Disforia cronológica

Una de las reglas del tute es la del arrastro. Cuando la mano sale de un palo, los demás han de seguirla. En el PSOE se juega mucho a eso. Cuando Felipe, que era mano, se sintió llegado a las alturas de su Monte Nebo, arrastró: presentó la dimisión y obligó a Guerra a seguirle el palo.

Es lo que 13 años después ha hecho Griñán: anunciar que se va porque «se necesita savia nueva para avanzar en la carrera», marcando el camino al secretario general. La número 2 ha salido a cantar las excelencias del número 1: «Rubalcaba se siente muy joven». El subjetivismo es la piedra angular sobre la que algunos asientan los hechos. Recordarán, y si no para eso estamos, que el 17 de marzo de 2007, el BOE publicó la Ley de Identidad de Género, que permitía a los transexuales de uno y otro género traspasar la barrera que nos imponen los atributos genitales que traemos de serie, sin necesidad de CRS (cirugía de reasignación sexual).

Antes, el personal trans daba cuenta de lo suyo mediante la párvula prosa de la época: «esta dualidad que hay en mí» o «vivo prisionero/a en el cuerpo equivocado». El concepto de disforia dotaba a la cuestión de un toque científico. También se llamó al tema síndrome de Harry Benjamin, pero no cuajó. Esto era una secuencia memorable en La vida de Brian, esa película que debe de resultar fascista a nuestros jóvenes progresistas de hoy.

La juventud es un valor absoluto para el partido de la oposición. Y este fenómeno tiene también su frase hecha, su sintagma: el relevo generacional, que reivindican para sí los Madinas, Chacones y Talegones. Y Susana Díaz a nivel autonómico. Criaturas en cuyos currículos no hay otras experiencias que las que les han proporcionado sus militancias partidarias. Pero la edad, como recuerda Valenciano, está en el cerebro, no en el DNI. Alfredo vive prisionero en un calendario equivocado o bien padece disforia cronológica, como gusten. O quizá sufre el síndrome de Harry Rubén, el hermano mayor de Harry Benjamin.

Rubalcaba es un sexagenario, lo que no debería ser impedimento para su dedicación política. Es verdad que a estas edades, a la suya y a la mía, no se está para correr los 100 metros lisos en 10,95 segundos, que fue su record, según cuentan, al filo de los 70, ni para ser plusmarquistas sexuales, pero éstas no son habilidades exigibles en democracia a ningún dirigente político.

Es bueno dar paso a nuevas generaciones sólo cuando estén capacitadas para hacerse cargo del negocio. ¿Qué es la edad, después de todo? Un lapso señalado por una fecha en la partida de nacimiento. El problema de Griñán no es la edad, ni siquiera los ERE. El carácter del socialismo andaluz –así se templó el acero– lo forjaron titanes como Chaves y Zarrías, contra los que se estrellaron 70 peticiones de investigación parlamentaria. Tampoco es la edad el problema de Rubalcaba, sino su responsabilidad en el zapaterismo, su carencia de un proyecto razonable de centro izquierda y la falta de control sobre el aparato socialista. Y eso no lo va a arreglar otra generación, a juzgar por los valores y la falta de orientación que muestran los que llegan.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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