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Los domingos toca mitin
Santiago González
Durante años tuve por consigna de obligatorio cumplimiento una observación de Vicent en una de sus columnas dominicales. Venía a decir que los domingos los hizo el Señor para pasarlos en pijama, rascándose la entrepierna. Era una metáfora. Los domingos no pasaba nada, no funcionaban los parlamentos, los gobiernos, los ayuntamientos,  ni las empresas. España se convertía en una muchedumbre de individuos que se dedicaban mayormente a asuntos particulares: tomar el vermú y sestear en el sofá. Esa es la razón de  que los partidos se hayan inventado la necesidad de comunicar con su público. Para eso se han inventado las convenciones y los mítines, reuniones que podrían parecer de distinta naturaleza, pero con un fin primordial es abrir los telediarios.
“En el mitin lo importante no eres tú, son los aplausos”, se sinceró Zapatero ante su biógrafo De Toro. En el momento de leerlo comprendí cabalmente la abnegación y la capacidad de sacrificio de este hombre que jamás ha vacilado en sacrificar su rigor intelectual y su respeto por los hechos ante un bien superior. Ayer tocaba convención municipal en Sevilla, es decir, un mitin ante un auditorio seleccionado: dos mil alcaldes y concejales socialistas.

“El PP está convencido de que va a ganar de calle las elecciones. Se les olvida sólo una cuestión que yo tengo presente cada minuto: para ganar unas elecciones hay que merecerlo”. Una afirmación así requiere una confianza extraordinaria en la Divina Justicia de Dios, Nuestro Señor, que “premia a los buenos y castiga a los malos”, según dejó escrito el padre Jerónimo de Ripalda en el siglo XVI, siglos antes, incluso, de que se inventaran las elecciones. Y el fútbol. Las elecciones se rigen por una lógica despiadadamente cuantitativa, para ganarlas basta con sacar más votos que los adversarios.  O, como le oí a un gran delantero hace unos años: “hemos ganado porque les hemos metido más goles que ellos a nosotros”.

Tuvo razón en una cosa el presidente: la campaña del PP se resume en “la culpa es de Zapatero”, obcecación incomprensible después de los esfuerzos empleados por el PSOE (una palabra más) en dejar claro que “la culpa no es de Zapatero”.

Fue en otra convención municipal, celebrada en San Sebastián el 15 de enero de 2005, el presidente del Gobierno aceptó el reto formulado por Otegi en el legendario mitin de Anoeta del 14 de noviembre anterior y reiterado la víspera por carta: “He oído al señor Otegi, y quiero decir que todos los ciudadanos queremos escucharles. Pero para ello es necesario que cese de una vez el ruido de las bombas y de las pistolas, que tengan la valentía de rechazar y condenar la violencia”.

Les escuchamos y no rechazaron, ni condenaron, y ETA volvió a matar y dos treguas después volvemos a estar en las mismas y siguen sin condenar pero al muñidor Eguiguren y a muchos socialistas de alma cándida tampoco les importa mucho.

Ayer pidió a sus alcaldes y al partido en general una campaña sin rifirrafes y por el empleo, lo cual es de mucho interés en época de austeridad, porque nos saldrá más barata. Después de todo, el cartel y su eslógan ya están hechos: “Motivos para creer. Por el pleno empleo”.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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