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Capital de la gloria
Santiago González
La huelga general se ventila en la batalla de Madrid, como siempre; Madrid, capital de la gloria, en palabras de Alberti; rompeolas de todas las Españas, en las de Machado, que las luchas sindicales tienen su fundamento estético, a pesar de los videos de Chiquilicuatre. Los sindicatos avanzaban hacia el Palacio del Invierno con zapatillas de ballet, como pisando huevos y hete aquí que la presidenta de la Comunidad se les apareció vestida de zarina para anunciar un ‘casus belli’ en forma de servicios mínimos.  No llegarán Méndez y Fernández a dirigirle los terribles versos del poeta de El Puerto contra su propia hermana: “Suponte tú que un día amanecen las calles rojas de banderas/ y la Internacional remonta los palacios,/sube las escaleras de los templos,/ donde te encuentras tú,/ contraria,/ frente a mí,/ ciega,/ obstinada,/ postrada a los pies de Jesús Sacramentado”, pero les ha venido muy bien.
Los sindicatos no están para abstracciones y la huelga necesitaba encarnadura. Les faltaba el enemigo de clase y era evidente que el hombre de Rodiezmo no daba la imagen. Rajoy podría haber sido el villano, como en los tiempos del proceso de paz, y el par sindical haber repetido la conseja que corrió por Internet aquella legislatura: “Si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas dos veces, la culpa es mía. Si me engañas tres veces, la culpa es del PP”. Pero Rajoy ha aprendido a ponerse de perfil egipcio y se deja mecer por las encuestas, convertido en un blanco móvil imposible de acertar. Y en esto llegó Esperanza. La huelga será pues contra Esperanza Aguirre y su éxito o su fracaso se decidirá en Madrid.
Hay que tener en cuenta que, una vez constatado que Méndez no es Alberti, las querellas fratricidas son mal trago. Lo pasó también Arzalluz cuando el PNV convocó su primera manifestación contra ETA el 25 de octubre de 1978. En un mitin en Tafalla lo dijo así: “La manifestación no es contra ETA (…). Madrid sólo entiende un lenguaje, el de la fuerza. La manifestación es para pararle los pies a Madrid”.
Hay que pararle los pies a Madrid, “por las buenas o por las malas”. Rubalcaba debería garantizar el derecho de los trabajadores a hacer huelga o trabajar, según su voluntad. Si no sabe cómo, puede preguntarle a su colega vasco, Rodolfo Ares, que a las dos semanas de jurar el cargo aguantó una huelga general declarada por ELA y LAB. ETB transmitió unas imágenes muy pedagógicas: un piquete informativo en la planta baja del Corte Inglés de Bilbao. Detrás, dos ertzainas que oyeron a los piqueteros informar a los dependientes sobre la huelga e invitarles a sumarse a ella. A continuación les acompañaron hasta la calle. No es difícil, pero no sé si Rubalcaba tendrá mucho interés en limitar la acción de los piquetes en una huelga contra la política económica de Esperanza Aguirre. 

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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