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Las bayonetas de Talleyrand
Santiago González
Telleyrand era un cabrón con pintas, pero tenía un admirable sentido del poder que le permitió instalarse en él durante décadas en la Francia más convulsa que imaginarse pueda. Una de sus más célebres sentencias es la advertencia que hizo a Napoleón: “Sire, las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas”. Alguien debió explicársela a Zapatero. Es verdad que ahora no hay bayonetas, sino encuestas y el presidente ha hecho de ellas, más que un argumento, una razón de ser.
Han sido innumerables las ocasiones en que el zapaterismo ha justificado en los sondeos, el impulso a algunas medidas o a determinados candidatos, recuerden el intento de imponer a Trinidad Jiménez sobre Tomás Gómez para las autonómicas de Madrid. Durante los seis años anteriores, los socialistas felizmente gobernantes han atacado a la oposición a encuesta calada, pero las cañas se han vuelto lanzas para un gobernante cuyas primeras palabras en aquella noche fundacional de marzo de 2004 expresaron un compromiso público rotundo: “el poder no me va a cambiar”.  
     
La encuesta de Sigma Dos indica que Rubalcaba como candidato acortaría en cuatro puntos la diferencia de 16,1 puntos que le llevaría el PP al PSOE con Zapatero. Lo que se entiende como el mayor handicap del actual vicepresidente podría ser su mejor activo: su condición de superviviente. El de Rajoy es el de estar en la oposición. Los socialistas y el resto de los españoles acusan la fatiga de tantas emociones resueltas en fracasos, muy especialmente y sobre todos, el de la gestión económica. La encuesta insiste en algo no constituye novedad, las expectativas de Rajoy se deben al desplome del zapaterismo y no a los propios méritos. De rebote, las cualidades que reivindica en sí mismo el líder de la oposición, (previsibilidad, independencia, patriotismo, moderación y resolución) le bastan para adelantar a Zapatero en valoración de líderes, pero es superado por Rosa Díez y Durán i Lleida. La mayoría de los españoles, con buen criterio, no cree que Rajoy sea capaz de acabar con la crisis en un par de años.
Churchill, que era un señor de derechas muy razonable, hizo el mayor elogio de la previsibilidad de la democracia, un estado de cosas en el que, si llaman a tu casa de madrugada ya sabes que es el lechero. En el sentido contrario, la aventura y la imprevisibilidad del mando está el ‘vivere pericolosamente’ de Mussolini. Aunque nuestra izquierda conserva aún un diccionario propio: niega la independencia de Rajoy, pero no acaba de preguntarse “¿comparado con qué?” El mismo presidente que arrostró la censura de la UE por impedir la opa de Eon sobre Endesa ha escenificado esta semana una notable escena de sumisión a los dictados de Merkel. “Salir de la crisis por la izquierda”, al parecer era esto. La misma izquierda que renegaba del patriotismo (“Nuestra única patria es la humanidad”, rezaba la pancarta de las JJSS en la manifestación de protesta por el atentado contra Madina) ha pasado a aceptarlo para llamar antipatriota a la derecha “por no arrimar el hombro”. 
Tampoco acaba de parecerles moderado el candidato Rajoy y respecto a su capacidad de resolución, son aún más rotundos. Han interiorizado, no sólo las tiras de Peridis, como señala Victoria Prego, sino las acusaciones de indolente, perezoso, haragán y holgazán, que le aplican sin recato los dirigentes socialistas, a pesar de que sólo un dirigente español ha plantado una cumbre internacional para quedarse durmiendo: Fue José Luis Rodríguez Zapatero, a una reunión hispano-polaca, el 14 de diciembre de 2004.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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Una respuesta a

  1. Nacho Vega dijo:

    >"El poder no me va a cambiar". Y tenía razón, don Santiago. Sigue siendo el mismo inútil de siempre.

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