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Editorial preventivo

Santiago González

Habría que remontarse a los tiempos más inhóspitos de la transición (o a la Prensa del Movimiento) para encontrar momento semejante: doce periódicos suscribiendo un editorial conjunto. Pasó después de la masacre de Atocha; de la legalización del PCE; en las Hojas del Lunes, tras el asesinato de José Mª Portell, que dirigía la de Bilbao; tras la bomba contra el Papus, pero no había vuelto a pasar desde aquel 6 de diciembre de 1978 en que aprobamos la Constitución.
Lo primero que llama la atención es el magro resultado sintáctico y conceptual de tanto esfuerzo. ¿Y dice usted que se han unido una docena de directores de periódico para alumbrar esto? Impresionante. Ya desde la exposición de motivos asoma la patita el carácter obscenamente preventivo que destila todo: “el TC puede estar a punto de emitir sentencia”. Por ende, “la expectación es alta y la inquietud no es escasa”. Una pieza que arranca con semejantes apuros debería titularse ‘Por si acaso’, en vez de ‘La dignidad de Cataluya’, que es un exceso de prosopopeya, se mire por donde se mire.
Qué desbordada hinchazón de representatividad (“los catalanes piensan”, “amplísimo apoyo político y social”), qué desliz de significados amenazando romper “pactos profundos que han hecho posible los 30 años más virtuosos de la historia de España”. Fueron la Constitución y el Estatuto del 79 los que hicieron posible esa virtud. Un par de datos: el viejo Estatut alcanzó 10 puntos más de participación y obtuvo el voto afirmativo de más de la mitad de los ciudadanos catalanes (52,6% frente al 36,51% en 2006).
“Pacta sunt servanda”, escriben, magreando el latinajo para confundir el ‘pacto profundo’ de la Constitución y el estatuto de Sau con los viajes de Mas a La Moncloa para pactar con Zapatero a cencerros tapados -qué grandes son a veces las frases hechas- la supervivencia de un proyecto que amenazaba ruina. El nacionalismo había gobernado 23 años Cataluña sin esta necesidad imperiosa. Fue Maragall el Chaplin que cogió la señal de carga peligrosa desprendida del camión, la convirtió en bandera y fue cabeza de la manifestación que lo empujaba.
“Hay quien sueña con cirugías de hierro”, escriben con suave delirio paranoico. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?¿que toda la vida es sueño y los sueños hechos son? Cuánto concierto de plumas para tan párvula literatura.
Da un poco de vergüenza ajena por tantos catalanes, periodistas o no, que tienen sentido del ridículo. No le digas a mi madre que soy periodista catalán. La pobre cree que me gano la vida como honesto palanganero en un ‘meublé’ de Castelldefels.
Lo han suscrito porque están preocupados, porque ‘puede que’, y tratan de acoquinar a los miembros del Constitucional en este momento decisivo. Ya han conseguido algo: el Tribunal será una víctima irrecuperable del Estatut sea cual sea su sentencia. También por méritos propios, ojo. Puestos a elegir, ya que no tienen escapatoria y que se invoca ‘la dignidad’, los miembros del TC deberían optar por defender la suya propia, hacer justicia ‘et pereat mundus’.
No pasaría nada. El nacionalismo es un tigre de papel. Lamentablemente es probable que Mª Emilia Casas todavía no lo sepa.
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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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