Apero de labranza

El presidente del PNV decía ayer en la radio amiga: «Éstos creen que todas las mañanas inventan el mundo, y el mundo está inventado». Éstos eran los de Amaiur y el mundo que está inventado era el derecho de autodeterminación que ayer reclamó Errekondo, compañero de Urdangarin en la selección española de balonmano, al exigir al Gobierno su reconocimiento para naciones como Euskadi, Cataluña y Galicia.

Voto a Dios que me espanta esta grandeza, que diría Cervantes: cuando todo el mundo recurre al eufemismo del derecho a decidir, esa gran aportación del PNV a la política española, Errekondo agarra el concepto por el asa que más quema y vuelve a mentar la autodeterminación, de la que el PNV y el soberanismo catalán no querían ni hablar.

El concepto del derecho a decidir fue un invento de Ibarretxe, un estadista junto a Mas. Él era un vasco cabal y con estudios y seguramente se avergonzaba de manejar conceptos propios de la relación agónica en un régimen colonial. O también aplicable al caso de naciones que libremente se habían unido antes, como Escocia e Inglaterra. Después de todo, el colonialismo español debía de ser un poquito raro cuando la acumulación de capital a lo largo de todo el siglo XX se había producido en las colonias vasca y catalana en lugar de hacerlo en la metrópoli, como pasaba en el francés o en, este sí, el de España respecto a Guinea.

Emilio Olabarria se abonó al concepto, olvidó el derecho a decidir e hizo por el PNV una defensa apasionada, y excluyente de la autodeterminación, a la que llamó «derecho humano» y cuya defensa atribuyó únicamente a su partido, mientras reprochaba a Herri Batasuna su falta de colaboración por ausencia del Parlamento vasco.

Pero hombre, Olabarria, ¿defendía Arzalluz ese derecho cuando decía «la autodeterminación es una virguería marxista»? O cuando la consideró un apero de labranza: «¿Para qué queremos la autodeterminación? ¿Para plantar berzas?».

El propio Arzalluz, diputado del PNV, votó no en el Congreso a la enmienda de adición para incorporar la autodeterminación al texto constitucional, presentada el 16 de junio de 1978 por el diputado de Euskadiko Ezkerra FranciscoLetamendia, Ortzi. No conforme con eso, el portavoz del PNV para el tema reprochó al diputado de Amaiur, Rafael Larreina, una inexistente militancia pasada en HB.

Rafa Larreina era el militante que el Opus Dei tenía en Eusko Alkartasuna, el partido de Carlos Garaikoetxea y en tanto que tal es diputado de Amaiur. El 16 de septiembre de 1991, el lehendakari Ardanza echó del Gobierno vasco al partido de Larreina. El motivo era que EA había suscrito en varios ayuntamientos junto a Herri Batasuna mociones por la autodeterminación.

En las primeras elecciones municipales, hubo una candidatura en Sant Feliu de Llobregat, Progresistas y Galantes, que proponía desviar el curso del río que da nombre a la localidad y hacerlo discurrir por la calle principal para que los vecinos pudieran pasear en barca los domingos por la mañana. Eso era derecho a decidir y sí requería una consulta.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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