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Madrazo y sus contextos

Santiago González

Se barrunta la proximidad de las urnas porque Javi Madrazo vuelve a las esencias y su naturaleza pastueña se vuelve levantisca y contestataria. Tras cuatro años de decir amén, ha bastado la convocatoria de elecciones para que se plante y advierta a su par Azkarraga de que no debe aprobar el ERE de Cegasa. El consejero de Vivienda se expresó como verso suelto ante el nuevo coordinador de IU, que tiene un nombre como sacado del título de una película de Huston. Hay que entender el contexto. Cayo Lara dijo que se podrían crear un millón de puestos de trabajo y algo tenía que hacer el consejero para no desmerecer.

¿Cómo se pueden crear un millón de empleos, sin que lo haya vendido Zapatero?, se preguntarán ustedes. Muy sencillo: aumentando la fiscalidad de las empresas. ¿Quiere decir Cayo Largo que esas empresas ahogadas por la falta de liquidez deben pagar más impuestos y que eso creará puestos de trabajo? Y los empleos, ¿los crearían esas mismas empresas después de haber cotizado a Hacienda o los crearía la propia Hacienda para poder recaudar la exacción a las empresas?

Parece que fue ayer y hace ya ocho gozosos años que Madrazo ascendió al estatus de consejero. Hay que ver, cómo pasa el tiempo. Hace dos legislaturas llegó a Lakua hecho un brazo de mar, autodefiniéndose como el brazo rojo del Gobierno, como un clásico, un nuevo personaje de la Ilíada: Aquiles, el de los pies ligeros, Aurora, la de rosados dedos y Madrazo, el del rojo brazo.

No sabemos si Ibarretxe ha tenido en este tiempo una mano derecha. Parece que no, a juzgar por lo visto, pero, a cambio, tiene un espléndido brazo izquierdo. Su consejero de Vivienda ha sintetizado en Ezker Batua dos tradiciones antiguas: la comunista y el cristianismo de izquierdas. En sus textos programáticos, el PCE se definía como “un partido de lucha y de gobierno”, así, sin especificar cuando tocaba lucha y cuando gobierno. En la tradición cristiana, la confusión de los contextos aumentaba. Santa Teresa, que era una mística, tuvo que llamar al orden a una novicia que se empeñaba en contar su visión de la noche anterior, mientras todas las monjas se afanaban en pelar perdices para agasajar al obispo, que había anunciado su visita: “hermana, cuando visiones, visiones y cuando perdices, perdices”.

El precedente más cualificado de Madrazo fue el malogrado Alfonso Carlos Comín, católico ferviente y militante cabal del PSUC. En los 70 escribió un libro que fue leído con interés entre los laicos de izquierdas: ‘Cristianos en el partido, comunistas en la Iglesia’. Ya entonces tendrían que haber ordenado sus contextos. Cuánto habríamos ganado en claridad si se hubieran aplicado a ser cristianos en la Iglesia y comunistas en el Partido (comunista, se entiende; en Convergencia i Unió no habrían tenido mucho éxito.

Algunas encuestas, no todas, dan por acabada la aventura equinoccial del tripartito y por ende, la de Madrazo. Estará bien la renovación, si viene, pero uno va a echar de menos a este príncipe de la picaresca, tan virtuoso de los contextos equívocos, un voluntario de ONG con la moral del buscón Don Pablos. Madrazo, un abrazo.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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