Un viaje interior

La interpretación de las palabras de Mas es siempre un reto, aunque los hermeneutas pueden encontrar pistas en el comportamiento del lehendakari Ibarretxe durante los dos años y medio de gloria de su plan. El lunes actuó en el Atrium Viladecans, en el corazón del Baix Llobregat, donde hubo de acceder por la puerta trasera para no tener que soportar a varias decenas de anticatalanes que le esperaban en la Avinguda Josep Tarradellas para afearle el caso Palau, ignorantes quizá de que això no tocava. Ibarretxe escogió la vía trasera para no encontrarse con la muchedumbre a la salida del funeral por Fernando Buesa en febrero de 2000. Y Mas dijo: «Este pueblo [menos los de la entrada, se supone] no lo romperán porque las personas que vienen de fuera se sienten tan catalanes como el más catalán». El hombre es un festín para cualquier freudiano estricto. Repasen la frase: hay catalanes de verdad y personas que vienen de fuera y que «se sienten» tan catalanes como los catalanes fetén, catalanes por la gloria de mi madre, que diría cualquiera de ellos. Aunque no lo sean.
Ayer, en el almuerzo de la Cámara de Comercio de Barcelona, dijo dos cosas extraordinarias. La primera, que una Cataluña independiente tendría un PIB per cápita equivalente al de Alemania. Ningún empresario preguntó si ese cálculo implicaba la permanencia de Cataluña en Europa o la equiparación descontaba la salida de la UE. De hecho, en el coloquio, José Antich, director de La Vanguardia, que hizo de moderador, no leyó ninguna pregunta sobre la permanencia o no de Cataluña en la UE, cuestión que rebaja en 20 puntos los partidarios de la independencia. Quizá no la sabía. La segunda fue pedir a los empresarios que echaran una mano. «No pongo una pistola en el pecho a nadie». Él comprende que hay gente que tiene determinados intereses, un suponer, seguir vendiendo cava a los españoles, ahora que viene la campaña de Navidad, o coches Seat, que bastante difícil está ya de por sí la cosa.
Pero el presidente no concibe esa razón. «Vamos a superar a Alemania en renta per cápita. De aquí a 2010 les podemos superar perfectamente. Igualar y superar ligeramente», dijo Zapatero, un hombre tan documentado como Mas, pero con más gracia, el 15 de enero de 2007. Al fin y al cabo, Zapatero iba a Moscú y se hacía fotos con Medvedev y Putin, y en Nueva York con Obama y las familias. Nuestro Moisés, en cambio, se llevó un séquito de 80 para retratarse solo en la Plaza Roja. Hoy dará una conferencia en Bruselas con un título sorprendente: Destino Europa. La paranoia vive en grandes palacios barrocos, dijo Julia Kristeva, y el nacionalismo es siempre un viaje perifrástico.
El primer lehendakari de los vascos tituló sus memorias De Guernica a Nueva York pasando por Berlín. El honorable ha dado más rodeo sin moverse del sitio. Tiene como destino el mismo punto de partida, aunque se las arreglará para perderse por el camino. Podrá hacerse una foto en la Grand Place o en Chez Léon. Al menos, si lleva un séquito como el de Moscú, tendrá un público aceptable para su charla en Bruselas. Y muy agradecido.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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