La gran esperanza roja

Santiago González

En la historia del PSOE sólo han salido bien unas primarias: las primeras, que enfrentaron a Nicolás Redondo con Rosa Díez en 1998. El ganador incorporó a la perdedora y ambos perdieron frente a Ibarretxe. Aquel mismo año, el secretario general, Joaquín Almunia, perdió frente a Borrell y el partido tuvo que filtrar a la prensa las corruptelas de dos colaboradores de éste para obligarle a dimitir. Cuando el ex ministro Asunción  se personó en las primarias de Valencia contra Alarte le anularon los avales y la querella se arrastra desde entonces por los pasillos de los juzgados.

En el mismo tiempo, Tomás Invictus se presentó contra Trini Puede, candidata de Zapatero y Rubalcaba, y ganó de calle. Otro tanto lo de Jordi Hereu contra Tura y el aparato. Zp sacó conclusiones y se plantó en el previsto fracaso del 22-M con la misma estrategia que el PNV en las presidenciales del Athletic: dos candidatos propios. El menos propio hizo una oferta a la candidata más allegada que la llevó a volver antes de haber ido.

Todo habría sido más o menos comprensible si no fuera por la épica y por su empeño de llamar elección al ungimiento. Zapatero anuncia unas primarias que a su partido le parecen un dislate, el voto es demasiado importante para dejarlo sin vigilancia en manos de los afiliados. Mejor un candidato solo, pero lo que se impone no es la rectificación, sino la perseverancia: cambian el significado de las palabras y presionan a Chacón, que renuncia entre lágrimas y pucheros. Es una lástima que la derrotada pertenezca al sector laico, porque la mística habría sido una eficaz muleta: “también entre pucheros anda el Señor, ayudándonos en lo interior y los exterior”, escribió Teresa de Ávila en sus ‘Fundaciones’.

“Me voy a presentar a las primarias”, ha anunciado en el momento mismo de ganarlas. A Rubalcaba le basta un voto, para salir proclamado candidato. No sé si este panorama bastará para tenernos con el alma en vilo la noche del recuento, pero quizá valga la pena el espectáculo. Siempre se ha dicho que Rubalcaba es como Onésimo, aquel jugador del Valladolid tan apegado al balón, que solo ante la portería adversaria, volvía contra sus propias filas con tal de no deshacerse de la pelota. El todavía secretario general lo elogió diciendo que un tipo “capaz de correr 100 m en poco más de 10 segundos es capaz de ganar en 10 meses unas elecciones”, demostrando que también es incompetente como ministro de Deportes: no sabe distinguir entre un sprinter y un fondista.

Por otra parte, el PSOE no está para reflexiones: sólo busca un improbable remedio mágico que le evite la derrota de marzo y han puesto al velocista a correr la maratón. ¿Es Rubalcaba la gran esperanza roja? Es dudoso. Ha dirigido tres campañas en su vida, aparte de avalar a Trinidad contra Tomás: la de Rosa Díez a las elecciones europeas de 1999, que perdió por 4,5 puntos frente al PP; la de la Alcaldía de Madrid, en la que Jiménez perdió la chupa frente a Gallardón por 15,6 puntos y el Congreso que Bono perdió por nueve votos contra Zapatero en julio de 2000. Ojo, perdió Bono, no él.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s