22, los dos patitos

Admitamos como punto de partida que cada hombre sea uno y bino, él y su doble, que todo doctor Jeckyll lleve dentro su mister Hyde, o que cada uno de los hijos de Marta Ferrusola le haya salido repe, con un alter ego que era el titular de las cuentas.

Luis Bárcenas no es un Pujol Ferrusola, digámoslo de entrada para deshacer equívocos, pero no es inmune a esta enfermedad esquizoide. Ya hubo graves, y al parecer fundadas, sospechas de que él tuviera un clon, por mal nombre el cabrón, que administraba una cuenta en Suiza en la que llegó a haber 22 millones, una pasta. Luis Bárcenas viajaba a las montañas de Heidi, mientras el cabrón aprovechaba el viaje para ver a sus amigos en Ginebra.

Ayer, todo se hizo un poco más confuso. Por la mañana, su abogado declaró que su cliente había regularizado 10 millones de euros que tenía en una cuenta suiza. Un poco después, Hacienda desmentía con un comunicado la imposible afirmación del abogado Trallero, que, si no alter ego, también tiene su público. Soraya Rodríguez no sólo le creyó, sino que estableció una relación causal modelo post hoc ergo Procter hoc: ésta es la prueba de que el PP decretó la amnistía fiscal para poder encubrir a su tesorero.

España es como su cocina al decir de Camba: demasiado influida por el ajo y por las preocupaciones religiosas. Dejemos lo primero para Sostres y vayamos a lo segundo: Trallero y Soraya Segunda confunden la amnistía fiscal con la gracia santificante.

Antes, incluso, de la nota de Hacienda, ya debieron pensar que la regularización solo resuelve el problema de los impuestos no pagados, la deuda tributaria, no el de los delitos cometidos para hacerse con la base imponible. Ayer, varios medios titulaban que el ex tesorero del PP «amasó una fortuna de 22 millones en Suiza», otro equívoco. La llevó amasada de casa; todo lo más, en los bancos suizos se la hornearon.

Bárcenas fue nombrado tesorero por Rajoy en 2008. Para entonces, ya administraba las finanzas del PP en compañía de otros, mientras cuidaba de los dineros que sus socios y él mismo tenían en la cuenta suiza. Demos por bueno que no llegó a haber dinero del PP, como ha dicho su abogado. Aceptemos que es un contable a la antigua usanza, como los administradores de fincas urbanas, que llevan varias cuentas a la vez. Es más difícil de creer que en su declaración de actividades al tomar posesión de su escaño en el Senado en 2008, olvidara citar empresa tan boyante.

«Bárcenas no tiene nada que ver con el PP», ha declarado la secretaria general, hecho relativamente cierto desde que el 28 de julio de 2009 dimitiera temporalmente tras ser imputado provisionalmente por el Tribunal Supremo. Ojalá pasara eso en Cataluña cuando imputen a los Pujol o a sus clones. Pero tuvo mucho que ver, y la ignorancia de sus otras actividades es un marrón para el partido. Incluso si no hubiera más delito que el de distraer la deuda tributaria de sus socios. ¿Volverán las oscuras golondrinas a contar que Hacienda somos todos? Queremos saber.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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