La hora del adiós

Antonio Basagoiti se va. Ha llegado a una edad en la que un hombre debe ir del corazón a los asuntos, y él ha decidido terminar una carrera política que empezó hace 18 años afiliándose a Nuevas Generaciones y presentándose a las municipales de 1995 como candidato por Bilbao. Habían pasado cuatro meses y tres días desde que ETA asesinara a Gregorio Ordóñez y aquel crimen fue un estímulo que animó a embarcarse en la política a la generación de jóvenes dirigentes del PP vasco, entre los que figura Basagoiti.

Siempre he tenido una buena opinión del presidente de los populares vascos. No era uno de los políticos que han profesionalizado su afán de servicio a la comunidad. Podría haberse dedicado a las empresas familiares con mayor tranquilidad y provecho económico, pero desechó esa posibilidad para hacer equipo municipal con su tía Ascen Pastor en el Ayuntamiento de Bilbao, para ser concejal del PP en una comunidad en la que tenía que ir con tres escoltas porque ETA mataba a los concejales de su partido. Por otra parte, ser cargo público del PP en Bilbao no es como serlo en Madrid, pongamos por caso. Tiene algo menos de oropel y de glamour, no sé si me explico.

Ahora, considera que ha llegado la hora del adiós, que 18 años es un periodo de tiempo suficiente para dedicarlo al compromiso político y que él, según explica, nunca ha tenido la intención de envejecer como un político profesional. Ha llegado a los 43 y piensa que es una buena edad para empezar otras actividades profesionales menos ingratas y que le permitan dedicar más tiempo a su familia.

No va a ser una despedida larga. Expuso su intención al presidente de su partido y ahora tendrá que resolver el problema sucesorio entre quienes parecen los candidatos mejor colocados para optar a la Presidencia: Arantza Quiroga y Alfonso Alonso. La rapidez que quiere imponer en el proceso hará desaconsejable la organización de un congreso extraordinario –que el PP, en rigor, tampoco considera imprescindible para sustituir al líder– y será una junta directiva la que resuelva el tema. Probablemente haya algún aspirante más, pero con muy pocas posibilidades. Los dos citados han cumplido razonablemente bien sus cargos: Quiroga, la Presidencia del Parlamento vasco, y Alonso la portavocía del Grupo Popular en el Congreso. Entre ambos parece mejor colocada la primera, que cuenta con el apoyo de los suyos y de los vizcaínos, y seguramente el del propio Basagoiti, aunque éste no se permite gestos explícitos al respecto.

No es un mandato fácil ni agradable el que recibe el heredero. El reconocimiento social al PP es perfectamente mejorable en Euskadi, pero basta escuchar al mismo Patxi López a quien auparon a la Lehendakaritza casi gratis (la Presidencia del Parlamento para Quiroga fue el precio), para considerar que la gratitud no es una virtud muy generalizada en el cuerpo social).

Antonio Basagoiti se va y tal vez la política vasca debería mejorar sus hábitos ordinarios y cantar un Agur, Jaunak para hacer un primer y último reconocimiento a un buen tipo.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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