Maestro de maestros

El Ayuntamiento de Barcelona ha diseñado una operación para enseñar historia catalana a los maestros: no tanto como un estudio de los hechos del pasado, el contexto y sus consecuencias, sino tal como debieron haber sucedido para justificar nuestros deseos del presente. El curso lleva por título Barcelona 1714. La Defensa de les llibertats d’un poble y estará sufragado, claro, por dinero público.
Mas ha participado con una frase a la altura de la ocasión y de sí mismo: «En 1714 nos quitaron nuestras libertades, pero no nuestra voluntad de ser». ¿Y qué querría ser Artur Mas hace 300 años? Muy probablemente lo que con tanto esfuerzo y dedicación ha conseguido ser en puertas de 2104: nada.
Oriol Junqueras va a contribuir con un programa que presentó antaño en TV3 y el diputado Bosch también va a contribuir con lo mejor de su creación: una trilogía de novelas históricas ambientadas en 1714, que el Ayuntamiento considera adecuadas para que el profesorado adquiera conocimientos sobre el tema.
A Junqueras le llaman por algo el Profesor, una antonomasia didáctica, un profesor de profesores en una nación de naciones. Si las novelitas de Bosch pueden enseñar historia a los maestros, a Junqueras deberían nombrarle evangelista, máxime después de su propuesta de doble nacionalidad: nosotros bien que quisiéramos ser catalanes y sólo catalanes. Pero cuando proclamemos la independencia no podrán ustedes echarnos de la UE. Verán, es que en estos siglos se nos ha llenado la patria de españoles, pónganse en nuestro lugar. Claro, claro –responderán los comisarios a coro–, nadie es perfecto, ni siquiera ustedes.
La doble nacionalidad ya gira conceptualmente en torno al hallazgo de Ibarretxe en 2002: el estado libre asociado. «Puerto Rico», dijeron entonces a coro los de la prensa amiga. Y Radio Euskadi localizó a una eminencia de la Universidad de San Juan que les explicó la improbable analogía: «Sería la primera vez que la ruptura de un estado unitario dé lugar a dos estados que se asocian».
Sus homólogos vascos esperan diseñando el currículo y expectantes ante lo que vaya pasando con Cataluña. Los vascos lo hicieron mejor entonces (y fíjense en el resultado): contaron con escritores gastronómicos para escribirles. Mark Kurlansky, autor de un libro interesante sobre la sal, les escribió La historia vasca del mundo, o sea, el mapamundi de Bilbao. Ahora están a la espera. También espera ERC, bien para la independencia, bien para devorar a Mas. Exactamente igual que Sortu a Urkullu. La suerte de Junqueras es que Mas es un hombre providencial, y en tanto que tal, irrepetible.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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