Discurso sincopado

El Debate de Política General ha venido este año a subrayar la normalidad vasca frente a la ebullición catalana. En un debate como éste hizo Ardanza en 1987 una afirmación que nunca antes se había oído en boca de un nacionalista. Ni se volvió a oír después: «Lo que nos separa de ETA no son solo los medios, sino también los fines, porque los fines están contaminados por los medios», dijo para pasmo de los más adictos. En el de hace 11 años, Juanjo Ibarretxe anunció su personal derrota (qué gran polisemia) hacia el naufragio, conocida como plan Ibarretxe. No tenemos el grado suficiente de autogobierno, pero nada nos impide apropiarnos de las buenas expectativas económicas que han levantado los recortes de Rajoy para la economía española, y por ende, para la vasca. Al fin y al cabo, nada nos impide desagregar el Viva España de Morgan Stanley, que aquí se pronunciaría Gora Euskadi.

La oposición quería más concreciones sobre el nuevo estatus de autogobierno que propugna; necesidad que se deriva, para Urkullu, de la crisis económica, que «ha agotado el café para todos» y plantea la necesidad de «realizar una nueva propuesta, plantear un nuevo modelo de relación para el futuro». No se le puede negar cierta lógica. Si la crisis nos escatima el café para todos, justo es que lo que queda se reparta equitativamente entre los más cafeteros.

Frente a sus pares catalanes, los nacionalistas vascos parecen más sensatos, quién lo iba a decir cuando Arzalluz expresaba con desdén: «Nadie se imagina a un catalán con una pistola en la mano; a un vasco, sí», lo que demostraba sus desconocimientos sobre la Historia de Cataluña en los años 20 y 30 del siglo pasado.

Sostiene Urkullu que «nos encontramos en un nuevo tiempo, (…) el chantaje terrorista ha desaparecido», lo cual debe de constituir una excelente oportunidad para las aspiraciones nacionalistas. El razonamiento es curioso, porque cuando el chantaje terrorista sí estaba presente, lo adecuado era ceder a él. O sea, mejorar el autogobierno.

Nada se puede decir sobre el futuro. Un nacionalista se expresará en clave soberanista cada vez que se le dé ocasión, pero ayer Urkullu empleó palabras biensonantes, como legalidad, pluralidad y rigor jurídico, signifiquen lo que quiera que signifiquen estos términos.

Tampoco es irrelevante la voluntad expresada de dejar atrás 15 años de enfrentamiento, etapa que implícitamente achaca al periodo que comprende: la ruptura del acuerdo con el PSE en el 98, el Pacto de Lizarra y toda la etapa Ibarretxe, así como la legislatura de Patxi López y lo que llevamos de la suya propia.

Urkullu está expectante para ver cómo resuelve Rajoy lo de Cataluña. El discurso, ya digo, era sincopado, algo abrupto: hay pasaje en el que seis líneas de texto están separadas por cinco puntos y aparte. Puede que haya sido escrito en euskera, tan reacio a las oraciones subordinadas, y luego traducido a la lengua extraña. O es, simplemente, que el lehendakari piensa en Twitter.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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