Hablar de lo importante

El presidente del Gobierno dijo el miércoles algo de mucho interés: de vez en cuando, hay que hablar de «las cosas que son importantes» –el liderazgo de España en el sector del automóvil–, frente a la tendencia a «contar las cosas que no son las mejores». Una expresión para paladear. Como en la vieja anécdota del tipo que intentaba a toda costa franquear la barrera de una eficaz secretaria con el argumento de que tenía que comunicar a su jefe algo importante, habría que preguntar: «Importante, ¿para él o para mí?».

Uno se ha pasado las dos legislaturas anteriores admirando a un Gobierno que alcanzó la perfección en el arte de sustituir la responsabilidad por la exhibición de sus sentimientos. Éste ha desarrollado otra especialidad, también muy meritoria: soslayar la explicación de las propias responsabilidades para señalar en qué debemos fijarnos. Es inobjetable: para los intereses colectivos son mucho más positivas las noticias sobre la buena marcha del sector del automóvil reveladas por Rajoy en la factoría Ford de Figueruelas que las felonías practicadas por el ex tesorero del PP.

En otra planta de Ford, la de Almusafes, Teresa Fernández de la Vega explicó en febrero de 2008 a los trabajadores que no debían hacer «demasiado caso a los cantos apocalípticos de algunos sectores» sobre la situación económica en España, pues usan «algunos datos coyunturales» para intentar hacer creer que ésta «no va bien».

¿Qué es lo importante? Bárcenas no, ciertamente. De ahí que se haya borrado su nombre de la conversación entre personas decentes, salvando algunas excepciones como Aguirre y Cospedal. La importancia y la verdad, grandes asuntos. El antiguo tesorero del PP es para unos el oráculo de Delfos, mientras otros ven en él la Bocca della Verità, que atrapó la mano de Juliano el Apóstata y lo engañó. Algunos que ponen la suya por la veracidad de Bárcenas, eran más partidarios de comparar honorabilidades en versiones contradictorias: «¿A quién se va a creer, a una organización terrorista o a un Gobierno democrático?». Pues depende. No es lo mismo plantearse a quién prefieres para salir el sábado. Creer, creer, a quien diga la verdad, y tanto un Gobierno democrático como una banda terrorista pueden tener motivos para ser veraces o para mentir. Lo mismo cabría decir del ex tesorero y su ex partido, si no fuera porque el ex partido calla obstinadamente.

La oposición exige que el presidente se explique y tiene razón en ello, aunque lo haya reclamado con un plante parlamentario a todas luces inadecuado. Sin presuponer cuánta verdad hay en las revelaciones de Bárcenas, ni en cuál de ellas, mientras el juez Ruz deshilvana la madeja, Rajoy debe explicar su responsabilidad en el nombramiento de su tesorero, parcialmente desactivado su augurio: «Nadie podrá demostrar que no es inocente». Esperemos, confiando en que Bárcenas explique la verdad sobre sus cuentas suizas y que la oposición haga con los asuntos propios lo que exige al Gobierno con los suyos. Así sea.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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