Una ETA gramsciana

LO que hay que ver. Batasuna y sus inflorescencias han encontrado en casa lo que no había encontrado tras años de dar la vuelta al mundo en una docena larga modelos: Chechenia, Bosnia, Lituania, Georgia, Sri Lanka, Nueva Caledonia, Islas Åland, Albania, la República Democrática Alemana, Irlanda del Norte, Quebec, Chekia y/o Eslovaquia, Gibraltar y los zulúes y el Partido de la Libertad Inthaka, una gentil aportación de Gerry Adams.

En general, se empezaron a fijar en cualquier lugar del mundo donde alguien pronunciara la palabra autodeterminación. Y ahora resulta que el modelo era Cataluña. En un artículo publicado en 1991, el entonces máximo dirigente de ERC, Josep Lluís (aquí y en China, vaya por Dios, otro modelo), leyó la cartilla a ETA por la matanza de Hipercor cuatro años antes: «Los vascos no sois españoles, de acuerdo, pero los catalanes tampoco, y con acciones como ésta no hacéis más que españolizar Cataluña. Ahora sólo me atrevo a pediros que cuando queráis atentar contra España, os situéis previamente en el mapa».

Bueno, pues Sortu, que no es otra cosa que Batasuna y las amables inutilidades que ponen una nota de pluralismo en el conjunto, ha definido su modelo como un híbrido entre el soberanismo de Artur Mas y los indignados del 15-M que le obligaron a ir al Parlament en helicóptero para burlar su bloqueo. O sea, que se han situado en el mapa, tal como les pedía Carod.

¿Qué papel le aguarda a ETA, si la tarea de aprender Geografía se la ha reservado Batasuna? Podrían disolverse, pero no están por la labor, ni ellos ni los aprendices de catalanes. Quieren dedicarse al noble arte de pensar, convertirse en el intelectual orgánico de Gramsci: la punta de lanza –la puntita nada más– de la revolución. Pueden seguir el camino de uno de los precursores: Xabier Zumalde Romero, el Cabra, que dio nombre a un grupo minoritario, pero intelectualmente muy audaz, de la ETA de los años 60. Los Cabras fueron los primeros que tomaron el pueblito de Garai, un domingo, a la salida de la misa mayor. Hicieron unas pintadas ante los atónitos feligreses y se fueron a Durango a la hora de comer. Este pionero abrió un museíllo en Artea, en el que exponía las dos primeras metralletas inglesas que tuvo ETA, manuales escritos por él mismo, una tienda de campaña y las capas verdes que había cosido su señora para el comando que tomó Garai.

No lo tomen a broma, la transformación de ETA en intelectual orgánico es garantía de paz para quienes no formamos parte de la banda ni de sus extensiones sociales. Lo explicaba con admirable laconismo Woody Allen: «¿Los intelectuales? Son como la Mafia. Sólo matan a los suyos».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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