Pactos son amores

Los dos partidos más votados por los españoles han modulado su discurso respecto a los pactos de Estado, aunque ambos reconocen que es difícil. Tienen razón. No hay costumbre. Han pasado ya 36 años desde la firma de los pactos de La Moncloa en octubre de 1977 y el único acuerdo que ha habido desde entonces entre el partido del Gobierno y el que podría aspirar a sucederle, fue el Pacto Antiterrorista que Aznar y Zapatero firmaron el 8 de diciembre de 2000.
Es verdad que tuvo problemas en su desarrollo. Eguiguren empezó a violarlo al año siguiente en sus conversaciones con Otegi, mientras su partido se hacía el distraído hasta que estuvo en posición de revocarlo a su llegada al Gobierno para aplicar «una agenda progresista en la lucha antiterrorista».
Hay algo en Rajoy y Rubalcaba que sugiere la búsqueda del clinch, el abrazo sonámbulo de dos boxeadores ya muy zurrados a la altura del décimocuarto asalto. Rajoy se ha entrevistado el mes pasado con tres de los cuatro últimos secretarios generales del PSOE. Con Almunia no, que no está para política interna. Si no aprovechó su viaje a Francia para llevar unas flores a la tumba de Rodolfo Llopis, que antecedió a González, fue en parte porque está muy lejos de París, en parte porque ya nadie sabe quién era Llopis ni en la dirección del PSOE.

A Rajoy y Rubalcaba les empujan al abrazo sus oposiciones internas, que en el caso del PP han sido las dos últimas comparecencias de Aznar. No va más allá porque el poder es un pegalotodo más fuerte que superglue y tampoco parece que el ex presidente esté dispuesto a dar el paso para volver a ser califa en lugar del califa. En la oposición todo es más descarnado y al secretario general sólo lo apoyan las viejas glorias del felipismo. Basta hacer un repaso a los nombres que se barajan como alternativa para hacerse una idea de la magnitud de la tragedia.

Si se leen con alguna atención las declaraciones de los dos secretarios generales, Rubalcaba y Cospedal, se ve que no confían en acuerdos duraderos, por más que se vaya a hacer cargo de la coordinación económica la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, mejor negociadora que Montoro. Incluso un reloj parado da la hora exacta dos veces al día y los dos partidos, en la consideración de que el público lo exige, han dado pasos para hacer ver que por ellos no ha de quedar.
Alfredo Pérez Rubalcaba se ha trazado una hoja de ruta que pasa por el acuerdo o por el acuerdo y explica la ventaja de que Rajoy vaya a la próxima cumbre europea con el respaldo de la inmensa mayoría del Parlamento español y, por supuesto, del PSOE. Seguramente ese confort moral no es tan determinante para Europa, habida cuenta de la mayoría absoluta que lo apoya. El jefe de la oposición recuerda vagamente a la pulga de la fábula de Samaniego en esto: «Del peso te libro yo». Y el camello respondió: «Gracias, señor elefante».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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