Antifascismo raro

Hay algo enternecedor en la creencia que alberga el partido-guía de los vascos sobre las razones de los terroristas: que los militantes deberían romper con la dirección y sumarse a las medidas que permitan su salida de la cárcel porque es lo que desea el pueblo vasco.

Después de la manifestación convocada el sábado por la izquierda abertzale para apoyar a los terroristas presos, y mostrar su solidaridad con los 18 detenidos de Herrira, la presidenta vizcaína del PNV, Itxaso Atutxa, ha explicado a la izquierda abertzale algo que, al parecer, tiene alguna dificultad para entender: que ahora que han demostrado una fuerza capaz de convocar a miles de personas a la manifestación de Bilbao, la aprovechen «dentro de la legalidad vigente» para impulsar a los presos de ETA a tener «una salida de verdad». La dirigente jeltzale también ha tenido un mensaje específico para la banda terrorista, a la que ha urgido a su disolución definitiva, porque es lo que reclama la sociedad vasca.

¿Desde cuándo reclama todo esto la sociedad vasca, si puede saberse? Desde siempre, dirá seguramente Atutxa. Yo estaría de acuerdo con ella en eso. Nunca se ha celebrado en Euskadi manifestación tan multitudinaria como la de aquel 19 de marzo de 1989 bajo el lema Paz ahora y para siempre.

¿Por qué habría de urgir la izquierda abertzale a ETA a su disolución, cuando su existencia ha sido precisamente la razón de su fortaleza? La presidenta del BBB no ha dicho una palabra sobre el calificativo de fascista que el presidente de Sortu espetó en Parlamento vasco a Borja Sémper, portavoz parlamentario del Partido Popular. Tal vez no le parezca un hecho relevante, como a su correligionaria Tejería, la presidenta de la Cámara.

Mientras, el portavoz Pernando declaraba en el acto inaugural de Kilometroak 2013 que la manifestación de Bilbao había dado al «fascismo» la respuesta que se merecía. ¿Una manifestación? No creo. Durante las últimas décadas, ETA ha dado una respuesta distinta al fascismo español: 858 asesinatos, ante ninguno de los cuales dijo el tal Pernando ni mú. No hubo un solo crimen inconveniente. No supongo al tal Pernando un grado de miseria moral diferente a la de sus conmilitones. Basta suponerle una querencia racional por la eficiencia: si la respuesta que merecía el fascismo español era una manifestación multitudinaria, de las que han hecho tantas, ¿por qué iban a jalear el crimen, esa monstruosa hipérbole de la disidencia?

Sencillamente, porque no importa. El mismo presidente de Sortu que llamó fascista al portavoz del PP en el Parlamento vasco, nunca, ni una sola vez, ha levantado la voz para criticar el asesinato de ninguno de los compañeros de Borja Sémper (ni de los adversarios de Borja Sémper), perpetrados por la organización en la que el presidente de Sortu, Hasier Arraiz, tiene depositadas todas sus complacencias. Tal vez recuerden ustedes a Gregorio Ordóñez. ETA lo asesinó con el mismo insulto de Arraiz a Sémper, aunque con más metáfora: por ser «el buque insignia del fascismo español».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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