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Ojo, España no es Grecia
Santiago González

España no es Grecia, como puede advertir cualquiera. Su deuda medida en porcentaje respecto al PIB es casi el doble (115%) que la nuestra, su déficit (13,6%) es sólo dos puntos mayor, y su índice de paro, (12,1%) ocho puntos más bajo. “Grecia queda más a la izquierda”, decía un piloto de helicóptero a su ilustre pasajero, en ‘Avanti!’, una hermosa película otoñal de Billy Wilder. “Los de Grecia, (los números) son más rojos”, podía haber dicho con idéntica propiedad. “Ah, no”, respondía el viajero, J. J. Blodgett. “Mientras yo esté en el Departamento de Estado, ni hablar”. Nada quedaba tan a la izquierda como el sueño de Zapatero para España, pero el Departamento de Estado ya no es lo que era, ni la bandera ante la que el entonces líder de la oposición se sentaba desdeñosamente en 2003, mientras ahora, es el mismísimo jefe del Imperio el que ha ordenado a nuestro presidente disciplinarse y aplicar la purga económica a sus conciudadanos.
España no será Grecia, pero los sindicatos griegos llevan convocadas cuatro huelgas generales contra unas reformas que en algunos aspectos son más llevaderas que las nuestras. Un suponer, el recorte salarial a los funcionarios. En Grecia se les congelan durante los próximos tres años, salvo para los que ganen más de 3.000 euros al mes que perderán dos pagas extras. Méndez y Fernández no se han atrevido con la huelga general (el recorte salarial a los funcionarios no es una medida impopular para el resto de la peña) y se han conformado con anunciar una huelga en el sector público para el 2 de junio.
El recorte funcionarial era la medida fácil para atender la petición de Obama, porque ahí hay cacho. ¿Ha hecho bien el presidente? Distingamos: estas medidas sirven para reducir el déficit, no para salir de la crisis; nada se dice de la reforma del mercado de trabajo y eso, en todo caso, no le competería al Gobierno, sino a los agentes sociales. Los errores en la política económica –tu quoque, Pedro, -los vamos a pagar caros, por lo que la rectificación de Zapatero exige asunción de responsabilidades, en vez de ser considerada como uno de los misterios gozosos del rosario. Las razones de los sindicatos son deplorables, porque ellos han sido los cómplices necesarios de la prodigalidad del Gobierno y del déficit.
¿Se trata de recortar 15.000 millones más? Recuerden aquella frase luminosa de nuestro presidente para anunciar su reforma fiscal de 2007: “bajar los impuestos es de izquierdas”. Según el último informe del Banco de España, la reforma del IRPF dejó de ingresar 2.400 millones; la ocurrencia de los 400 euros, 6.000 millones; el cheque bebé, 1.090; el efecto esperado de la reforma del Impuesto de Sociedades, 8.972 y la eliminación del Impuesto sobre el Patrimonio, 2.300. Aquellos disparates aumentaron nuestro déficit en 20.762 millones de euros. Merkel y Sarkozy no habrían tenido que llamarle a capítulo y Obama podría haberse buscado una actividad más placentera para el fin de semana que hablar con el traductor de Zapatero.
España no será Grecia, pero en el punto al que hemos llegado, es un elemento de consuelo que nuestros tutores nos controlen la paga y nos pidan cuentas por el uso que hacemos de ella.
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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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