>del País Vasco

La orquesta en Mondragón

Santiago González

La experiencia demuestra que algunas cuestiones deben resolverse en caliente, sin dar tiempo a que entre en juego el cálculo político y la mezquindad de los intereses partidarios. Mondragón es un ejemplo vivo de cómo el asesinato de un exconcejal no es capaz de suscitar una reacción mínimamente digna entre quienes fueron sus compañeros de corporación municipal. El alivio de luto es en política un visto y no visto que mantiene circunspectos durante un rato a los asistentes, justo lo que duran los oficios, que es el tiempo que tardan en volver del corazón a sus asuntos. El comportamiento es tan humano, tan sabido, que dejó huella en el refranero: el muerto al hoyo y el vivo ya se sabe.

El Ayuntamiento de Mondragón votó cinco mociones el jueves por la tarde, un mes y medio largo después del asesinato de Isaías Carrasco. El coronel Aureliano Buendía emprendió a lo largo de su vida 32 guerras civiles y las perdió todas. Mucho más eficaz, la alcaldesa de ANV sólo presentó una moción, que perdió, pero a cambio, ganó las otras cuatro. El resto de los proponentes, PNV, PSE, Aralar y el PP, perdieron las cinco.

Ezker Batua, esa perversa inflorescencia de Madrazos en la izquierda, economizó sus esfuerzos y repartió sus votos según aprendió de Batasuna con el Plan Ibarretxe: una votó en contra de la moción y los otros dos se abstuvieron, en un cálculo al límite que empataba a nueve los partidarios de la dimisión y los otros. El voto de calidad de la alcaldesa inclinaría la balanza.

En realidad, no hizo falta. Sorprendentemente, el PP se abstuvo e Ino Galparsoro no tuvo necesidad de suplementar su voto. Había una primera paradoja en llamar “moción ética” a una propuesta atravesada de cálculo político y oportunismo partidista. Es verdad que la moción conjunta presentada por la nueva transversalidad había sido precedida por el error del PNV, que en un primer momento se negó a censurar a la alcaldesa por boca de Joseba Egibar, respaldado por la Asamblea de Gipuzkoa de su partido y corregido podteriormente por Urkullu. Hay que registrar también, el clamoroso plantón de los cuatro concejales socialistas el 3 de abril, en el pleno en que la concejal del PP propuso una moción de condena a ETA que fue derrotada.

¿Son estos precedentes una razón suficiente para que Itziar Lamarain se abstuviera? En absoluto. Por ambiguo que sea el comportamiento del PNV y el PSE, nadie se alinearía racionalmente con Ezker Batua para no coincidir con los citados. En segundo lugar, en política, como en la vida en general, es preferible no tomar iniciativas que no se van a poder explicar a la parroquia con unas mínimas garantías de comprensión. En tercero, la concejal del PP fue interrogada por lo sustancial de la moción, si consideraba que la alcaldesa de Mondragón era indigna de ocupar el primer sillón del Consistorio. No importa que hubiera precedentes y agravios, ni el indigno comportamiento de López con Rajoy y María San Gil en la mismísima capilla ardiente de Isaías Carrasco. Ella debió contestar que sí a esa pregunta. Para los matices están las explicaciones de voto, pero de mil veces que le planteasen la cuestión, mil veces debería responder que sí. Por último, tendría que haber pensado que a partir de ahora, no importa el error político que llevó a la legalización de la parte de ANV en la que está el equipo de Gobierno de Mondragón, ni que su voto no fuera decisivo para un resultado ya prefigurado por EB. Ni siquiera que la moción derrotada no hubiera servido para otra cosa que dar paso a otra etapa en la absurda y compleja hoja de ruta definida por el PNV a causa de su compleja situación interna y de sus complejos hacia el exterior. Ella y su partido serán acusados de haber permitido la continuidad de ANV al frente del Ayuntamiento.

Ayer volvió a ser derrotada otra moción ética, ésta en el Ayuntamiento de Hernani con la abstención de Ezker Batua. El PP apoyó con su solitario voto la moción que afeaba su actitud a los concejales de ANV y los invitaba a dimitir, lo que parece una rectificación con respecto a lo sucedido la víspera en Mondragón. La derrota de la insuficiente moción ética del jueves convierte en improbable la moción de censura para el futuro. En buena lógica, el PNV reservaba la censura para el caso de que no dimitieran por las buenas. Si ni siquiera se les ha pedido que lo hagan voluntariamente, habría que forzar el sentido de la estrategia peneuvista para echarles por las malas.

Somos, efectivamente, un país muy plural y muy diverso. Ojalá fuésemos un poco más singulares y homogéneos.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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