Como dirían en mi pueblo, mutatis mutandis: ¿a quién se atreverá a llamar «puta» la Zapatones? Aquel día, Mas afirmó que la corrupción en Cataluña era cosa del pasado, de un tal Pujol, al parecer. No habían pasado 24 horas cuando la Guardia Civil detenía a tres miembros de la familia Sumarroca: Jordi, hijo del patriarca Carles, que ayudó a Jordi Pujol a fundar Convergència, a su tío Joaquim y a su prima Susana, así como al alcalde de Torredembarra y a un empresario de menor cuantía. El tal Pujol y Artur Mas estaban hermanados por unos padres con querencias suizas: «L’avi Florenci em parlava de bon matí al portal…».

Mas no ha sido sólo el hereu del viejo Pujol, sino también su colaborador más estrecho en la época dorada de las mordidas, en puestos característicos y relevantes: conseller de Política Territorial y Obras Públicas, conseller de Economía y Finanzas y conseller en cap, no diré más.

Está muy bien que ayer, en el acto de Barcelona, el presidente del CGPJ dijese a los nuevos jueces que «no hay democracia sin el respeto a la ley» y que el jefe del Estado explicase que el cumplimiento de la ley no es una alternativa, pero no sé si la administración gestual de Felipe VI y su mohín de disgusto cuando posa junto a Mas es una respuesta proporcional del Estado a la insubordinación golpista que encabeza aquel tipo bajito y mal educado.

Bueno, pues incluso Artur Mas y los Pujol son capaces de crear escuela, y la alcaldesa de Barcelona se ha revelado como una alumna aplicada en su predisposición a saltarse la ley y en la querencia familiar, al contratar el mes pasado a su novio, Adrià Alemany, como asesor del Ayuntamiento a través de Barcelona en Comú. Su número dos, un tal Gerardo Pisarello, que había hecho lo propio con su novia como asesora de Vivienda, anunció ayer que retiraba el busto del Rey Juan Carlos del Consistorio y que ya verán si colocan uno de Felipe VI. También la Cataluña alternativa está compuesta por familias que rezan unidas. Yo creo que lo que debían poner en el Salón de Plenos es la estatua de Jordi Pujol i Soley que alguien arrancó de su pedestal en Premià de Dalt. Es la representación más propia de la Cataluña oficial.

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Carmena y sus mandantes

EL MUNDO, 22/07/15

Uno, ya lo tiene escrito, se ha convertido en un encendido partidario de la web Madrid V.O. con la que el Ayuntamiento va a reforzar la verdad canónica sobre los hechos. No sobre las opiniones, ojo, según la propia web hace unos días: «Se trata de una web (…) que no está abierta a opinión ni es un espacio de debate». Uno oyó de labios de la alcaldesa que «hemos hecho esta web para dar nuestra versión, nuestras opiniones» y así lo destacó. Ahora, rizando el rizo, la web se autocorrige y donde antes decía que no estaba abierta a opinión, ahora dice que «no está abierta a comentarios ni es un espacio de debate».

A mí, ya digo, me pone que el Ayuntamiento de la capital quiera proporcionarnos nuestro minuto de gloria a los periodistas si escribimos cosas que no les gustan o no entendemos lo que dicen en sus innumerables soportes de comunicación: Boletín Oficial del Ayuntamiento de Madrid, página web, (el Ayuntamiento ya tiene una desde antiguo, http://www.madrid.es), declaraciones de la alcaldesa y de su socio de Gobierno, notas de prensa, comparecencias de la portavoz, tuiters de los citados y de cualquier concejal, así como de los partidos que sostienen el invento.

La alcaldesa y su sostén socialdemócrata no terminan de aclararse. La primera le explica en larga negociación que va a hacer modificaciones; Carmona se jacta de tener una alcaldesa capaz de corregir y hacer modificaciones y Carmena explica después en Twitter que «tal como anunciamos el viernes V.O. no cambia, pero está abierta a revisión y mejora». V.O. se encargará de establecer jurisprudencia o de contradecirse, según.

No puedo compartir el juicio de mi querido Jorge M. Reverte, de que Madrid tiene una de las mejores alcaldesas posibles, opinión que sustenta (o matiza) porque aún tiene que aprender el oficio. Uno, sin ser Clinton, comprende y admira la función de los becarios (y las becarias), pero a los puestos de responsabilidad preferiría que ya llegaran aprendidos. Me parece excelente que en esta fechas se llenen las redacciones de jóvenes recién egresados de las facultades de Periodismo y de los másteres, pero deploraría que se les encargaran los editoriales el primer día, aunque a veces pueda parecer el know how diario de nuestra prensa.

Con el tiempo se acuñará la locución «pintas menos que Carmona (o Carmena) en Cibeles», un madrileñismo que hará fortuna y desterrará casticismos anteriores: pintar menos que Maximino en Haro o que Chapachorra en Pamplona, que son más sonoros pero menos inteligibles.

La cuestión no es qué quieren decir las palabras con que se expresa la partisana (así se autodefine la portavoz en su cuenta de Twitter, se lo juro), ni si la alcaldesa tiene una posición más alta en el organigrama que su portavoz. La cuestión es, como diría Humpty Dumpty en Al otro lado del espejo, quién manda aquí. Y eso parece que cada vez va estando más claro. Es Rita, la partisana: «O partigiana, portami via,/ o bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!/ O partigiana, portami via,/ ché mi sento di morir».

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