La encuesta propia

No hay que tomar por expresión estricta de la voluntad popular el número de asistentes a una manifestación ni el resultado de una encuesta. Son, en el mejor de los casos, indicios. De ahí que tomar la multitudinaria asistencia a la Diada 2012 como un apoyo a su persona y a su causa fuera un grave error del president Mas. De ahí también que la encuesta de El Periódico hubiera que tomarla con cierta precaución. Ya había advertido Paul M. Sweezy, en El presente como Historia, que «el que paga al gaitero pide la tonada». Pero, ¿qué debe interpretarse si el resultado es igual de adverso cuando paga el perdedor?
Recapitulemos. Mas consideró que la manifestación del 11-S registró lo que en Madrid habrían sido nueve millones de manifestantes y convocó unas elecciones en las que su partido perdió 12 escaños, mientras su rival, ERC, ganó 11. Mas consideró que la suma de los dos partidos arrojaba una mayoría independentista, sin tener en cuenta que habían perdido uno de los 72 escaños que habían obtenido en 2010 y la condición de fuerza emergente de ERC.
La encuesta del Govern debe de tener muy contento al president, porque su socio y él suman entre 74 y 76. La causa de la independencia avanza; lástima que su coalición pierda entre 13 y 15 escaños, mientras ERC gana 18. Pierde el partido, pero gana la causa en la hora estelar de los patriotas. Las encuestas satisfacen de manera algo caprichosa el sueño de Mas, pero no hay razones para negar el altruismo de la clase política desde que Zapatero le confesó a Aznar cuando éste era presidente: «Nada me haría más ilusión que ver el fin del terrorismo siendo tú presidente del Gobierno y yo líder de la oposición».
Yo no sé si Mas le dice ternezas como éstas al profesor Junqueras, pero es de suponer que en su partido, CDC, y en su socio, UDC, han debido de sonar campanas de alarma.
Hay castigo en la encuesta para el PSC. Basta mirar una foto de Pere Navarro para entender por qué. El hundimiento del PP estaba cantado ya antes de la curiosa componenda de Alicia al otro lado del espejo y de los micros de La Camarga. Si en el ánimo del Gobierno estuvo la idea de preservar los intereses del partido, deberían preguntarse por qué los ciudadanos premian el lenguaje inequívoco de Albert Rivera y C’s.
Estremece a toda razón lógica la idea de que Oriol Junqueras y su eminencia gris, Marta Rovira, puedan encabezar el próximo Govern, con el apoyo externo de CiU (quid pro quo), pero no sería lo peor de los tiempos venideros: nos darían mucho que reír, obligarían al Gobierno de España a hacer algo y, en última instancia, basta examinar el historial de los dirigentes de ERC para comprobar que se les puede aplicar la analogía con la Mafia que establecía Woody Allen para los intelectuales: sólo matan a los suyos.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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