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Hampa plateada

Santiago González

A la vista de lo que está cayendo, Madrid ha dejado de ser el ‘poblachón manchego’, que definió certeramente Azorín con el fin de que Umbral hiciese célebre la cita. Está más cerca de ser el ‘rompeolas de todas las Españas’ machadiano, cocedero de bajas pasiones y sueños mediopensionistas. No llega a ser en ningún caso la ‘capital de la gloria’ a la que cantó Rafael Alberti, pero hay algo de sofisticación cosmopolita que la eleva sobre sus orígenes sin acabar de desmentirlos del todo.

Una ciudad se mide en el nivel de su delincuencia y hasta hace bien poco Madrid era una ciudad que quedaba mejor como decorado de crímenes rurales que como un espacio para el desarrollo de la novela negra. Más propia para Plinio que para Toni Romano, un Tomelloso con más gente.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, se han sucedido los casos de mafias policiales, sicarios y ajustes de cuentas a las puertas de las discotecas, parada y fonda de narcotraficantes, denuncias de policías paralelas y también espionaje político y escándalos de manejos políticos en las altas finanzas. Bueno, no muy altas. A vivel de caja de ahorros, ya hemos dicho que no desmiente totalmente sus orígenes.

Apenas habían pasado 24 horas de la denuncia periodística sobre la existencia de un presunto CNI doméstico organizado en los últimos meses por un expolicía para el consejero de Interior de la Comunidad, cuando salta la noticia de que el propio vicepresidente del Gobierno autonómico, Ignacio González, ha sido objeto de seguimiento durante sus viajes públicos y privados al extranjero. Sería un fantástico argumento para una novela de intriga que unos policías a las órdenes del consejero Granados investiguen al vicepresidente de su propio Gobierno para descubrir o atribuirle conductas delictivas.

Lástima que no sea cierto. Ni siquiera verosímil. Los Gobiernos de la España plural, en cualquiera de sus tres niveles (municipal, autonómico o nacional) no son tan sofisticados y sus miembros se cuidan muy mucho de pisarse la manguera unos a otros. No había precedentes. En segundo lugar, la presidenta de la Comunidad y el consejero Granados han reaccionado de manera bien distinta en ambos casos. Respecto a la supuesta red de espionaje organizada presuntamente por este último, una síntesis del CNI y ‘Los hombres de Paco (Granados)’, se han limitado a cuestionar la credibilidad y los motivos del periódico que publicó la información. En el caso del espionaje a su vicepresidente, Esperanza Aguirre ha ordenando a los servicios jurídicos de su Gobierno que pongan una denuncia en el juzgado de guardia para que se investiguen los seguimientos, espionajes y grabaciones que con cámara oculta se han hecho contra Ignacio González.

De hecho, el fiscal superior de Madrid, Manuel Moix, ha informado que a priori no parece haber delito en ningún caso, aunque se investigará si alguien lo denuncia. En el segundo, sí hay denuncia y se temen los denunciantes que sea un aspecto más del conflicto de Caja Madrid, una guerra sucia que acabará pringando a todos los sectores políticos implicados.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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