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La trama de los picos pardos

Santiago González

El cineasta Iquino dirigió en 1969 “De picos pardos a la ciudad”, una moralista y estomagante comedieta en la que el alcalde y el secretario de un pueblo, emprenden viaje a la capital para sustituir el viejo autobús y ya, de paso, echar una cana al aire. A por atún y a ver al duque.

Ir de picos pardos era una metonimia de ‘ir de putas’. Al parecer, las tusonas eran obligadas a vestir una saya de color pardo en la edad media, para ser distinguidas de las mujeres honestas. La falda era por entonces una tela cuadrada con un agujero en el centro que se ajustaba a la cintura, por lo que su caída formaba cuatro picos que daban pie a la expresión citada.

La naturaleza siempre acaba imitando al arte. Si Berlanga y Azcona previeron en ‘La escopeta nacional’ una cacería con un invitado llamado Bermejo, Iquino se adelantó en cuarenta años a la epopeya que ayer contaba El Mundo: el alcalde de Baena, que es también senador del PSOE, y su secretario, parecen implicados en una trama de facturas falsas. El objetivo de la misma era sufragar visitas periódicas de los muy allegados al ‘Club Milady Palace’, un lujoso puticlub de Marbella.

Ha habido casos parecidos. El año pasado fue detenido el concejal de Urbanismo del PP en Palma, acusado de haberse fundido en puticlubes gay 50.804 euros de dinero público por medio de la visa que tenía a su nombre en razón del cargo. Hace menos de tres días se aventuró en esta columna que acabaríamos viendo vales como el de los “seis ‘porvos’ con la Lola”, que el Comité de Defensa de Toledo expedía en el 36 a favor de los buenos milicianos. ¿Qué son 73 años para los valores inmutables un pueblo? Apenas un suspiro en la historia de España.

A falta de conocer en profundidad los casos de Michavila y el Ayuntamiento de Segovia, no parece que puedan compararse con Baena en punto a colorido y tradición. A un servidor le parece que pulirse la pasta de los españoles en prostíbulos goza de cierta comprensión social. Cada vez que a un personaje público le preguntan qué pecado encuentra más disculpable, responde con el automático que “los pecados del amor”, no diré más. Por otra parte, no se puede comparar una trama como ésta con la operación Malaya, que al final servía para que un hortera se colgara un Miró en el cuarto de baño. Los de Baena, en cambio, dan a ese dinero una utilidad social, keynesiana, al inyectarlo en un sector deprimido. Las juergas municipales contribuyen a la expansión de la demanda agregada, un new deal cordobés, si ustedes se paran a considerar el asunto desde una visión macroeconómica. La iniciación en el arte de las putas, dicho sea con permiso de Moratín, era un trámite iniciático que pagaban algunos padres a sus hijos al cumplir los 18. Con razón decía el secretario del alcalde baenense en conversación grabada por la Guardia Civil: “a mí me da cosa gastarme dinero mío… en estas cosas”. Es lo que tiene que papá te acostumbre desde jovencito al patrocinio.

“El PSOE es el partido que más se parece a España”, han dicho y repetido Zapatero, Pepe Blanco, Pajín, Rubalcaba, Chaves y otros. Es una afirmación razonable que el arribafirmante no se atrevería a cuestionar.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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