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Escuela de calor

Santiago González

Hay asuntos, y sobre todo auditorios, ante los que el presidente consigue sacar lo mejor de sí mismo. Uno de estos públicos lo forman los ecologistas. Otro, los jóvenes y un tercero, las mujeres. Los tres se dieron cita ayer en Galapagar con motivo de la inauguración de la Escuela de Verano Jaime Vera. Había una cierta paridad, eran jóvenes socialistas y, por tanto, concienciados. Tuvo discurso sobre casi todo, salvo la financiación: el aborto, el pacifismo, la economía (que va a mejor), el CNI, y, por supuesto Garoña y el asunto nuclear.

“Soy el más antinuclear del Gobierno”, proclamó Zapatero a mediados de junio de 2005 ante los representantes de los principales movimientos ecologistas y la ministra Narbona. “Se notó que le interesa el medio ambiente”, comentó en tono aprobatorio el director de Greenpeace Juan López de Uralde.

Ayer, ante un auditorio como el descrito, Zapatero se vino arriba: “Sin referirme al poder de los poderosos, en el Gobierno que presido la autonomía en la decisión es absoluta. Nada ni nadie va afectar a lo que es cumplir el programa electoral y lo que es la decisión del presidente del Gobierno”. La señal de que el presidente se está recreando en la faena es casi siempre perifrástica: “lo que es cumplir” y “lo que es la decisión”, en vez de decir, sencillamente, “el cumplimiento” y “la decisión”.

Es muy creíble, en cambio, que nada ni nadie van a afectar su decisión. Ni siquiera el programa electoral del PSOE 2008, que no obliga en modo alguno al cierre de la central, las leyes de la física o, más sencillamente, realidad. Hace justamente 18 días, se soltó el pelo en Las Mañanas de la Cuatro y describió el estado del arte. Donde él dijo “sólo hay una central nuclear en construcción en el mundo. Está en Finlandia”, Nuclenor, la empresa propietaria de Garoña, le corregía: “en el mundo hay actualmente 50 centrales en construcción y 51 en proyecto” y así con otras cuatro afirmaciones rotundas basadas en datos apócrifos, en tiempos en los que cualquiera tiene los hechos a un ‘click’ de ratón.

El presidente, y una parte de sus partidarios no confían en el criterio de autoridad, aun en asuntos científicos complejos que se escapan a sus conocimientos. Este fin de semana, una televisión encuestaba a las bases del valle de Tobalina. Una mujer sin especial cualificación expuso su criterio: “la central es peligrosa, diga lo que diga el Consejo de Seguridad Nuclear”. Lo mismo parece pensar el presidente, pese a que el citado órgano está formado por expertos altamente cualificados, la mitad de los cuales han sido designados por el partido del Gobierno.

Tal vez debería pensar qué hacer con el C.S.N.: disolverlo o poner a su frente al cineasta Fernando Colomo. En su lugar va a hacer una ley para tratar de establecer qué es vida útil y qué vida programada, como si cupiera confusión entre los dos conceptos. Bueno, sí cabe. Vida útil de una central es la que le permite el presidente del Gobierno. En este caso, 42 años. Los 40 quedaban demasiado cerca de las elecciones de 2012 y de los encarecimientos del recibo de la luz que nos esperan. No sé si me explico.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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