Otegui, a punto

El Tribunal Constitucional ha admitido a trámite el recurso de los abogados de Otegi contra la sentencia del Supremo que le condenaba, junto a Rafa Díez Usabiaga y sus tres compañeros de banquillo, en el caso Bateragune. Recordarán que los dos primeros habían sido condenados a 10 años por la Audiencia Nacional, en tanto que dirigentes de banda armada. Sus compañeros, (Zabaleta, Rodríguez y Jacinto) en tanto que miembros de base fueron condenados a ocho.

También recordarán que, ocho meses después, el TS falló que sí eran de la banda, pero no dirigentes, por lo que rebajó la sentencia de Díez y Otegi a seis años y medio y la de sus compañeros de banquillo a seis. El Constitucional deberá estudiar la petición de la defensa de que, al aceptar el recurso, suspenda la ejecución de la sentencia y ponga a los condenados en libertad.

Todo parece indicar que la estancia carcelaria de los cinco de Batergune va a ser acortada. El argumentario de Iruin se extiende y ya es abiertamente mayoritario en la sociedad vasca. Una moción a favor de liberar a Otegi en el Parlamento vasco obtendría hoy 64 votos a favor y 11 (PP y UPyD) en contra. Por la libertad de Otegi ha clamado todo el nacionalismo y el socialismo vasco realmente existente, con su presidente y su secretario general a la cabeza, y quien era, en la fecha de la sentencia del Supremo (mayo de 2012), el consejero de Interior, Rodolfo Ares. Siete meses antes, la portavoz del Gobierno de López se había pronunciado a favor de la sentencia.

Suena bien el discurso de Iruin: cómo se puede tener en la cárcel a un hombre por haber intentado reconstruir a Batasuna, cuando el resultado de su obra, bajo el nombre de Sortu, ha sido gozosamente admitido por el Tribunal Constitucional.

Es verdad que hay dos problemas: el primero es que fueron condenados por integración en banda armada y eso sigue tipificado en el 570 del Código Penal. ETA sigue siendo una organización terrorista para la Justicia, a pesar de su comunicado del 20 de octubre de 2011. Por otra parte, los condenados fueron detenidos en octubre de 2009, dos meses antes de que empezaran a producirse disensiones entre ETA y el resto de la izquierda abertzale. El comienzo de sus gestiones fue un encargo, no un gesto de rebeldía. Es más, el intento de la banda de aprovechar la detención de Otegi para reforzar su papel dirigente fue un motivo para que el disenso entre los terroristas y su brazo político comenzara a ser real. La detención de Otegi fue positiva para que ETA comenzara a plantearse el abandono de la violencia.

La sentencia del Supremo contó con dos votos particulares, uno de ellos, el del magistrado Alberto Jorge Barreiro, extraordinariamente ardoroso en la exculpación de los condenados. El mismo Jorge había presentado un voto particular contrario a la sentencia que denegó la inscripción de Sortu. Formaba parte de la misma lógica. Por eso mismo, no parece probable que el Constitucional vaya a oponerse a la excarcelación de Otegi. No van a desdecirse.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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