Comunidad sin ley

Es altamente sorprendente en Artur Mas y su alter ego Francesc Homs, ese ‘par director’ de Cataluña, que habría dicho el gran Julio Cerón, el singular empeño de ambos en hacerse los disléxicos, su portentosa e impostada incapacidad para comprender el significado de las palabras. Bueno, en rigor, hay algo aún más extraordinario en los esfuerzos miméticos de Pere Navarro para asimilarse a ellos. Lo del profesor Junqueras es otro papelón, pero él, al menos, se lo va a cobrar en votos.
La ley no es un criterio que sirva a las instituciones de Cataluña para articular la convivencia: no la cumple el poder ejecutivo, no le importa al legislativo, ni al judicial en su sentido amplio, como acaba de demostrar brillantemente el dimitido fiscal superior Rodríguez Sol. Si hablamos del poder judicial stricto sensu, la más notable aportación de CiU al Consejo General del Poder Judicial fue la vocalía del juez Lluís Pascual Estevill, condenado en 2005 a nueve años de prisión por delitos continuados de prevaricación, extorsión, cohecho y detenciones ilegales. Los ayuntamientos gobernados por el nacionalismo empiezan a dejar de pagar sus impuestos al Estado. No diré más.
«Jamás seremos el tonto útil de CiU», le dijo muy solemne Pere Navarro a Esther Esteban. No estaría yo a la parte sustantiva de la frase. Ciñámonos pues a lo adjetivo, lo de «útil». Justamente el único que encuentra utilidad a su propuesta de llevar al Parlament el derecho a decidir que rechazó el Congreso, ha sido CiU, que la ha adoptado alborozadamente. Gracias a esta cómica pareja, la cámara catalana va a declararse otra vez soberanista, después de que Quico Homs (hay nombres que revelan más sentido en el hipocorístico) negara a aquella propuesta «validez jurídica». Era cuestión de «libertad de expresión», decía el hombre, como si algún diario catalán fuera a negarles una tribuna, un remitido, un editorial. ¡A ellos! ¿Puede un parlamento perder el tiempo aprobando resoluciones tan inútiles como el partido de Navarro? Sí, si es catalán.
El presidente del Gobierno tendrá ocasión de comprobar que la parsimonia no ha servido para que el nacionalismo rebaje su belicosidad, ni para que deje de llamar ‘propuesta de diálogo’ a lo que desde el primer momento sólo fue ultimátum: sí o sí.
Cabe la sutileza de regalar a Mas la última edición del DRAE, pero es más seguro el cumplimiento de la Ley. Los árboles le impiden divisar el bosque, y el pueblo la visión de la ciudadanía. Cataluña ha modelado un paisaje, decía aquel inefable preámbulo del Estatut que se cayó durante el proceso. Y a lo que se ve, también un paisanaje.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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Una respuesta a Comunidad sin ley

  1. enero2010 dijo:

    La evoluciòn semäntica proviniente del identitarismo soberanista se justifica con el derecho de los pueblos a utilizar sus propias licencias poéticas.

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