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Tunearse el árbol

Santiago González

El 21 de octubre de 2007, Juan José Millás publicó en El País Semanal una entrevista con Mª Teresa Fernández de la Vega: “Más que felicidad, en mi vida tengo armonía”. En ella habló de su padre como “represaliado por el régimen anterior”. El entrevistador, que se había documentado, apuntó: “Su padre era inspector de Trabajo”. “Inspector de Trabajo, sí”, replicó ella, “y estuvo fuera de la carrera casi toda su vida, hasta los años sesenta, en que hubo una rehabilitación y volvieron a reingresarlo.”

El pasado jueves, la vicepresidenta fue presentada como “hija de un alto funcionario del franquismo” en la asamblea conjunta del Congreso y el Senado de Paraguay: “Para que quede en la Historia, quiero señalar que mi padre fue un represaliado del franquismo, no un alto funcionario del franquismo”, fueron sus primeras palabras.

No dijo verdad. Wenceslao Fernández de la Vega Lombán, fue represaliado por el franquismo y alto funcionario del régimen. El Consejo de Ministros presidido por Franco el 11 de noviembre de 1955, le nombró delegado de Trabajo en Zaragoza, a propuesta del ministro del ramo, José A. Girón de Velasco, tal como recoge La Vanguardia Española al día siguiente en su página 4. Fue cesado por el ministro Romeo Gorría el 18 de mayo de 1963. (La Vanguardia, 19 de mayo, página 76).

El interés del asunto no está en la filiación política del padre, sino en la mentira de la hija, en los curiosos mecanismos que la llevan a tunearse el árbol genealógico y en la paradoja de que la izquierda se vea tan prisionera de sus preocupaciones heráldicas. Los franceses ya habían visto algo de esto hace 15 años en una película de Jean Jacques Zilberman, ‘No todo el mundo puede presumir de haber tenido unos padres comunistas’.

Ya entre nosotros, el ex-ministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo, hijo del jefe local del Movimiento en Arenas de San Pedro, incurrió en alteridad notable al afirmar: “tuvimos que luchar contra los padres y ahora nos toca luchar contra los hijos”. El presidente del Gobierno sólo se ha referido a su abuelo franquista, el único que conoció, en el encomiable retrato que le hizo Suso de Toro en ‘Madera de Zapatero. Retrato de un presidente’. Y lo hace con cierto distanciamiento: “el padre de mi madre, el abuelo de Valladolid”, para endosárselo a su hermano Juan, que “pasó allí largas temporadas”.

El caso es que la vicepresidenta tuvo que ver muchas veces entre los seis y los 14 años de su edad a su padre con el uniforme de las fiestas señaladas: camisa azul, corbata negra y chaqueta blanca. Cabe la posibilidad de que la niña Mª Teresa confundiera el azul mahón de la camisa de su padre: “mi papá sí que es obrero, que se viste de buzo hasta los domingos”. No es un error descabellado y los extremeños se tocan, según el título de Muñoz Seca. El mismísimo fundador de la Falange explicó en 1934 el porqué de la camisa azul: “un color neto, entero, serio y proletario”.

También puede ser que considere el cese de su padre en el 63 como una represalia franquista. ¿Mentiras? No; es que la izquierda, nuestra izquierda, puesta a elegir entre el ideal y la verdad, elige siempre el ideal.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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