Los nuestros y los otros

Calificaba el gran Cuartango de tópico la idea de que los partidos quieren acabar con la corrupción: «Esto sólo es cierto cuando se trata de la ajena». Efectivamente, todos ellos denuncian la corrupción de sus competidores y todos tienen razón. Por limitarnos a asuntos del día, sería atendible el plan de Rubalcaba para tratar el último caso de corrupción que apunta en el PP si antes -o al mismo tiempo, no nos pongamos tiquismiquis- hubiera expuesto un plan razonable para acabar con la que apunta en la Fundación Ideas que él preside. O con la que tantos años se ha enseñoreado de Andalucía con los ERE, por poner solo dos casos.

«El infierno son los otros», escribió Sartre en una obra de teatro, A puerta cerrada. El marido de Simone de Beauvoir estuvo muy sobrevalorado como pensador, pero anduvo muy fino con esta expresión de alteridad. Comprueben, por ejemplo, la rapidez con que el soporte de CiU, Oriol Junqueras, se apuntaba a la legión de los decentes para descalificar la oposición, ma non troppo, de Pere Navarro: «Nuestra voluntad no deriva de lo que digan los gobiernos y los tribunales españoles», manifestó ayer este tío, que pasa por ser el intelectual de la cuadrilla, el profesor, en un portentoso alarde de sus capacidades hermenéuticas. Aun con menos estudios debería saber que la voluntad de las personas nunca deriva de los gobiernos, las leyes y los tribunales; sólo está limitada por ellos.

No se quedó ahí. Acusó al PSC de pedirles que confíen su futuro al PP, «que es el que hace decretos contra la enseñanza y que parece ensuciado por una mancha gigantesca de corrupción». Un hecho y una apariencia homologados por el ojo clínico de Oriol, al mismo tiempo que cierra el otro para no ver la corrupción de sus coaligados y de sus propios correligionarios. La del dinero y la de los niños, adoctrinados en la escuela que gestionan los nacionalistas para dibujar señeras esteladas en Primaria, y luego, ya en la ESO, a dibujar héroes catalanistas de cómic, el guerrero de la lengua, en lucha contra «la lengua de la maldición». En la escuela balear ha tenido mucho éxito Cat Mercè, una heroína que es en parte Superwoman, en parte La Llibertat guiant el Poble, como en el cuadro de Delacroix, pero con la teta dentro, mayormente por el frío.

No es de esperar que en cada partido surja un impulso regeneracionista que lo refunde sobre bases de transparencia y limpieza en relación con el dinero. La cuestión no es volver a mirar las cuentas, como dice la secretaria general; un segundo examen no hará aflorar lo que no apareció la primera vez. Se trata más bien de investigar: si Bárcenas pagó en sobres, es porque era dinero negro. De lo contrario, se lo habrían ingresado mediante transferencia.

Es un fin de ciclo. La corrupción para los españoles, catalanes incluidos, está actualizando el viejo chiste del matrimonio burgués en el palco del Liceu, señalando a las queridas de sus conocidos: «Mira, ésa es la corrupta de Martí y aquella del vestido rojo, la de Muntañola». «¿Pues sabes lo que te digo? Que me gusta mucho más la nuestra».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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