Benditos bares

España es el país con más bares per cápita del mundo. Las autonomías que encabezan el ranking son Cataluña, seguida muy cerca por Andalucía. Vistas así las cosas se comprende el anuncio de Coca-Cola sobre los abrevaderos públicos y su benéfica función social: «En un bar nos declaramos, escribimos guiones de cine y hasta redactamos la Constitución. Aquí, o eres de barra o eres de mesa, pero todos somos de bares, venimos así de fábrica (…) La red social más grande se llama bar. Benditos bares».
Los bares son los santos lugares de nuestra convivencia. Y de nuestra actividad económica. La Junta de Andalucía y sus testaferros ya se habían anticipado a ello, según contaba ayer en estas páginas uno de ellos, Juan Francisco Algarín Lamela, a quien Juan Lanzas empleaba como mensajero, go between, un correveidile que estuvo llevando sobres con pasta entre los bancos para entregárselos a las personas señaladas. Cinco años, dice el hombre que peregrinó por la geografía del comisionismo sevillano con sobres que recogía en los bancos por orden de Juan Lanzas para entregárselos a éste en los bares, benditos bares, situados en lugares estratégicos: frente al Parlamento, bajo la Delegación de Empleo de Sevilla, junto a la Consejería de Empleo de la Junta, frente al Ayuntamiento y junto a la Consejería de la Gobernación y el hotel Vértice, en la trasera de Mercasevilla. Siempre a la sombra de las instituciones, nadie podrá acusarles de frecuentar los bajos fondos.

El otro testaferro, Eduardo Leal, a quien se le ocuparon en su domicilio 18 talonarios de cheques y 13 de pagarés, fue reclutado como él de las filas del paro por Juan Lanzas, águila real del sindicalismo jiennense, basten dos detalles. Su madre, una Ma Dalton del hondo sur, mostraba ese orgullo que motivan siempre los cachorros a la madre que los parió: en casa hay dinero «p’asar una vaca». El amor de madre no lleva siempre al conocimiento científico. El fuego de billetes es un fuego fatuo, una llama que se ve en los cementerios o lugares pantanosos, lugares muy apropiados para fantasmas, pero sin poder calorífico para asar piezas de vacuno, que requieren leña dura, roble o mejor haya. Con billetes, aunque sean de 500, lo único que se podría hacer es chamuscar un lechón.
Por otra parte, Ma Lanzas confunde las habilidades de su hijo. Lo que hacía no era asar la vaca, sino ordeñarla. Tengo ya acuñado desde hace años que las autonomías han convertido sus estatutos en la banqueta de ordeñar la vaca. Se comprende, en cambio, que los paganos conocieran a Lanzas con el nombre artístico de los señores del Sur. El plural del apellido predisponía y los tiempos de crisis dan estos especímenes. Aquí, los señores del Sur; en los EEUU de la gran depresión, el emperador del Norte, un vagabundo que encarnaba Lee Marvin en la película de Aldrich y que decía en tono desalentado: «Hasta los estercoleros de esta país se han convertido en una porquería».
En Andalucía hay más bares que en toda Alemania. ¿No es un partido visionario el que ha convertido cada cantina en una oportunidad de negocio? Benditos bares.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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