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¿Adoctrinar en esta escuela?

Santiago González

El Tribunal Supremo ha rechazado por 22 votos contra siete que la ‘Educación para la Ciudadanía’ vulnere el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. La asignatura responde a una recomendación de la UE y si el nuestro fuera un país normal, debería impartirse con la misma naturalidad con que se hace en otros de la Unión, en los que la nación se articula sobre consensos básicos. Pocos, pero duraderos. Uno de ellos es el educativo. Ningún otro país ha conocido cinco leyes de Educación en 25 años, con sólo dos partidos alternándose en el Gobierno. En ningún otro país se introducirían en la educación criterios morales que estuvieran bajo discusión en la sociedad.

Tanto entusiastas como detractores sobreestiman la capacidad adoctrinadora de la escuela. La transición fue obra de generaciones de españoles educados en la dictadura franquista, sin que el monolitismo del régimen pudiera oponer más resistencia a la voluntad social de cambio que las murallas de Jericó a los trompetazos del pueblo elegido. Comprenderán ustedes que en estos momentos no ofrezca detalles identificativos.

La escuela franquista y nacionalcatólica no impidió que muchos españoles (y españolas, claro) nos hiciéramos antifranquistas y no creyentes. La escuela no es el único ámbito educativo, ni siquiera en los regímenes totalitarios. Cuánto menos en una sociedad democrática, abierta y permeable en estos tiempos de Internet. Incluso en casos en los que el ideario obligatorio de la escuela hacía juego con el ambiente doctrinal que aquellos españoles respiraban en sus casas. Hijos de padres falangistas y educados con la Enciclopedia Alvarez son hoy espejo de izquierdismo en sus cargos de ministros.

El temor a una asignatura adoctrinadora en la escuela pública tras la LOGSE es un alarde de confianza en el Estado por parte de la Iglesia. No es que falte voluntad adoctrinadora. Es que el mecanismo es inservible, no hay más que ver los resultados del informe PISA, que nos sitúan en un desahogado puesto del pelotón de cola en materia educativa y en la expulsión por la vía del fracaso escolar a uno de cada tres alumnos. Ah, si al menos pudiera servir para adoctrinar.

Hace tres meses tuvimos noticia de que todos los alumnos de dos institutos de Alicante habían suspendido el examen de EpC, que en la Comunidad Valenciana se imparte en inglés, una extravagancia autonómica para sabotearla. Los resultados acreditan el nivel de nuestro sistema educativo y de la enseñanza de lenguas extranjeras antes que ninguna otra cosa.

No va a ser una asignatura muy popular entre los estudiantes. Para que tuviera capacidad doctrinal habría que acompañarla de un relato. La Iglesia acertó al colgar la asignatura de Religión de la Historia Sagrada. En tiempos de la tele, ‘Verano azul’ fue a la España de la Constitución lo mismo que ‘Crónicas de un pueblo’ a la España del desarrollismo y la Ley Orgánica del Estado. Sin el relato apropiado, los estudiantes asistirán a las clases de Educación para la Ciudadanía con el mismo desapego que sus padres, y aún sus abuelos en algunos casos, asistíamos a Formación del Espíritu Nacional.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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