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El canto de la cigarra

Santiago González

El video socialista para las europeas nos ha convertido de golpe en americanos: “El mundo según Obama vs. el mundo según Bush”, dice el eslogan que abre paso a una serie de opciones maniqueas. “Dos visiones del mundo frente a frente”, dice el último. Uno juraría que la victoria de Obama se produjo frente a John McCain, no frente a Bush, pero, ¿qué importancia tienen los hechos frente a la lucha entre el bien y el mal, el futuro y el pasado, la izquierda y la derecha?

“Aquel día no pudiste votar. Pero ahora sí”, remata el video. Hace treinta años y unos meses estábamos en la campaña del referéndum constitucional. Uno de los anuncios con los que el PNV pedía la abstención, decía: “La Constitución de EEUU no reconoce los derechos del pueblo vasco. Ésta tampoco. ¿Votaste aquella?”

Aquel día no pudiste votar. No es del todo cierto. Algunos no quisieron. El ministro Pepe Blanco, por ejemplo, fue un testigo privilegiado de las primarias entre Obama y Clinton, aunque supo mantener una exquisita neutralidad: “Me he resistido en estos últimos meses a confesar públicamente mi simpatía hacia Barack Obama para no interferir en lo más mínimo en el proceso de elección que estaba desarrollando el Partido Demócrata”. (El cuaderno de Pepe Blanco, 4 de junio de 2008).

Zapatero ‘se ha pedido’ ser Obama para poder ganar las europeas. Es el triunfo de las analogías a lo Pajín, lo último en materia de de agit-prop. La versión oficial es el canto de la cigarra que repiten todos y todas con López Aguilar a la guitarra en los mítines de campaña, mientras las hormigas de la derecha piden sacrificios para hacer frente a la recesión.

“La salida de la crisis será un camino social o no será”, dijo Zapatero ayer, el mismo Zapatero que el miércoles pasado se apuntaba como un éxito propio que Volkswagen vaya a fabricar el modelo Q3 en Martorell. Si los sindicatos hubiesen seguido sus enseñanzas y se hubieran negado a los recortes salariales, los 1.500 puestos de trabajo de la planta se habrían perdido irremisiblemente. Zapatero y su ministra no saben todavía que lo social es crear puestos de trabajo, aunque eso implique sacrificios. La opinión de Salgado sobre los 800.000 nuevos parados como demostración de que el despido sale muy barato, es como para perderle el respeto intelectual.

Lo único que el presidente pudo aprender de Keynes en aquellas dos célebres tardes es que “a largo plazo, todos estaremos muertos”. Por eso él se aplica al /’carpe diem’/ de Horacio. Vive el presente porque su largo plazo es la legislatura. Acabado el granero, viviremos de la deuda hasta salir de la crisis gracias al tirón de Obama, y a ganar las elecciones en 2012. Cuatro millones de parados son sus rehenes electorales, su ejército de reserva. No les promete puestos de trabajo, sino subsidio de paro, (el PP quiere quitároslo) en una idea de España llena de clases pasivas, a tono con la que conoció *lya Ehrenburg en 1.931 y que le llevó a titular su libro con una licencia irónica tomada de la Constitución republicana: ‘España, República de trabajadores’. Ya hay un millón que no percibe el desempleo y subiendo. Es de temer que la salida con estos no será.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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