¡Era la Entesa!

Este periódico publicaba ayer la hoja de ruta de Artur Mas para la independencia de Cataluña. Hombre intuitivo y quizá menos romo de lo que parecía, sueña un plan que podría salir bien si el Gobierno sigue mirando la cuestión con los ojos de Margallo y Montoro. Todos sabemos que el Gobierno no va a permitirle la consulta y piensa organizar una Entesa per la Llibertat, que es el editorial de la docena, pero en plan gran coalición para unas autonómicas en 2015.

Todo está ya visto. Cuatro días después de que Ibarretxe diera a conocer su plan, dos empresarios hablaban del asunto mientras se desnudaban en los vestuarios del Club Deportivo, en el centro de Bilbao. Uno de ellos, más confuso, protestaba: «Esto es una locura. No es bueno para las empresas. Pero es que además, no se puede hacer…» a lo que el otro replicó: «¿Y si se puede?». Era el gran atractivo de la impunidad para el nacionalista: ¿y si se puede?

Homs y los pensadores de base de Mas creen su tonta metáfora de la ruptura sentimental: que se puede romper con la pareja sin acuerdo, hacer que ésta pague la hipoteca y quedarse con la casa, la vajilla y los discos de los Beatles.

En octubre de 2007, un Ibarretxe ya derrotado en el Congreso, se trazó una estrategia cuyas trazas se adivinan en el plan de Mas: anunció que el 25 de octubre de 2008 iba a convocar la consulta, y en caso de no poder, «una consulta habilitadora que traslade un mandato imperativo». Un pourparler, que, por cierto, recibió el espaldarazo del entonces presidente del BBB, Iñigo Urkullu: «Tienes al territorio histórico de Bizkaia para hacer lo que corresponda en esta apuesta decidida que tú has presentado. Aurrera, lehendakari».

El 17 de abril de 2005, dos meses y medio después de la negativa del Congreso, se celebraron en Euskadi unas elecciones autonómicas en las que el PNV perdió 140.000 votos y cuatro escaños. CiU perderá votos y escaños, pero eso no le importa a Mas tanto como acaudillar esta entesa, si le deja el profesor Junqueras, claro. Convergència, sin Unió, con ERC, restos del PSC, Joaquim Nadal y Pep Guardiola, aquel gran 4 de la selección española de fútbol, que se lo va a pensar. 90 escaños, dicen, sin apearse del fetichismo de la urna. Lo que es ilegal no será legal por más que la Entesa tenga más votos y disimule el fracaso Mas.

Guardiola seguramente ya sabe que él no podrá ser seleccionador nacional cuando lo deje Del Bosque. Alguien con mando, no sé, el presidente, debería explicarle a él y al resto de la Entesa, que una ruptura unilateral con España va a exigir que retiren al Barça de la Liga española «y de eso me voy a preocupar especialmente». Es verdad que está la excepción del Mónaco, que juega en la Liga francesa y ojalá le valga al Barcelona. Estoy seguro de que haría un papel excelente en la Liga vecina, si encuentra argumentos que convenzan a la Federación Francesa de Fútbol.

En todo caso, yo creo que el artefacto lo debería acaudillar Guardiola. Mas debería sacrificarse para que el líder del proceso sea el entrenador del Bayern, alguien que sea medianamente competente en algo, para variar.

Un poco de vergüenza torera, perdón, se me ha escapado.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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