Noruega y el “buenismo”

Estamos rodeados por el buenismo. Ayer, en un programa de radio se instaba a los oyentes a participar en una campaña desarrollada por una ONG, prometiéndoles a cambio un notable bienestar moral. «Su colaboración les hará sentirse maravillosamente. Regálense esta felicidad». No hay cosa más barata y mejor. Noruega acaba de significarse en este campo con una subvención de 1,15 millones de euros a la principal reivindicación de ETA: la autodeterminación. Se podría argumentar que la autodeterminación (aka derecho a decidir) es algo que reclaman nacionalistas que no son estrictamente terroristas vascos. Un suponer el PNV, pero es preciso recordar que ETA reclamaba sus dos condiciones de siempre (autodeterminación y territorialidad) mientras el líder más longevo (y cabreado) que ha tenido el PNV decía cosas como: «La autodeterminación, esa virguería marxista» o «¿para qué queremos la autodeterminación, para plantar berzas?».
El buenismo es una actitud muy nórdica, aunque más bien oral. El primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, dijo en el primer aniversario de la masacre de Utoya: «La bomba y las balas que utilizó Breivik querían cambiar Noruega. Los noruegos, no obstante, hemos estado a la altura y hemos mantenido nuestros ideales. El asesino fracasó, el pueblo ganó». Es discutible, aunque sólo sea desde el punto de vista estrictamente cuantitativo: Breivik, 77; Pueblo Noruego, 0. Desde un enfoque moral o cualitativo, roza la estupidez de puro obvio.

Luego endurecieron las leyes para casos venideros, pero eso no quita que en un conflicto ajeno subvencionen una autodeterminación que no les roza. El dirigente de Sortu Elejabarrieta, amigo de la Troika etarra tanto tiempo alojada en Oslo, les explicó: «Para los vascos y catalanes, es todavía ilegal decidir su propio futuro». Podría haber considerado que exactamente igual que para Oslo o cualquiera de los otros 18 fylkes en que está dividida administrativamente Noruega. Pero patrocinar el estudio de la autodeterminación vasca, ¿por qué no?
No se escandalicen. Más lejos llegamos nosotros durante el zapaterismo. El gran Moratinos aflojó 28.810 euros para una sede social de gays y lesbianas en Zimbabue, donde la homosexualidad estaba penada con cárcel. Ahora mismo, hacemos lo que podemos. El asesino de Marta del Castillo, que lleva cuatro años y medio vacilando a la Policía y a los jueces, recibe cartas y dinero de sus fans, inflamadas de amor, en este país pionero y ejemplar en la lucha contra la violencia de género.
Ser noruego consiste básicamente en saber hacerse el sueco. Cuenta Ángeles Escrivá que el Instituto de Investigación sobre la Paz de Oslo (PRIO) ya había patrocinado un seminario sobre el lío este de lo vasco bajo el sugerente título El nuevo proceso de paz vasco, o cómo aplaudir con una sola mano. Siempre viene a ser así: revistas para leer con una sola mano o aplaudir con una sola mano. A saber lo que harán con la otra esos guarretes.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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