Bondad y paliativos

El Congreso trató ayer de los desahucios con un resultado vagamente consolador para el PP: su mayoría absoluta fue aliviada por UPyD, que tachó el paso de pequeño, pero lo aprobó con un posibilista menos da una piedra. Lástima que el presidente Rajoy no acudiera al Pleno para ver al portavoz magenta razonar a su favor y atemperar en el futuro sus arreones a Rosa Díez, aun invocando el descanso espiritual de Clint Eastwood en El bueno, el feo, el malo: «Mi peor enemigo vela por mí».

El decreto es opinable, pero algo había que hacer. ¿Por qué un niño menor de tres años paraliza el procedimiento y no uno menor de cuatro? Una medida sin coste sería copiar de los franceses la prohibición de lanzamientos en los meses de invierno, un suponer, y es seguro que podrán proponerse medidas pertinentes para paliar el problema social de los desahucios.

El Pleno fue por lo general una exhibición sentimental. Premio especial para el portavoz de Amaiur, que recordó, muy campanudo, que el derecho a la vivienda está recogido en la Constitución. Sería bueno distinguir los derechos exigibles porque comportan deberes para otros de los indicativos. El derecho a la vivienda es uno de ellos, y la Constitución no dice que haya de ser en propiedad. El artículo 43 recoge el derecho a la protección de la salud, pero no podrá querellarse contra nadie si le diagnostican cáncer. Si es usted catalán, podrá reclamar a la Generalitat, ya que CiU prometió disminuir esa patología y aumentar la longevidad.

Especialmente afortunada estuvo Soraya R., al denunciar que no se paraliza el desahucio, sino que se retrasa. Verá, portavoz, paralizar el procedimiento por dos años es exactamente lo mismo que retrasarlo 24 meses. Hace unos días colgué en mi blog un anuncio de la entonces ministra de Vivienda, Carme Chacón, que a finales de 2007 anunció seis nuevos juzgados para agilizar desahucios. Sus congéneres me matizaron: se trataba de «casos de alquiler». Si lo sabría yo. Cuando Chacón tuvo la ocurrencia de la renta de emancipación, todo el que hubiera estudiado primero de Economía sabía que la medida sería inane, por la rigidez de la oferta de pisos. Agilizar el desahucio era la medida necesaria si se quería que los propietarios de vivienda estuvieran dispuestos a alquilar.

Hagan la trasposición adecuada: ojo a modificaciones estructurales de la Ley Hipotecaria para solucionar un problema que, aunque dramático, puede ser pasajero. Cuidado incluso con la dación en pago. Trasladar todo el coste al banco, por muy villano que sea, va a dificultar a nuestros hijos el acceso a una vivienda propia, porque los créditos van a ser menores y más caros. O sea que si no tienen ustedes tantos pisos como descendientes, para dejar uno a cada uno, yo me lo pensaría. Hay una solución: que nuestros buenos sentimientos fluyan desde nuestro corazón a los ahorros y no exijamos a los bancos interés alguno por nuestros depósitos y nuestros planes voluntarios de pensiones. Así podrían dedicar ese dinero a cubrir los impagos de los préstamos hipotecarios.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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