A la tercera tampoco

Casi al final de su vida, Max Weber impartió dos magistrales conferencias en la Universidad de Múnich (1918-1919) que, andando el tiempo, se publicarían en un solo volumen titulado El político y el científico. Quién le iba a decir al hombre que, casi un siglo después, el arquetipo del político iba a ser Pedro Sánchez y la encarnación del científico, Chúpame la minga, Dominga, que vengo de Francia, a quien sus conmilitones consideran el Stephen Hawking de Podemos.

Es el nivel. Sánchez se ha negado tres veces a atender las llamadas del presidente (en funciones), asunto insólito en cualquier democracia europea. Primero por no haber fecha para la investidura y, después, porque quiere ver el acuerdo al que ha llegado con Rivera. Mañana se verá con Rajoy para decir que no a las 150 medidas que en marzo eran la clave de la reforma. Rajoy, por su parte, admite ahora encantado medidas que en marzo le parecían inasumibles.

Luego está lo de Rivera, que tiene mucho mérito; nunca tantos ponderamos a nadie por tan poco. Ha comprometido unos votos que no serán suficientes para la investidura, aunque las contradicciones son notables. Celebré mucho que C’s propusiera y el PP aceptara devolver el poder judicial a los jueces, secuestrado por los partidos desde la primera legislatura de Felipe (Ley Orgánica del Poder Judicial, 6/1985 de 1 de julio). El PP prometió cambiarla hace cinco años, pero una mayoría absoluta de 186 escaños no fue suficiente para cumplir éste ni otros aspectos de su programa. Lástima que esa propuesta por la independencia de los jueces sea incompatible con la exigencia de una comisión de investigación del asunto Bárcenas, un juicio paralelo a la inminente vista judicial del caso.

Tampoco acabo de entender tanto esfuerzo programático para la investidura, que no se va a poder consumar, para pasar acto seguido a la oposición. Me llamó mucho la atención la carta a Sánchez en la que un Rivera ya negociador proponía a esta criatura un pacto de oposición, por más que el joven Sánchez tenga como programa una letra antañona de Michel Polnareff: «C’est une poupée qui fait non, non, non, non./ Toute la journée elle fait non, non, non, non», y todo en este plan. Rivera es una condición necesaria, pero no suficiente. Sin su acuerdo era imposible. Con su acuerdo, también, aunque descargará la responsabilidad del bloqueo sobre Pedro Sánchez. Ya sabíamos que el veraneante quería ganar La Moncloa para conservar Ferrazral y ahora quiere las terceras, para mejorar su posición con votos de Podemos Podemos. No se da cuenta de que los votos de ambos son vasos comunicantes imperfectos. Podemos e IU ya habían perdido votos en junio, pero no los ganó el PSOE. Puede volver a pasar.

Rajoy y Rivera han alcanzado 170 escaños, que les permitirían formar Gobierno, justo lo que C’s no quiere, pero no les van a permitir investir a Rajoy, que es a lo que sí parece dispuesto. Salvar a España de las terceras elecciones depende de los socialistas, de un puñado de diputados justos que se resistan al envilecimiento colectivo (improbable) y se vayan a aliviar la próstata en la segunda votación. Mientras, mañana asistiremos a la consolidación del truqui que puso en marcha Sánchez para tener la primera sesión para él solo. El efímero López articuló la martingala, rompiendo el protocolo de las 11 legislaturas precedentes. El PP protestó en marzo y va a copiar a Sánchez ahora, lo que se me antoja una marca del nivel que han alcanzado las cosas. Para eso no hacía falta Ana Pastor. Había bastado Patxi López.

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Bastó la Junta Electoral

El Mundo, 25-8-16

El secretario general de Sortu se venía arriba el 6 de agosto por la declaración de inelegible que pendía sobre su cabeza: «No habrá ni tribunal, ni Estado, ni Guardia Civil, ni Ejército que vayan a impedir que concurra como candidato a los comicios».

Días más tarde se produjo la portentosa intervención de Meritxell, oh, mi Meritxell, para afirmar que el presunto candidato había cumplido «con sus obligaciones desde el punto de vista jurídico». Menos mal que lo suyo era el Derecho, no Peritaje Mercantil. Arnaldo rebajaba el tono: «Seguiré haciendo campaña, diga lo que diga el Tribunal Constitucional». Es otro concepto, Arnaldo. Desde que saliste de la cárcel, nadie podría impedir que participes en mítines, hagas buzoneo, entrevistas o pegues carteles. Lo que no podrás es figurar en ninguna lista, ni pedir el voto para ti, porque tienes la doble inhabilitación (para cargo público y sufragio pasivo) que tus abogados no recurrieron.

Magna cobertura de ETB, entrevista a Otegi en Teleberri y tertulia en el magazine de la tarde. Mención aparte merece la oscura posición del PSE, cuya secretaria general declaraba en marzo: «Se abre un eje muy interesante de políticas de izquierdas entre EH Bildu, Podemos y el PSE que puede traer muchos beneficios a este país». Ayer aceptaba la decisión de la Junta Electoral de Guipúzcoa.

Entre medio, el PSE decidió no impugnar la candidatura de Otegi, como el PP, UPyD y Ciudadanos, para no echar gasolina «a la campaña de la izquierda abertzale». Una posición que goza de mucho predicamento entre el progresismo español en general y el vasco en particular, una creencia no avalada por los hechos, en que la posición más inteligente en relación con el terrorismo y sus cómplices es la relativización de la ley, porque su aplicación favorecería su victimismo y sus intereses. Llama la atención que los socialistas quieran a Otegi dentro del juego político y a Rajoy fuera. Idoia no puede recordarlo, pero sus compañeros del Parlamento vasco no recibieron ni una palabra de Otegi al día siguiente del asesinato por ETA del portavoz Fernando Buesa.

¿Recuerdan ustedes cuando un auto del entonces juez Garzón envió a la cárcel a toda la Mesa Nacional de HB? En 1997 fueron detenidos los 23 integrantes de la Mesa Nacional, condenados a siete años de cárcel por el Tribunal Supremo. No hizo falta la Guardia Civil, ni el Ejército, como decía Otegi. Bastó la secretaria del juzgado de la Audiencia Nacional, María Mariscal de Gante, que subió las escaleras de la sede que HB tenía en la calle Astarloa de Bilbao, con traje de sastre gris, creo, zapatos de tacón y una carpeta con un auto y un sello. Tocó el timbre y allí fueron bajando uno a uno y mansurrones los mahaikides para entrar en furgones de la Ertzaintza, no de la Guardia Civil. HB convocó una huelga general que se saldó con un rotundo fracaso, mientras Otegi ascendía a la Mesa Nacional. Lo único que les aplaca es la ley. La vida, que es un frenesí.

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Un fiscal liante

El Mundo, 15-8-16

El fiscal superior del País Vasco, Juan Calparsoro, es un hombre singular a partir de dos características: la primera es una pertinaz vocación por meterse donde no le llaman. La segunda le viene de una afición por el micrófono que guarda paralelismo con la del tonto por la tiza. Mal comparado y sin ánimo de molestar. Cuando Inés del Río Prada fue la primera beneficiaria de la reinterpretación que el Tribunal de Estrasburgo hizo de la doctrina Parot, Calparsoro demostró que incluso las cabezas más dotadas del Derecho pueden llegar a obnubilarse y confundir el cumplimiento de una pena con la gracia santificante que los creyentes hallan mediante el sacramento de la penitencia. Declaró que Inés había sido una asesina, pero ya no, porque había cumplido su condena.

Ahora ha venido a terciar en la inhabilitación especial que pesa sobre Otegi y le declara inelegible hasta 2021. La defensa alega el precedente de Iker Casanova cuya inhabilitación se quedó en nada por no especificarse en la sentencia para qué cargo público se le inhabilitaba. Uno, lego en Derecho penal, pero no en sentido común tiende a entender que «inhabilitación para cargo público» significa «para todo cargo público». Carece en absoluto de lógica que la falta de concreción quiera decir «para ningún». Pero la Audiencia Nacional rechazó el recurso de Otegi por protección a cosa juzgada: la resolución es firme y consentida en varios autos que así lo establecen y que no fueron recurridos por la defensa del dirigente batasuno.

La cuestión es que el fiscal Calparsoro ha vuelto a desautorizar el criterio de la Fiscalía de la A. N. en cuanto le han puesto un micrófono delante. ¿Qué se hizo de los criterios de dependencia jerárquica y unidad de actuación que recoge el artículo 124.2 de la Constitución? Misterio. Pero es que, además, el TSJ y su fiscal superior son perfectamente incompetentes en el caso Otegi. El frondoso jardín en el que se ha metido Calparsoro va a ser empleado por Bildu para exaltarlo a la gloria jurídica y explotar el propio victimismo. Esta polémica, por otra parte, es un tanto banal. Las encuestas sitúan a EH Bildu en horas bajas, no sólo por detrás del PNV, como es tradición, sino también detrás de Podemos, una marca que sigue en horas bajas en toda España desde el 26-J y cuya candidata a lehendakari no sabe si es independentista o no, como aquel personaje buñueliano: «Yo quiero ser artista, pero todavía no sé si quiero ser cinemática o me interesa más ser cabaretófila». Dicho sea con todos los respetos a Pili Zabala, una de las pocas personas que ha superado una prueba difícil en Euskadi: ser hermana de un terrorista torturado y asesinado por servidores del Estado y no albergar simpatía alguna por la banda.

He contado alguna vez que me sorprendió mucho una encuesta de ETB que declaraba a Otegi personaje más sexy del año. Para gustos están los colores, pensé, mientras imaginaba qué podían encontrar de atractivo en él las votantas y quizá los votantes: su flequillo entresacado o quizá sus ojillos maliciosos y crueles. Su atractivo estaba en lo que él mismo llamó «la disuasión armada», la banda terrorista. El terrorismo ha sido durante medio siglo una misa negra en la que los fieles comulgaban bajo la especie de la sangre de las víctimas. Desde que ETA renunció a la actividad terrorista toda liturgia amenaza irrelevancia. Eros pierde mucho si no va acompañado de Tánatos. «Piensa en la muerte», aconsejaba Resines en una película de Trueba para retrasar el orgasmo. Sin la muerte, la izquierda abertzale es puro gatillazo.

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Una ciaboga aparatosa

El Mundo, 12-8-16

Arrepentidos los quiere el Señor, mi admirado Albert Rivera; no sabe cómo celebro su cambio de posición respecto a la investidura. Ha empezado a hacer lo que estaba en su mano, usar una llave que sólo tiene alguna eficacia en el caso de votar sí; su abstención era irrelevante. El sí, en cambio, le saca del atolladero y le permite obtener más partido de sus 32 de lo que puede hacer pensar su cuantía.

Pero tampoco me parece que sus seis condiciones sean los misterios gozosos del rosario. O sea, que aplaudo su esfuerzo, y comprendo que su ciaboga haya tenido que ser aparatosa, pero deberá comprender que no me fascine. No se me alcanza, mi querido Albert, qué relación puede haber entre la reforma de la ley electoral y la lucha contra la corrupción. Uno entendió que la noche del 26-J se mostrara usted mohíno, al dar cuenta de unos resultados tan poco satisfactorios. Es evidente que nuestro sistema electoral obliga a partidos como el suyo a sacar más votos para cada escaño que a los dos grandes o a los nacionalistas. Pero la ley electoral era la misma cuando sacaron ustedes 400.000 votos y ocho escaños más hace ocho meses; luego no debe ser ésa la causa de la pérdida.

Le confieso que yo también soy partidario del cambio, aunque lo preferiría a la francesa: mayoritario y a doble vuelta, con el fin de que los ciudadanos (en general, no los afiliados a C’s) interpreten por sí mismos el sentido de su voto en la segunda vuelta. Tratar de inocular más proporcionalidad al sistema sería aumentar la inestabilidad que ahora mismo padecemos. Eso sin contar con que propone usted algo abiertamente contradictorio: listas abiertas y más proporcionalidad. O lo uno o lo otro, mi joven amigo. Nosotros ya tenemos listas abiertas para el Senado, o sea, mayoritarias. En las dos últimas legislativas le dieron al PP mayoría absoluta (124 y 130 senadores). Su partido no mojó en ninguna de las dos: cero escaños.

Exige la primera de sus condiciones: «Separación inmediata de cualquier cargo público imputado (investigado) por corrupción». En el programa PSOE-C’s era menos exigente: «Proceder al cese de altos cargos a los que se les abra juicio oral por algún delito doloso», exactamente lo mismo que prescribe el programa electoral del PP bajo el epígrafe Regenerar la política, combatir la corrupción (página 134, medidas 2 y 3). Quizá a usted le parece que el PP es menos fiable que el PSOE al que apoyan en Andalucía, pero ésa es una impresión precipitada. La última vez que la Fiscalía General publicó las estadísticas fue en 2009, en tiempos del Cándido Conde de Pompidou, le salían 264 causas de corrupción al PSOE y 200 al PP.

La creación de una comisión en el Congreso sobre el caso Bárcenas es otra ocurrencia. Debería comprender, mi joven amigo, que la investigación parlamentaria de un asunto que va a ser juzgado por jueces profesionales este mismo otoño, sería un contradiós, un juicio paralelo, una agresión del Poder Legislativo al Judicial, cuya independencia, tan magreada desde la Ley del Poder Judicial (enero de 1985) es necesario rescatar, y más después de la incumplida promesa electoral del PP en 2011.

Supongo que la Ejecutiva popular dará el visto bueno a su proclama, mientras la espera sirve para macerar a Sánchez. Salvo que el presidente del PP no se sienta capaz de tomar una decisión sin oír la opinión de Maroto, que todo podría ser. Tengo escrito muy recientemente que el adanismo tiende a descubrir mediterráneos y a deconstruir la sopa de ajo, lo cual es razonable en un partido de origen catalán, pero me atrevería a pedirle que se venga arriba y se pida la vicepresidencia del Gobierno, que supere esa condición de actor secundario que apoya desde fuera al protagonista, como en Andalucía, Madrid y La Rioja.

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La política en el tocador

El Mundo, 8-8-16

El portavoz socialista, Antonio Hernando, cortó por lo sano el debate que proponía Zapatero para virar hacia la abstención, poner fin al bloqueo y propiciar la investidura de Rajoy. «Al PSOE nadie lo va a quebrar». En eso tiene razón: hay tareas que no se pueden externalizar, ellos se bastan y se sobran para quebrar el partido que más tiempo ha gobernado la democracia española.

Hagamos cuentas: han pedido la reflexión sobre el tema los dos socialistas que han presidido el Gobierno durante seis legislaturas, los cuatro secretarios generales que el PSOE ha tenido en los 40 años que van desde 1974 hasta 2014, varios exministros, otros tantos barones territoriales, un míster Pesc y toda la pesca. Uno comprende que todo eso es muy poco frente a la autoridad política del joven Sánchez y su guardia de corps: el gran Luena, Antonio Hernando, Óscar López y Meritxell, oh mi Meritxell, cuya posición es la que a uno le resulta más incomprensible: después de todo, facilitar el acceso de Rajoy a La Moncloa es menos comprometido en el plano personal que tener al PP 11 años en el propio dormitorio, pero en esto todo es cuestión de gustos.

Si los lectores recuerdan el tiempo en que Zapatero se empeñó en su fatal error de aprobar en el Congreso «la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña», de lo que después se arrepentiría, recordarán que el PSOE en su conjunto no estaba por la labor. Se dijo entonces que Alfonso Guerra y 40 diputados insumisos se plantarían en el debate, pero no hubo tal.

No los habrá tampoco ahora, por más que Pedro Sánchez sea una muestra gratuita y sin valor, comparado con Zapatero. Sus medianías no admiten medianeras ni mediaciones y el PSOE actual reproduce la crisis de la Roma republicana, aunque con una diferencia básica: el César y los suyos carecen de talento y todos los demás de decisión. Uno no acierta a ver en el Comité Federal a ningún barón con los huevos de Bruto y Casio, en plan incruento, naturalmente. Las dos únicas virtudes políticas que se le pueden imputar al secretario general son su carácter correoso y una ambición que está varios peldaños por encima de sus capacidades políticas.

Ha acertado en una cuestión fundamental: le ha cogido la medida a su partido y sabe que no tiene recursos para oponerse a esta cuadrilla desaprensiva e indocumentada que se ha hecho con el poder del aparato. Los viejos legionarios están cansados y en su mayoría han ido del corazón a los asuntos, de la fe de antaño a los negocios. Dice el periodista Rivasés en Tiempo que Felipe González se daría de baja como afiliado si el joven Sánchez pactara un Gobierno con Unidos Podemos. Habría que verlo, aunque en cualquier caso, la heroica coalición necesitaría la cooperación de los secesionistas catalanes y el traspaso de la línea roja que le había trazado el Comité Federal.

Al fondo tenemos la amenaza de las terceras elecciones, una desgracia de cuyos efectos económicos tardaríamos años en recuperarnos. De materializarse el Gobierno de progreso, la crisis se hará decadencia y tendremos para décadas. Rivera debería pensar que pactar los Presupuestos y el techo de gasto con un señor al que se niega como gobernante es empezar la casa por el tejado y que su voto afirmativo sería un factor definitivo para propiciar la abstención homeopática del PSOE que tanto dice desear, y por tanto para el desbloqueo. Se lo decía el divino marqués a sus paisanos en La filosofía en el tocador: «Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos».

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‘I vitelloni’

El Mundo, 1-8-16

Apenas se había difundido la confidencia que Pablo Iglesias hizo a su colega Monedero sobre los sueños que le provocaba la periodista Montero –«la azotaría hasta que sangrase»–, cuando el ingenio de Twitter le acuñó tres motes en menos de 24 horas, a saber: «el zote del azote», «Pablo Iglesias, Varón Dando» y «el macho alfalfa». Ya había advertido el general Perón en una de las pocas frases felices que uno le recuerda, que «de todas partes de regresa, menos del ridículo». Y de la indignidad, habría que añadir.

Hay que añadir a ello las crisis que su formación ha padecido en todas las comunidades autónomas y su fracaso en el intento de sobrepasar a un Partido Socialista en el momento más bajo de su historia, con el secretario general más mediocre que haya tenido nunca.

La incomprendida moralidad de Echenique al pagar en negro a su asistente, sólo defendida por Iglesias y el bloguero Sans Foy –«Yo estoy aquí para cambiar las leyes, no para cumplirlas»–, y las estafas del niño de la beca a la Universidad de Málaga y la de Juan Carlos Monedero a la Complutense, sancionadas ambas con inhabilitación y suspensión de empleo y sueldo par seis meses, respectivamente. Hay sin embargo en Iglesias una capacidad de percibir los hechos más realista que la que opera en los otros dos líderes que compiten con él por hacerse con el trofeo que se subasta en las elecciones repetidas, la cabeza de Rajoy.

El presidente del PP ha aceptado el encargo del Rey y debe presentarse a la investidura. El discutido artículo 99 así lo indica, aunque no le fija plazo para ello. Naturalmente, tampoco prohíbe taxativamente que desista, pero en tal caso no parece que habría otra oportunidad para él en buena lógica. Otro asunto es el absurdo empecinamiento de los postulantes, el joven Sánchez y Riverita, que se van a reunir con el candidato más cualificado (y más votado) mañana y pasado para lo mismo que Pablo Iglesias no se reúne, para decir que no. Rivera quiere que sea Pedro quien facilite la investidura mediante su abstención, pero si de verdad quiere que el PSOE se abstenga, él solo podría facilitarlo con su voto afirmativo. Rivera no concibe la posibilidad de negociar con Rajoy y se considera ungido para decir a otro partido político quién debe o no encabezarlo para formar Gobierno. Los afiliados al PP no cuestionan en absoluto a su presidente y este apoyo es aún más explícito entre sus votantes, que han aumentado mientras los suyos disminuían. Ya parecía una rareza que C’s quisiera imponer a otro partido la elección de sus candidatos mediante un proceso de primarias, pero es decididamente extravagante que las primarias del PP quiera celebrarlas él en la cúpula de Ciudadanos. Y que ni siquiera esté dispuesto a hablar sobre la propuesta que al parecer quería hacerle Mariano Rajoy.

Su socio de la legislatura pasada sigue emperrado en el no y lo único que explica su actitud es que el fracaso de Rajoy le lleve a una investidura con el voto favorable de Posemos, pero sin contrapartidas, como ellos les regalaron tanto alcalde. A ello habría que añadir una abstención, por supuesto técnica, de los 32 escaños ciudadanos para poder defender su secretaría general parapetado en La Moncloa, que es de lo que siempre se trataba. Uno cree o creía en la necesidad de un partido socialista, pero no es esto, no es esto. Este chico no vale, lo dicen sus compañeros, lo cantan los votantes en las encuestas, pero no hay nada que hacer cuando se ha entregado el mando a los incapaces y no hay nadie con decisión y arrojo para hacer del PSOE una alternativa real de Gobierno.

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El parvulario

El Mundo, 25-7-16

Así las cosas, en el parvulario del Congreso las cosas siguen como estaban, salvo que el lento proceso digestivo con que Pablo Iglesias afronta los resultados del 26-J lo convierten en campeón de la prudencia, por comparación con sus competidores directos: Pedro y Albert. En todo caso, da la impresión de que los únicos que de verdad parecen haber aprendido algo en las elecciones repetidas de los seis meses anteriores han sido los votantes.

Los gestos y mohines de Pedro están resultando francamente llamativos. Él sigue en el no. No a las terceras y no a Rajoy, soplar y sorber, salvo que de verdad piense urdir algo con el silente Pablo. Mientras, ¿recuerdan ustedes los tiempos de don Mariano en plasma? Pues ahora el joven Sánchez sólo se expresa mediante su ectoplasma, que es Luena. ¿Para qué necesita los consejos de Felipe González, de algunos barones, o de los seis ex ministros socialistas que en compañía de otros notables le animaban el miércoles pasado a facilitar la formación de un Gobierno?

Él ya tiene a Luena para explicarle y decir que no pueden facilitar la formación de un Gobierno del PP porque son la alternativa al PP, no los socios del PP. No parece que piense lo mismo la socialdemocracia alemana respecto a su relación con Merkel. Ni los compañeros franceses cuando tuvieron que apoyar en una segunda vuelta a Chirac para impedir el paso a Le Pen padre. Pero es que luego hay otra cosa más chusca. Meritxell, oh, mi Meritxell, tan desenvuelta como sus jefes, ya ha registrado en el Congreso las primeras iniciativas parlamentarias para demostrar a Posemos que la verdadera oposición son ellos. Son de carácter derogatorio, sobre la Lomce, la reforma laboral y la Ley de Seguridad Ciudadana. No han caído en la cuenta de que para constituirse en oposición tendrían, tendríamos todos, que tener primero un Gobierno.

Decía que Felipe ya no pinta gran cosa en este partido socialista. El joven Sánchez parece creer que quien quiera opinar debe presentarse a unas primarias y ganarlas, y que, mientras, todo el poder es del secretario general y de la asamblea, si el CF se le pone levantisco. He oído a gente de buen sentido defender el derecho a decidir de Sánchez, una herencia más de José Luis, el amable zascandil que hoy se entretiene con el líder bolivariano, mientras éste impide que en la vista del recurso de Leopoldo López se personen sus abogados Cremades y Gallardón, como antes se le impidió a González.

Pepiño, que al lado de Luena parecía Fouché, sostenía que Zapatero tenía derecho a equivocarse, lo que no era verdad. Un presidente no tiene derecho a equivocarse con la libertad y el futuro de los españoles. Por eso, un ex presidente tiene no sólo el derecho, sino la obligación, de aportar su experiencia y sus consejos. Y el párvulo de tomar nota.

Lo de Riverita está resultando espectacular. Atenazado por el miedo a que Pablo tache a Ciudadanos de ser otra marca de las Nuevas Generaciones del PP; convencido al mismo tiempo de que no debe haber terceras elecciones, y de que su aportación es inane, quiere que la tarea se la hagan otros: los diputados socialistas y el Rey, si se deja, en lugar de poner a trabajar sus 32 escaños, forzar así al PSOE de manera efectiva y negociar su entrada en el Gobierno, un lugar mucho más acogedor que una oposición que ya se van a disputar Pedro y Pablo, donde no hay sitio para él. A mí me está pareciendo un poco verde, las cosas como son, pero sería un mal menor respecto al ticket que podría hacer Pedro con un Pablo que se nos cae de Maduro, no sé si me explico.

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Cosas de la técnica

El Mundo, 22-7-16

Mire, mi admirado Albert Rivera, que no me deja pasar una semana sin someter los vestigios de mi racionalidad a severas duchas escocesas. Acababa uno de ponderar el éxito de su operación Mesa del Congreso, que les había permitido tener dos representantes y elegir una presidenta que mejora con mucho a su antecesor, cuando va su portavoz Villegas y abre el grifo del agua fría a propósito de esos votos fantasma que reforzaron los 169 que el PP y ustedes alcanzaban por sí solos.

Entendámonos. Si el PP ha negociado con los nacionalistas su abstención en la elección de la presidenta y su voto positivo para las vicepresidencias y secretarías es para mosquearse. Creo que el manejo de los tiempos de Rajoy ha sido un problema para el secesionismo catalán. No porque éste no haya sido derrotado, sino porque el resto de los españoles ha renunciado a defender su parte alícuota (su «cuota parte» que decía Felipe) de soberanía nacional. Así pues, estoy de acuerdo con usted en que a quien quiere romper España, ni agua.

Puede que el precio haya sido un grupo parlamentario y los tres millones que acarrea, así como la tarea ya realizada por la Fiscalía de retirar el cargo de malversación que podría llevar a esa pareja surrealista, Mas y Homs, a la cárcel. Uno comprende que hacer a Quico jefe de grupo tiene que ser un subidón para los hermanos Hernando o Iglesias, glorias del parlamentarismo por comparación.

Advierte su portavoz Villegas de que van a pasar de la abstención «técnica» que tenían pensada para la investidura al no, y uno se pregunta a la manera de Pujol qué coño es eso de «técnica». Por otra parte, deberían observar ustedes un cierto equilibrio en la respuesta. No procede que a un pacto, desgraciado a mi modo de ver del PP con nacionalistas para la constitución del Congreso, respondan ustedes con un no a la investidura. Sería más propio que la respuesta se ciñera a la Mesa del Congreso surgida del pacto nefando. Un suponer, renunciando a los puestos que han alcanzado en la citada mesa su vicepresidente Prendes y su secretaria Reyes.

Le digo esto con la confianza que me permite haber criticado hace seis meses el pacto de su socio con los mismos convergentes al cederles dos senadores para que pudieran formar grupo, sin que ustedes dijeran ni mú entonces, ni su Villegas amenazara con trocar el sí de la investidura de Sánchez por un no. Aunque prestar senadores es más comprometido, como prestar una novia.

Hagamos un poco de prospectiva. Si su decisión de no votar a Rajoy es firme, y todo indica que lo es, (sería estúpida tanta insistencia en una profecía autofallida), el candidato del PP puede aceptar el encargo con 137 escaños (si el Rey se lo hace) o repetir la jugada de hace seis meses y no afrontar el lance. Tras dos intentonas derrotadas por el no del PSOE y Posemos, Sánchez podría levantar el dedo mientras baja púdicamente la mirada para decir que, ante el fracaso del PP, él se ofrece como postulante. Los nacionalistas se han declarado dispuestos a votar al revés que en lo de la Mesa y apoyar al párvulo Pedro, que saldría elegido presidente de un Frente Popular (Part Two), con su abstención. Técnica, naturalmente.

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La XII ya está aquí

El Mundo, 20-7-16

La XII Legislatura ha arrancado con aire de normalidad, salvo las camisetas de Cañamero y Compromís y los desparrames literarios de la fórmula de promesa o juramento de la Constitución adoptada por los nuevos, que ya no lo son tanto. Ayer dejaron en casa al bebé Bescansa y Pablo Iglesias debería haber llevado a cambio a su perra Lola, que en realidad era de Tania, pero digo yo que compartirán la patria potestad. La perra habría sido un gran reclamo para los votos animalistas y tema para un interesante debate nacional. A ver si no van a tener derecho las mascotas a entrar en el Congreso.

La elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso es la operación más sensata que uno le recuerde a Albert Rivera en los últimos meses. Por fin consigue que sus escaños sirvan para algo: al apoyar a la candidata popular consigue colocar a dos de los suyos en la Mesa del Congreso, donde en puridad de reparto no le habría correspondido ninguno. Así es la negociación en política, un do ut des.

Por otra parte, Pastor era una excelente candidata, sobre todo teniendo en cuenta la alternativa. A los socialistas les habría parecido mejor Patxi López, especialmente por su formación jurídica, pero en estas cuestiones nadie se puede librar de cierto subjetivismo: también les parece que el mejor presidente de la democracia ha sido Zapatero y que el mejor gobernante republicano fue la acémila de Largo Caballero, que no respondía ni a su primer apellido ni al segundo.

Atrás quedó el argumento de socialistas y Ciudadanos sobre la necesidad de que la Presidencia de la Cámara no recaiga en el mismo partido que la Presidencia del Gobierno. No pondría uno reparos a subrayar la separación de poderes, ah, Montesquieu, ah, la Ley del Poder Judicial. Lo que pasa es que nunca hemos practicado esa costumbre. Adolfo Suárez llegó a la jefatura del Gobierno con un presidente de las Cortes que hizo posible la Transición e inspiró al Rey su nombre: Torcuato Fernández-Miranda. Después de las elecciones constituyentes, puso a sus propios Fernando Álvarez de Miranda y Landelino Lavilla.

Felipe González puso a dos: Peces Barba y Félix Pons. Aznar, a otros dos: Federico Trillo y Luisa F. Rudi; Zapatero, a Manuel Marín y José Bono; y Rajoy, a Jesús Posada. Manda huevos que tuviéramos que llegar cuarenta años después a un momento en que Rivera y Sánchez plantearan la necesidad de que el Congreso lo presida un partido distinto que el de Gobierno, sin añadir: hasta ahora todo mal y sin que Pedro Sánchez prometiera que, en caso de ser investido, López dimitiría para dejar la Presidencia del Congreso al candidato del PP, que sería la oposición.

Iglesias propuso al independentista besucón, qué más adecuado para presidir el templo de la soberanía nacional. Del Bosque también es partidario de que Guardiola lo sustituya como seleccionador: a ver por qué no va a ser un catalán. No es por catalán, sino por independentista, marqués. Ahora que se lleva mucho esto, quizá convenga externalizar la condición de españoles; encargársela a los suecos, un suponer. O a los alemanes.

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Hoy, San Federico

El Mundo, 18-7-16

Hoy, festividad de San Federico, se cumplen 80 años de la sublevación militar que dio origen a la guerra civil española. La semana pasada tuve ocasión de participar en unas jornadas sobre la Transición que se celebraron en Valladolid. Hubo otros tiempos y otra izquierda, que era preciso reivindicar.

No habían pasado aún 20 años de la insurrección franquista cuando el PCE aprobó el Manifiesto por la Reconciliación Nacional, un fantasma recorre España: «Un estado de espíritu favorable a la reconciliación nacional de los españoles, va ganando a las fuerzas político-sociales que lucharon en campos adversos durante la guerra civil».

Hoy hay bastantes más antifranquistas en España de los que hubo hasta noviembre del 75 y los dirigentes de la tercera fuerza política española sostienen que la Transición fue una trampa para impedir a los españoles el acceso a las libertades, «el candado del 78», dice Pablo Iglesias con metáfora tontísima.

Hace falta saber con qué lo comparamos. España no ha sido un país muy afortunado en el disfrute de la democracia parlamentaria, salvo justamente los 38 años a los que dio paso la Constitución, la gran obra de un proceso constituyente bastante admirable, habida cuenta de nuestros antecedentes. A lo largo del siglo XIX tuvimos cerca de 200 pronunciamientos y golpes militares, tres guerras carlistas y otras coloniales, y sufrimos en el XX dos dictaduras que marcaron las tres cuartas partes de la centuria. La Transición y su obra magna, la Constitución, marcaron el fin de las dos Españas.

Un solo mes de la Transición, octubre de 1977, supuso lo siguiente: El día 14 se aprobó en el Congreso la Ley de Amnistía. El 27 se produjo un acto que escenificó la reconciliación: Fraga presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI con una intervención amable, incluso afectuosa. Él perdonó al dirigente comunista lo de Paracuellos, y éste a él su firma en el enterado de la pena de muerte a Julián Grimau que aprobó el Consejo de Ministros del 19 de abril de 1963.

Aquel mismo 27 de octubre el Congreso tomó en consideración los Pactos de La Moncloa firmados la antevíspera por el Gobierno, la oposición parlamentaria, y organizaciones empresariales y sindicales. Hoy, aquel acuerdo tan necesario para una economía que había sufrido una inflación del 26,5% el año anterior, sería descalificado por sus recortes, aunque también se aprobaron los derechos de reunión, de asociación política y la libertad de expresión, tipificando los delitos por la violación de estos derechos; se creó el delito de tortura; se reconoció la asistencia letrada a los detenidos; se despenalizó el adulterio, se derogó la estructura del Movimiento Nacional, y se aprobaron medidas restrictivas de la jurisdicción penal militar.

No hay tres sin cuatro. El mismo día 25 en que se firmaron los citados pactos, se aprobó el Real Decreto que puso fin a la obligatoriedad para las emisoras españolas de conectar con el parte, el informativo diario de Radio Nacional de España. Hoy, los herederos políticos de aquellos comunistas que tanto hicieron por acabar con los rastros del enfrentamiento, rechazan la Transición y sus efectos y se apoyan en una juez peronista en su petición de derogar la Ley de Amnistía.

Pienso en mi amigo Teo Uriarte Romero, dos penas de muerte (conmutadas) y 60 años de reclusión en el Proceso de Burgos. Aquella amnistía me ha permitido gozar de su amistad, mientras el antifranquismo sobrevenido se remonta 80 años atrás para ver si ahora puede ganar aquella guerra con efecto retroactivo.

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