El achicador

Artur Mas se había explicado la víspera en términos inequívocos: él va a convocar un referéndum para que los catalanes se autodeterminen. Quiere hacerlo de acuerdo con el Estado, o, al menos, sin conflicto jurídico. Es decir, que el Gobierno le dé la razón y, si no puede ser, que se haga el distraído y le deje hacer, como si la tuviera. En caso contrario, abróchense los cinturones, que va a convocar unas elecciones. ¡Menudo es él!

Albert Rivera, que hizo un excelente discurso, no pasó por alto la incongruencia. A mí me hizo recordar una anécdota de hace 35 años. En 1978, el PNV hizo una campaña de eslóganes vistosos para el referéndum constitucional. Una de sus pintadas decía: Negación de los Fueros=3 guerras civiles. Advertencia muy notable por parte de quienes habían perdido las tres.

Mas anda en ello. Qué gran protagonista para un remake de El increíble hombre menguante. No es un caso único. Ahí está Rubalcaba, reparando ahora en otra gran pintada abstencionista contra la Carta Magna: «La Constitución de EEUU no reconoce los derechos históricos del Pueblo Vasco. Ésta tampoco, ¿Votaste aquélla?». Tantos años después, el secretario del PSOE ha calculado cuántos de sus conciudadanos no han votado ésta. A ver si toma nota Obama, que tampoco votó la otra.

El rasgo específico de Mas es que, mientras disminuye, achica espacios. Quizá sea la tortuga de la aporía de Zenón de Elea: a medida que acorta la duración de las legislaturas, le aumenta la sensación de ser inalcanzable.

Tras el desastre Montilla, llega al Govern aupado en 62 escaños y acorta la legislatura a la mitad. Pierde 12 diputados, cuando buscaba «una mayoría excepcional», y 10 meses después amenaza con volver a convocar otras. En cualquier otra circunstancia, podría habérsele replicado lo mismo que el lugareño al predicador solemne: «Si hay que ir al infierno, se va, pero no nos acojone».

Rivera le animaba desde la tribuna: en el anterior achique, C’s pasó de tres a nueve, mientras Junqueras, en su escaño, hacía cálculos con un ojo puesto en el sorpasso.

A Mas le gusta España, pero no se fía del Estado. A mí esto me parece lo más razonable de todo su discurso, teniendo en cuenta que el representante ordinario del Estado en Cataluña es él (Artículo 152.1 de la Constitución). Asomarse al espejo y que te devuelva una imagen de petimetre autosuficiente cuando no has sido capaz de aprobar unos Presupuestos y te apoyas para gobernar en uno de los partidos que te dejó la maldita herencia, tiene que producir mucho vértigo y ganas de convocar para noviembre, a ver si acabamos de una vez por todas. Tanto protestar por el boicot de España a un Estatut al que su socio de Esquerra no votó.

A Mas le hace falta un último gesto y una sentencia. Su paisano Estanislao Figueras i Moragas, primer presidente de la I República, la pronunció hace 140 años: «Senyors, ja no aguanto més. Vaig a ser-los franc: estic fins els collons de tots nosaltres». (En catalán en el original).

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.