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Tres náufragos en una balsa

Santiago González

Pese a lo refractarios a la realidad que suelen mostrarse los dirigentes políticos, a poco que se manifieste adversa, las señales de la crisis se abren paso a veces en el discurso de los menos empecinados. Nunca es tarde. Un grupo de dirigentes de Ezker Batua-Berdeak, la franquicia vasca de Izquierda Unida, ha dado los cuartos de su maltrecha organización al pregonero mediante una carta publicada en El Correo, en la que reclamaba a su partido “una sincera autocrítica”.

A lo largo de la última legislatura, Javi Madrazo ha perdido más de la mitad de los votos que había conseguido en las generales de 2004. Es más de lo que puede soportar el voluntarismo de cualquier organización. Es difícil reconocer en EB-B -¡qué caprichosos se muestran a veces los acrónimos!-las huellas de aquel PCE que tan conveniente fue para el correcto desarrollo de la transición.

Esta es una crisis que ha venido a manifestarse al mismo tiempo en los tres socios del tripartito que sostiene aún a Juanjo Ibarretxe. Eusko Alkartasuna perdió en las últimas elecciones el 38% de sus votos y el PNV, el 28,6%. Madrazo fue nombrado consejero de Vivienda y Asuntos Sociales por el lehendakari en septiembre de 2001 y ya su propio nombramiento exigió una crisis de Gobierno, que se contagió a las relaciones entre los dos socios que lo formaban: PNV y EA. Madrazo hizo valer sus tres escaños para exigir la cartera que le interesaba: Vivienda y Asuntos Sociales. Vivienda, junto a Ordenación del Territorio y Medio Ambiente acababa de estrenar como titular dos meses antes a Joseba Azkarraga. Los otros dos consejeros de Eusko Alkartasuna eran Anjeles (sic) Iztueta, de Justicia y Asuntos Sociales y Sabin Intxaurraga, de Educación y Universidades.

El lehendakari se reveló en aquella crisis como un consumado bricoleur: a la cartera de Azkarraga le quitó Vivienda y Medio Ambiente. A Justicia le quitó Asuntos Sociales. Intxaurraga pasó a Medio Ambiente, que ascendió a Consejería; Anjeles Iztueta se hizo cargo de Educación y Azkarraga fue consejero de Justicia, reforzada con la competencia de Empleo. Un lío.

Durante estas dos legislaturas, Madrazo ha sido un perfecto valet de chambre para Ibarretxe, su coartada de transversalidad para desarrollar la política más soberanista. Sus tres escaños pusieron al tripartito al borde de la mayoría absoluta (38 parlamentarios) y estuvieron incondicionalmente, sin desmayo, proporcionando peana al Plan Ibarretxe y derivados.

Siete años después, el país se acerca mucho al concepto de la acracia foral, que diseñó acertadamente Teo Uriarte. Inane en su gestión e incapaz de señalar objetivos que puedan compartir todos los vascos, se ha limitado a resolver el día a día, cumpliendo las tres características que un viejo anuncio publicitario reivindicaba para una marca de compresas: “no se nota, no se mueve, no traspasa”.

El tripartito es ya una balsa de náufragos, una suma de soledades que tiene a su presidente en el tránsito que describe el famoso poema de Lope de Vega entre Ajuria Enea y la Lehendakaritza: “A mis soledades voy,/de mis soledades vengo,/ porque para andar conmigo/ me bastan mis pensamientos”.

La crisis es un ave carroñera que sobrevuela en círculos a los políticos que pierden elecciones. Hay una que no le pierde ojo a Rajoy y otras tres que se prometen un festín con los restos del tripartito en las próximas elecciones autonómicas. Se hace cada vez más evidente que el lehendakari no va a poder convocar su consulta para el próximo 25 de octubre. Lo malo para él es que carece de un plan alternativo. En Mondragón ha perdido la posibilidad de que EHAK vuelva a prestarle tres votos, como el 30 de diciembre de 2004, al aprobar el plan que llevaba su nombre en el Parlamento vasco. El mero anuncio hecho por el presidente del EBB de que el PNV podría llegar a suscribir una moción de censura contra la alcaldesa de ANV que no tiene a bien expresar su repulsa moral a quienes asesinan a sus convecinos, va a hacer sumamente improbable que EHAK vuelva a repetir la suerte.

Esa era con toda seguridad la preocupación de Egibar y el peligro que Urkullu trataba de soslayar inútilmente, difuminando plazos. No es improbable que Madrazo renuncie a apoyar iniciativas que luego tiene que pagar con sus votos. Hasta el 9 de marzo el lehendakari tenía el recurso que figuraba en su hoja de ruta: adelantar las elecciones autonómicas. Una vez visto lo visto, no creo que se atreva, ni que su partido le deje. Sería el primer toro que busca tablas y se apuntilla a sí mismo, sin esperar a que llegue el cachetero.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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