13, mal fario

Parece evidente que a la Familia Real española le ha mirado un tuerto o la última vez que se embarcaron en el Fortuna era martes, o bien han pasado todos juntos por debajo de la escalera sobre la que Antonio López lleva veinte años pintando su augusto retrato sin saber todavía a ciencia cierta el número de sus modelos.
Llama la atención que la primera familia haya tratado de conjugar el mal fario con tan poca fortuna. En el Registro del DNI constan los NIF del Rey y su familia: dos dígitos. El monodigital era para la familia del dictador, aunque sólo para sus tres primeros miembros. Franco quiso prolongar el apellido, qué vanidad más tonta a la vista del resultado, e invirtió los apellidos a su primer nieto varón: Francisco Franco Martínez-Bordiú, pero el número del DNI debe de tener el que le tocara.
Es el caso que el Rey ostenta el 10, la Reina, el 11; la Infanta Elena, el 12; la Infanta Cristina, el 14 y el Príncipe Felipe, el 15. Dirán ustedes: «¿Y qué se hizo del número 13? ¿Y dónde están las lilas? ¿Y la metafísica cubierta de amapolas por las que preguntaba Pablo Neruda? Al parecer, la Familia Real es supersticiosa, o lo son los funcionarios del Registro; junto al número 13 se lee: «Anulado». Lo mismo que en Iberia, cuyos aviones carecen de fila 13, una gentileza de empresa con los prejuicios y los miedos más tontos de sus pasajeros. Eso es tratar consideradamente a la clientela, aunque no puede decirse que a la compañía le haya traído buena suerte, no me hagan hablar.
El caso es que la Infanta Cristina pudo sortear el número 13, lagarto, lagarto y tocar madera, pero no ha podido librarse de su maléfico influjo; la Agencia Tributaria le adjudicó en el escrito remitido al juez la venta de 13 propiedades, 13, entre 2005 y 2006, por 1,4 millones. La Agencia que suministró los datos y el juez que los reclamó tendrían que haberse mosqueado. ¿En el año cumbre del boom del ladrillo, la Infanta vendía pisos y viviendas a 100.000 euros? No existían a esos precios. También tendría que haber llamado la atención que una Infanta que se salta el número 13 en el DNI, se habría plantado al vender la duodécima propiedad para no tentar al mal fario.
Bueno, pues ha habido 13 errores, otras tantas veces en las que el número 14 del DNI de la Infanta ha sustituido a otro, el juez pidió los datos y la Agencia Tributaria se los envió sin contrastar. Afortunadamente, el juzgado de Castro compite en transparencia informativa con el número 5 de la Audiencia Nacional en tiempos de Garzón y los propietarios de las 13 saben quién les vendió la suya. Tienen sus nombres escritos por un notario en sus respectivas escrituras de propiedad.
Hay que leer el comunicado de Hacienda para exculpar a la Agencia Tributaria. Compréndanla. Mil millones de datos procesa cada año, dicen y, al parecer, cada dato que llega se da por bueno. Pero en estos días finales del plazo para cumplir las obligaciones fiscales, comprenderán que si a una altiva princesa le puede pasar esto, ¿qué no habremos de temer los que pescamos en ruin barca?

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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