Los frutos secos

Parece que los efectos de la sentencia de Estrasburgo van a ser más gota a gota que tumultuosa torrentera. Hoy van a la Audiencia los casos de Josefa Ernaga y Juan Manuel Piriz, el primero de la lista que volverá a vivir en la comunidad donde mató. Piriz ha pasado 29 años y ocho meses en prisión por el asesinato del ex miembro de ETA Mikel Solaun un sábado de 1984, mientras tomaba el aperitivo con su familia en un bar de Algorta. También secuestró durante unas horas al que fue líder de los comunistas vascos, Roberto Lertxundi. Un asesinato y un secuestro exprés le han supuesto cuatro años más que a Del Río 24. Muy proporcional y equitativo no parece.

El fiscal superior del País Vasco hizo ayer una afirmación chocante: él se resiste «a llamar terrorista o asesina» a Inés del Río, «porque lo ha sido sin duda, pero ya no lo es (…) ha tenido 26 años de cumplimiento efectivo de condena y ya ha cumplido con la sociedad». ¿Aplicaría Calparsoro este molde a Miguel Ricart, violador y asesino de las niñas de Alcàsser el día que sea excarcelado? ¿A Valentín Tejero, violador y asesino de Olga Sangrador? ¿Se me hace duro llamarles violadores o asesinos después de haber cumplido con la sociedad?

No se debe confundir el Código Penal y el cumplimiento de la pena por el delincuente con el sacramento de la penitencia y la gracia santificante para el pecador. Hay cualidades en el ser humano pasajeras, accidentes de conducta, y otras que devienen inmanentes, como pasaba en el chiste del borracho y la fea: lo del primero se pasa. Matar a una persona debe de trazar un surco en el alma; ser un asesino múltiple, todo un sembrado. Cualquier sacerdote podría absolver a Inés del Río de sus 24 asesinatos, pero ningún tribunal podría borrarle los antecedentes penales. Aunque hubiera cumplido los 30 años en aplicación de la Parot, ni Dios podría quitarle el estigma de Caín.

Una víctima colateral del estado de la cuestión es el lenguaje. No tienen razón las víctimas que consideran que ETA ha ganado. Su derrota policial es evidente, su estructura operativa ha sido reducida al mínimo por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y es muy poco probable que pueda volver a matar. Pero la cuestión no era sólo anular su capacidad operativa, sino muy principalmente, derrotar su estrategia política. El objetivo del Pacto Antiterrorista, firmado por Aznar y Zapatero en diciembre de 2000, era «hacer explícita ante el pueblo español nuestra firme resolución de derrotar la estrategia terrorista…», significara lo que significase firme para uno de los firmantes. La razón esencial que llevó al Supremo a ilegalizar Batasuna y marcas precedentes (EH y HB) en marzo de 2003 era la estrategia que compartían con la banda terrorista.

Se ha derrotado a ETA, pero su estrategia está dándole frutos (secos: las nueces): más poder del que nunca tuvo en diputaciones y ayuntamientos. Mataban para conseguir el poder, no para satisfacer pulsiones raras. Las almas cándidas confían en que el electorado deje de votarles al hacer balance de su gestión. Quienes apoyaron a los Soprano en sus crímenes, ¿van a censurarles por su gestión de las basuras?

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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