Cap al sobiranisme?

Las encuestas de ayer sobre la intención de voto en Cataluña coinciden en que CiU se va a quedar más o menos como está y que el PSC va desplomarse sobre su anterior desplome: los resultados del 20-N. Se sale de la tónica general el pronóstico de que CiU roza la mayoría absoluta hecho por La Vanguardia, cuyo propietario, el conde de Godó, parece dispuesto a cambiar la Grandeza de España que le viene de familia por la Grandesa de Catalunya, para la que está acumulando puntos.

Habrá que ver. No sabemos si Mas va a presentar una propuesta electoral abiertamente soberanista, o sigue empleando tácticas dilatorias y eufemismos: no hasta que no haya una mayoría sólida, no es la independencia sino el derecho a decidir, and so on, en cuyo caso todo seguirá como estaba, pero con la cabeza más cargada por el calentón. Habrá que ver si el candidato del PSC, Pere Navarro, da un volantazo para apartar a los suyos de la senda catalanista. Mientras, los minoritarios tratan de atraerse a Ridao, y sus compañeros de l’Esquerra tientan a Montserrat Tura, quizá para dar un toque cosmopolita a ERC. Recordarán los más viejos del lugar cuando, la entonces consellera de Interior se hizo conducir a La Jonquera para visitar alguno de los prostíbulos que han dado justa fama al Alt Empordà. Allí se interesó por las condiciones de trabajo de las pupilas y pidió que le enseñaran las sábanas sobre las que rendían su mercenario culto a Venus. El prestigio de la industria textil catalana también es un intangible a proteger.
Lo de los nacionalistas vascos es otro asunto desde sus orígenes. El fundador del PNV había aceptado en 1901 los contactos de su partido con la Lliga de Prat de la Riba y Cambó, pero con tacto: «La causa de Cataluña, ciertamente, no es la causa de nuestra Patria, ni siquiera hay semejanza entre ambas».

Ayer, Alderdi Eguna (Día del Partido), el presidente y candidato a lehendakari, Iñigo Urkullu, se arrancó con un espectacular juego de imágenes literarias: aspira a configurar Euskadi como una nación que se mida con otras «en un ámbito de soberanías compartidas» (oxímoron; soberanía, como madre, sólo hay una), sin subordinaciones impuestas (pleonasmo). O tal vez no. Tal vez los nacionalistas vascos (y los catalanes) sí acepten subordinaciones voluntarias. Un suponer, a los chinos si acceden a pagar la factura de todo esto a fin de mes.

No sería una fórmula novedosa. Estaba ya prevista en la más rancia ortodoxia aranista hace 110 años. Sabino Arana formuló el año antes de su muerte los fundamentos de su evolución españolista. «Yo sólo quería que los EEUU e Inglaterra supiesen que los vascos queremos la independencia de nuestra patria», escribe a su mujer desde la cárcel de Larrínaga en junio de 1902. El mismo mes deja este hallazgo en Mi pensamiento: «Nuestro triunfo se me ofrece seguro y próximo: la independencia de Euzkadi, bajo la protección de Inglaterra, será un hecho en día no lejano». En fin, es lo que hay.

 

 

 

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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