Hablar del libro

En un país de porteras como éste no deja de ser admirable la contención del presidente del Gobierno. No hay manera de que la oposición le saque una palabra más de las que está dispuesto a usar. Lo de Bárcenas, un suponer. Desde que el gran Umbral le reventó un programa a la Milá con la consigna: «Yo he venido aquí a hablar de mi libro», nadie como Rajoy para soslayar las preguntas inconvenientes y hablar de su libro. O de su libreto. Toda la oposición se puso brava, pero no tanto como para poder romper el magistral mutismo del presidente del Gobierno.
La oposición tenía razones. No es de recibo que un partido despache el encarcelamiento de su tesorero con 17 palabras, a saber: «El Partido Popular manifiesta, como ha hecho siempre, respeto a las decisiones judiciales en todos los procedimientos». Un partido que gobierna manifestando su respeto a la ley no es un hecho extravagante en democracia, aunque en los últimos años resulte insólito en la Cataluña de Mas. Y en la de Montilla, para qué engañarnos.
El jefe de la oposición se arrancó con un discurso tenebrista: «El señor Bárcenas es una nube negra que se ha posado sobre su partido y su Gobierno y sobre el conjunto de la política española. Una nube negra que descarga todas las semanas…». Ya me temía yo que el izquierdismo sobrevenido de Rubalcaba tenía que acabar en La Varsoviana, que los anarquistas adoptaron como himno en la Guerra Civil con el título de A las barricadas: «Negras tormentas agitan los aires,/ nubes oscuras nos impiden ver/ y aunque nos espere el dolor y la muerte/ contra el enemigo nos llama el deber…».
Estaba bien la requisitoria de Rubalcaba y también la de los portavoces de la oposición; con decirles que casi me ha gustado el de UPGa, está todo dicho. Rajoy tendría que haber empleado alguna vez más de 17 palabras y más significativas para explicar lo de Bárcenas, mientras las calceteras esperamos a ver si tiene alguna bala en la recámara o no, que todo podría ser. Lástima que la épica de Rubalcaba le haya sido arruinada por la juez Alaya al imputar ayer mismo a Magdalena Álvarez en el sumario de los ERE. Magdalena, nuestra Maleni, fue ministra de Fomento cinco años; compartió Consejo de Ministros y Ministras con Rubalcaba durante tres: entre abril de 2006 y abril de 2009. Después, el Gobierno de España la colocó en el Banco Europeo de Inversiones en calidad de vicepresidenta, lo que viene a demostrar que la corrupción no es privativa de España, como lo demuestra la imputación de cargo tan destacado de un Banco Europeo. Para sustituirla en el Gobierno, José Luis apostó fuerte: el número dos del partido, Pepe Blanco.
¿Quién no incurre alguna vez en un error humano? Yo mismo, el día en que acuñé una definición bien orientada, pero fallida, sobre la más bravía ministra de Fomento que hayan tenido nunca las Españas: «A Maleni sólo le falta hablar». En rigor, y en vista de la imputación que la juez Alaya dictó ayer contra ella por el asunto de los ERE, es evidente que lo único que le faltaba es cantar.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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