¿Internas o externas?

Aunque el PSOE aprobó las primarias para candidatos en el congreso de Sevilla, el asunto se ha avivado ahora con los nombres de Madina, López y Chacón. Es éste un asunto recurrente, como fiebres tercianas socialistas, sin que se entienda muy bien por qué, con lo mal que les salieron la única vez que las hicieron. Debió de ser el tirón de las que celebraron Obama y Clinton. Un negro y una chica son dos candidatos irreprochables para un partido progresista. Con cualquiera de los dos aciertas, pero si la oposición llega a expresar preferencias por uno de los dos, puede ser descalificada por misógina o por racista, según.
Ahora también para los cargos orgánicos. Lo anunció el secretario de Organización la semana pasada y todo el mundo se ha puesto a hablar del tema. Felipe González no es un partidario acérrimo. Considera que refuerzan a quien las gana, pero no garantiza la designación del mejor. Evidente, pero lo mismo cabría decir de las elecciones. Sólo garantizan que se elige a quien prefieren los ciudadanos, nunca que sea un buen candidato; no pondré nombres.

Al secretario general no le gustan, pero no ha sabido disciplinar a los socialistas gallegos y toca hacer de la necesidad virtud. A Griñán no le gustan los aspirantes: Madina, por falta de fondo; Patxi, por su relación con Chaves y González; Carme, a quien apoyó el año pasado frente a Rubalcaba, porque se le ha pasado el arroz. Jauregui quiere repartir las bienaventuranzas y hacerlas obligatorias para todos los partidos. Patxi López no debía de estar muy atento, porque se pregunta, en la entrevista que le hace Esther Esteban en estas páginas, «si este enredo sobre los candidatos a las primarias no viene de fuera del partido, para distraer la atención de lo que está haciendo el Gobierno de Rajoy […]. El PSOE ante estas políticas no puede estar en un debate interno».
Y si nos distrae a nosotros, que se distraigan todos, ha debido de pensar, porque en la misma entrevista repite lo de Jauregui: «Deberían ser obligatorias para todos los partidos, lo cual se puede hacer con una reforma de la Ley de Partidos que recoja la exigencia de emplear este mecanismo. Y así nadie jugaría con ventaja».
En la España de este tiempo se cumple rigurosamente la observación de Baudrillard: para qué darles sentido a las masas, si lo que desean es espectáculo. Lo plasmaban Ricardo & Nacho hace 20 años, el día del primer debate televisado entre FG y el aspirante Aznar, ambos dibujados en un ring, con el árbitro en medio. «Que gane el mejor», decía éste para dar comienzo. «¡No, que gane el otro!» respondían las masas con una voz que era clamor.
También podría arbitrarse la manera de convertir las primarias en externas, es decir, que en cada partido se elija a los candidatos de los demás. Tampoco servirían para elegir al mejor, claro, pero todos llevarían resignadamente las suyas. Con las primarias pasa justo al revés que con las hemorroides: son más dolorosas las internas.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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