Una furtiva lágrima

Una furtiva lágrima

Santiago González

La luz de septiembre se alarga y amarillea, mientras el candidato cunero del candidato Rubalcaba se imponía en Zamora a Jesús Cuadrado, diputado local durante las tres últimas legislaturas. Es una buena noticia, al fin un acierto del sponsor; Alfredo P. patrocinó en el pasado a Trinidad Jiménez como candidata a perder las autonómicas madrileñas en lugar de Tomás Gómez, y en el más mediato, haber impulsado a Bono para la secretaría general que ganó José Luis Rodríguez Zapatero.

En este tiempo crepuscular se está materializando una observación del viejo Marx que sirvió a Marshall Bergman para titular un estimable ensayo: Todo lo sólido se desvanece en el aire. Bueno, cada cual tiene su forma: Rubalcaba se evapora. Zapatero también se hace evanescente, pero con su propio estilo: su marcha deja tras de sí el leve rastro desdibujado de su propia imagen, como si fuese una cara de Bélmez.

El presidente ha hecho una confidencia extraordinaria al periodista Antonio Casado, que éste ha dado a conocer en un susurro a Carlos Herrera. Es en realidad una calcomanía de sí mismo, hecha con la sinceridad ambivalente de quien habla con un pie en el estribo, y se dirige en última instancia a la posteridad: “Me voy sin rencor hacia nadie. No conozco ese sentimiento”.

Vayamos por partes: ¿cómo podría albergar rencor un hombre que ha hecho un escrupuloso acuse de recibo de cada uno de los agravios recibidos? Zapatero es en este aspecto una versión amable de un antecesor decimonónico: Ramón María Narváez, el Espadón de Loja, hombre que apuntaló la monarquía de Isabel II: fue siete veces presidente del Consejo de Ministros, y su muerte, en 1868, fue el antecedente del fin de la monarquía isabelona. Estando ya en su lecho de muerte, su confesor le invitó a perdonar a sus enemigos. “No puedo, padre”, respondió. “Los he fusilado a todos”.

Es más significativa, si cabe, la segunda parte de la confidencia: “no conozco ese sentimiento”. Y lo es tanto por lo que supone de revelación de carácter, como por su naturaleza paradójica. El presidente que espera al otoñal 20-N como agua de mayo primaveral (él siempre ha vivido un poco en el hemisferio austral) no conoce el sentimiento del rencor y este hecho es un atenuante para uno de los efectos más negativos de su forma de gobernar: reavivar el rescoldo del rencor entre los españoles por una guerra muy lejana y por querellas aún más antiguas, como el agua. Viene aquí a cuento el grito de guerra del general carlista Cabrera, enemigo de Narváez: “a por ellos, que son de regadío”.

Él, sin embargo, no conoce ese sentimiento y se predispone a ser inspector de nubes, en la creencia de que su huida, motivada mitad y mitad por el narcisismo y la cobardía, puede ser amparada por una cita de Ramón Gómez de la Serna. “No conozco ese sentimiento” constituye un manifiesto del buenismo, una lágrima socialdemócrata, que es la exhibición de los sentimientos con que las almas bellas sustituyen la asunción de sus propias responsabilidades.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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3 respuestas a Una furtiva lágrima

  1. Neo... dijo:

    Jack el destripador tampoco guardó rencor a ninguna de sus victimas. Unas ciertas discrepancias sí, pero rencor, de ningún modo. Buen hombre en el fondo, pero siempre, pero el siempre prefirió analizar las cosas por partes.

  2. Es tan estremecedor como el reo de muerte, que cuando va conducido al cadalso se tambalea, tropieza y cae, sobreactuando por ultima vez, buscando a la desesperada una salida de tan engorrosa situación. Sólo le queda la infantil esperanza de que lo que para los demás fue una pesadilla, para él sólo sea un sueño.

  3. jose antonio parro dijo:

    Me viene a la memoria el “…sin acritud de Felipe Gonzalez” Esta parla, como a otros sectarios la suya, es otra neolengua para pervivir de manera privilegiada. A mi me resulta increíble, pero les funciona.

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