La ucronía

Debo confesar que aprendí de pequeño el significado de ucronía. Había (y hay) en Covarrubias, mi pueblo, una obra excepcional, el tríptico de la Adoración de los Reyes Magos, una talla de madera de roble de finales del XV, cuyo autor fue seguramente Gil de Siloé. Era yo niño, como digo, y no dejaban de chocarme dos detalles: uno de los Reyes, el negro para más señas, llevaba en su pecho un crucifijo de regular tamaño, y otro lucía la concha de peregrino de Santiago.

Faltaba todavía mucho para que se rodara Terminator, y yo, que encontré raro aquello, se lo pregunté a mi padre. El hombre no encontró otra respuesta que: «Es que eran Magos, hijo», lo cual sirvió para salir del paso, pero me dejó en el alma el poso de la duda.

Tampoco entonces leía periódicos ni la prensa era como ahora, y no podía saber que en el futuro se llamaría gran escándalo a unas fotos en las que un dirigente de segundo nivel autonómico navegaba en el yate de un empresario del que se decía que era contrabandista, aunque no había sido imputado. Las fotos fueron hechas años antes de que el dirigente pasara del segundo nivel al primerísimo y de que el contrabandista fuera detenido, imputado y condenado a 14 años de prisión por narcotráfico y tenga otro proceso pendiente por blanqueo. Gran asunto para un western: dos amigos, cada uno de los cuales llega a lo más alto en la especialidad que escoge, uno dentro de la ley y el otro fuera.

Unas fotos son sólo un punto de partida. Lástima que en este tiempo la foto sea el mensaje. El juez que investigó a Marcial Dorado y lo metió en la cárcel, José A. Vázquez Taín, intervino sus conversaciones telefónicas, incluidas las que mantuvo con Feijóo. Vio las fotos de Dorado con el hoy presidente de la Xunta, así como otras con distintos políticos gallegos, pero las consideró irrelevantes, por no haber un solo indicio en relación con el objeto de la investigación.

Algún periódico gallego tenía esas fotos en octubre de 2011, cuando arrancó el caso Blanco, pero desistió de publicarlas. El propio diario El País, que las publicó el domingo pasado, Pascua de Resurrección, las tenía desde mayo de 2012. ¿Por qué no las publicó entonces? Ni siquiera decidió hacerlas públicas en la campaña electoral de octubre, en la que Feijóo aumentó su mayoría absoluta. Si son Más que unas fotos, como titulaba su editorial de ayer, también debían de serlo hace 11 meses. Aunque si se compara con los ocho años que tardaron en publicar los malos tratos de soldados españoles a presos iraquíes en Diwaniya, según la veraz denuncia de Gervasio Sánchez, todo indica que vamos progresando.

¿Era Dorado narcotraficante en 1995, puesto que lo iba a ser después? Esto lo habría solucionado Tom Cruise en Minority Report, pero parece un empeño grande para un periódico. ¿Quién no ha sido contrabandista alguna vez en su vida? Yo mismo, pero eso lo contaré mañana, que ya no me queda espacio. Aprovechen para quemar sus fotos conmigo o acabarán en la portada de El País. Si son ustedes de derechas, claro.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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