La conjura

Cada día tiene su afán: últimamente no pasan 24 horas sin un nuevo lance de corrupción a cargo de UGT de Andalucía. ¿Está UGT de Andalucía hecha de una sustancia distinta a las demás federaciones del sindicato, UGT de Euskadi, por ejemplo? No; ambas son del mismo material con que se hacen los sueños. Lo que pasa es que, por una parte, los vascos son de natural lacónico y discretos para sus cosas. Por otra, la UGT andaluza tiene sobre sí la sombra protectora de la Junta, madre nutricia y generosa a lo largo de los últimos 33 años.
La de hoy es cuestión menor: facturar a la Junta más de 25.000 euros por un curso de formación cuyo coste, sumando el de la academia de Lucena donde se impartió y el salario de los monitores, ascendió a 7.200. Recuerden el momento de gloria de Maragall al decirle a Artur Mas: «Vostès tenen un problema i aquest problema es diu tres per cent». En aquel mismo minuto pensé que aquel hombre no tenía un contacto adecuado con el mundo real: si manejaba esos porcentajes arriesgaba ser denunciado por practicar dumping. La gente bien siempre ha desconfiado de las capacidades de la clase obrera.
Y ahí está como ejemplo el sindicato hermano, levantando unas comisiones del 19%, que sólo en el año 2012 han permitido levantar nueve millones de euros. Eso, por lo normal, pero ahí está la de hoy. Probablemente les parecerá que la empresa PCD trabaja con unos márgenes muy altos, pero no se hacen idea de lo que han subido los costes en la era moderna. ¿Ustedes saben cuántos billetes se necesitan para asar una vaca?
Cándido Méndez ha reaccionado como un hombre de bien o, al menos, como un jabalí pundonoroso. El viernes pasado hacía público un comunicado que no se podía terminar de leer sin un cierto sonrojo. Aunque no es nuevo: es la misma prosa exculpatoria empleada por todos los partidos sin excepción cuando tienen cuentas pendientes con la Justicia por corrupción u otras violaciones del Código Penal, argumentos estirados hasta los límites de la falacia y más allá. Tres portadas seguidas, un abuso de EL MUNDO, más que un abuso, «es la campaña más feroz que se recuerda contra UGT en toda la democracia» y, naturalmente, ataca a todo el movimiento obrero. «Ha sido EL MUNDO». O «ha sido Manos Limpias», una conjura. No hay caso de corrupción que haya ensayado otra defensa desde Filesa, pasando por los fondos reservados y los GAL, el caso Gürtel, el caso del juez que instruyó el caso Gürtel, que también fue defendido por los suyos (Cándido era uno de ellos) con un «ha sido Manos Limpias».
Tengo para mí que la mejor defensa sería filtrar ellos mismos cada día una basurita más. La gente pierde pronto el interés ante los titulares repetidos: qué pesadez, otra vez lo de UGT, o lo de Bárcenas, o lo de Urdangarin. Escondamos nuestras miserias en los titulares de portada, una variante para este tiempo de la carta de Poe.
Dice el gran Cándido Méndez que esto es «un ataque en toda regla» y ya se sabe que, en los ataques, lo que más jode es que se hagan siguiendo un protocolo, la etiqueta.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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