Cristales rotos

Ayer se consumó algo que estaba en el aire desde hacía tiempo. El soberanismo, como la revolución imitando a Saturno, -según dicen que dijo Robespierre-, acaba devorando a sus propios hijos. Cataluña está hoy más lejos del resto de España que nunca. Además, se ha separado de sí misma, el fantasma de la división ha acabado escindiendo al PSC del PSOE y ha terminado cuarteando al socialismo catalán: Carme Chacón había mostrado a Navarro su disposición a devolver el acta de diputada.

En Maridos y mujeres, la pareja formada por Woody Allen y Mia Farrow se deprime porque sus amigos Judy Davis y Sidney Pollack les cuentan en una cena que se van a divorciar. Al final sus amigos siguen juntos, mientras ellos se separan con gran aparato eléctrico. Allen se lía con una alumna suya, en un anticipo de la relación real entre el propio Allen y la hija adoptiva de su mujer, Soon Yi.

Recuerden cuando Montilla dijo: «Zapatero es la garantía de una España cohesionada, unida, plural y diversa» (14/7/2003). O cuando el mismísimo salvó el Estatut de su primer naufragio (dicho sea sin señalar) con estas palabras: «Cuando finalicemos la reforma del Estatut, Cataluña será más España y España estará más unida» (17/10/2005).

Uno de los factores no desdeñables de este carajal es la calidad intelectual de quienes dirigen la política catalana. Baste leer cualquier entrevista con Oriol Junqueras, el profesor. En la última, le contaba a Sostres que Eslovaquia y Eslovenia estaban fuera de la zona euro. Y de ahí para abajo. Casi todos son alcaldes de pueblo. Esto no tiene nada de malo en sí, pero predispone al localismo. Arzalluz, cuando quería descalificar al lehendakari Ardanza decía con melifluo jesuitismo: «Era un buen alcalde de Mondragón». El profesor Junqueras es alcalde de Sant Vicenç del Horts; el gran Montilla lo fue de Cornellá; Maragall, de Barcelona, y Pere Navarro, de Tarrasa. Hay una excepción: Artur Mas, que ni siquiera llegó.

Todo era un simulacro. No se comprende que Navarro haya decidido votar a favor del derecho a decidir si cuando el asunto se vio en el Parlament lo había hecho en contra. Rubalcaba ha expresado su disgusto y anuncia consecuencias, pero no ruptura. Lo de Chacón ha sido un ni sí ni no, entre el no a ERC y el silencio administrativo, pero en su gesto al anunciar su disidencia y ofrecer devolución del acta (dichosamente no hará falta) era como si empezara a cantar por lo bajo «yo soy la Carmen de Olula y no la de Hospitalet».

En el dramatis personae del PSOE, todos son culpables del error Zapatero. Todos le secundaron cuando dijo en decenas de ocasiones que «el PSOE es el partido que más se parece a España». Otro error. Es España el país que cada vez se va pareciendo más al PSOE, que ayer, en el Congreso, vio reflejarse como en los espejos del callejón del Gato la imagen rota de sí mismo. Puro Valle-Inclán.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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