Amy y la negritud

La negritud no es ya en tiempos de Obama el movimiento abanderado por el presidente senegalés Leopold Sédar Senghor, el primer negro en la Academia Francesa que tanto cautivó a Alfonso Guerra. Hoy quiero hablar del negro, del escritor que presta su mano (la mano que mece la pluma) a propósitos ajenos, aceptando cambiar la gloria posible por un poco de pasta cierta.

Hay grandes historias detrás de los negros y otras minorías raciales. A mí me tocó entrevistar en 1984 a Francisco González Ledesma, gran periodista y gran tipo que aquel año ganó el Planeta. El otro día comentaba con su hijo, Enric, de raza le viene al galgo, la emoción que sentí al enterarme por su boca de que en los tiempos duros escribía novelas baratas para Bruguera con el nombre de Silver Kane. Él, un tal Keith Luger y Clark Carrados eran el top del género para mí, lector adolescente. Enric me contó que Carrados era en realidad Luis García Lecha, un funcionario de prisiones que en el franquismo hacía de agente literario de los políticos que escribían y sacaba sus escritos de la cárcel Modelo para llevarlos a la editorial.

Hay una novela en esa historia, pensé, y he vuelto a acordarme de ello al tener noticia de Amy Martin, la misteriosa columnista estrella de la Fundación Ideas. «Una mujer que es una estepa sola», escribió Miguel Hernández de ‘Pasionaria’. Eran otros tiempos. La socialdemocracia y la modernidad han traído un lenguaje más Maiakovski: Amy Martin es una marca registrada por Storylines Project, una empresa administrada desde diciembre de 2011 por Irene Zoe Alameda, esposa en la vida real de Carlos Mulas, el director de la Fundación Ideas, que fue el administrador único hasta pasarle los trastos a su señora.

Luego dirá el PP que la izquierda trata de socavar los valores familiares. Ahí están para desmentirlo los generosos pagos de la fundación a la traductora Valenciano. «Es legal y es moral», como dijo la portavoz socialista en el Congreso. «Nosotros no tenemos dinero negro», ha dicho Rubalcaba, que es el presidente del invento. Lo que tenemos es una negra que nos cuesta buen dinero. Negra o afroamericana, como gusten.

Ella escribe artículos que luego son publicados en la web de la Fundación Ideas y, ocasionalmente, en la web de Público. Me pregunto qué sentirán los columnistas del periódico que pudo ser y no fue cuando sepan que el agente literario de la razón Amy Martin facturó 8.880,33 euros por cuatro artículos suyos y comparen. Cobra por el texto y cobra por la versión en inglés. Nadie podrá decir que las facturas no detallan el trabajo realizado. Cada golpe de tecla en castellano son 0,16 euros; en inglés, 0,10. A menudo, ¡oh, prodigio!, el artículo en castellano tiene los mismos caracteres que su versión inglesa, un imposible radical. Un ejemplo: El cine como síntoma de desarrollo. La industria cinematográfica de Nigeria. Y Cinema as a symptom of development. Nigerian Film Industry. Ambos tienen 6.876 caracteres.

El título en castellano le ha costado 75 pulsaciones. En inglés, 58, no les digo más.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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