Territorio Txeroki

Santiago González

“Estamos en una nueva era”, dijo ayer durante su discurso en la Juntas Generales de Guipúzcoa quien ya es el diputado general. Era una declaración retórica, mera manifestación del Adán que todos llevamos dentro, ese sentido inaugural de la existencia. Es evidente que Martín Garitano nunca había sido diputado general y que Batasuna, con ninguna de sus marcas había alcanzado nunca el Gobierno de una Diputación ni la alcaldía de una capital.

En realidad no es tan nueva. Remite a los tiempos en que el control de ETA y Batasuna sobre los ciudadanos se ejercía desde fuera de las instituciones, antes de que un esforzado trabajo de Gobierno, Fuerzas de Seguridad y tribunales de Justicia consiguieron declarar ilegal a una fuerza política que mantenía una estrategia común con la banda terrorista que mataba  a sus oponentes.

El candidato llevaba un pin en la solapa con el número de preso de Otegi. Él es sólo un outsider en una coalición formada por dos partidos democráticos y un número indeterminado de independientes como él mismo. Se expresó como los batasunos de siempre: él planteará la resolución del conflicto, mediante los cambios políticos y jurídicos necesarios para poder acceder a la independencia. No era de esperar que en tal momento condenara la violencia de ETA, un asunto que había relativizado en declaraciones previas: “si la lucha armada ha compensado o no, habría que preguntárselo a quienes la han practicado”. El nivel de rentabilidad, eso es lo que define el criterio moral del diputado Garitano sobre 858 asesinatos.

También había dicho “no queremos que nadie siga llevando escolta” y su correligionaria Ana Carrere, la alcaldesa independiente de Andoain, ha puesto manos a la obra mediante el sencillo procedimiento de prohibir su entrada en el territorio de su jurisdicción.

Ha sido una larga cadena de complicidades rematada por la mayoría progresista del Tribunal Constitucional; retroceder en el tiempo es un empeño difícil que requiere mucho esfuerzo, pero ya estamos otra vez a finales de los 90 y la Ley de Partidos ha dejado de estar vigente. Por eso estaba tan contento Txeroki mientras lo juzgaban. No abandonarán el terrorismo; lo mantendrán como una garantía para los desafectos, mientras se extiende el modelo guipuzcoano a Bizkaia y Araba (según la única denominación oficial).

 

Reivindicaba Mario Onaindía para sí el papel de guía comanche, un indio transversal, diríamos ahora, que llevaba guerrera de indio y pantalones de soldado. Pérez Reverte llamó ‘territorio comanche’ a aquel en el que el instinto del reportero de guerra le recomienda dar la vuelta. A nosotros, gracias al partido que gobierna en España y en la Comunidad Autónoma, y también al socio de Zapatero en lo primero y encarnizado adversario del lehendakari en lo segundo, nos ha tocado un guía sordo y ciego. Pero ni el guía Eguiguren ni el terreno de los peligros son comanches. El recién investido diputado expresó su gratitud “a los que siguen en situación ilegal, porque su ansia por la democracia debería ser modélica y ejemplar para todos”. Desde ayer, Gipuzkoa es territorio Txeroki.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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