Fiesta fría

La fiesta de la Constitución será también este año un cancionero y romancero de ausencias, una fiesta fría, un guateque para melancólicos, salvo en Guipúzcoa, donde las instituciones gobernadas por Bildu van a ignorar la condición festiva de la jornada.
El copetín de hoy en el Congreso registrará una asistencia igual o menor que el año pasado, con las mismas ausencias significativas: los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, y lo que podríamos considerar los soberanistas puros: Amaiur y ERC.
El partido-guía de los vascos sí guardará fiesta, aunque sean objetores antiguos. Tarde o temprano tendrán que responder al reto de EH Bildu, de a ver por qué en sus predios se trabaja el 6 de diciembre. El lehendakari tiene una respuesta airosa: nombrar a San Nicolás de Bari, festividad del día, como santo patrón del Parlamento vasco y celebrar a un santo italiano, mucho mejor que una constitución española.
Como recordaba Urkullu, ellos nunca han ido al festejo en los 34 años anteriores y no van a sentar precedentes. En septiembre de 1978, Xabier Arzalluz no mostraba una posición muy enérgica de rechazo en el número 93 de la revista Euskadi: «Creo que la Constitución no es tan mala como para decir no, tiene cosas importantes para nosotros, y el no es una posición de rechazo y la coyuntura demasiado delicada como para semejante enfrentamiento. Creo que la coyuntura doctrinal más lógica sería la abstención y que incluso habría que negociar el sí». De hecho, lo que ganó en el referéndum constitucional en Euskadi fue la abstención (54,5% del censo). Un lehendakari, Ardanza, hizo crisis de Gobierno en 1991 para echar a sus socios de EA, que habían votado en algunos ayuntamientos proclamas a favor de la autodeterminación.
Los cambios son más vistosos en Cataluña, donde votó no el 4,97% de los participantes. Ese 5% escaso está representado hoy por el 64,4% de los diputados en el Parlament y algunos más del PSC. Tampoco está mal lo de IU, que va a enviar a una sola diputada en una misión simbólica de rodea el Congreso. Dará un canutazo a los medios, para denunciar el incumplimiento, y se negará a entrar al canapé.
Quienes tengan edad para acordarse de los debates constitucionales recordarán a Roca i Junyent, como ponente de CiU, y a Solé Tura, del PCE, y no tendrán más remedio que decir como Pepe Isbert, el gran Amadeo de El Verdugo: «Es que la raza degenera». El Solé Tura de hoy es Collboni, no digo más.
Hoy, lo más notable del asunto es que todos los partidos de la oposición, incluso los constitucionalistas, se han pronunciado por su reforma. ¿Puede reformarse? Claro. Si acordamos en qué y obtenemos un consenso mayor que en el referéndum del 78. Pero tal vez no sea el día. Celebrar la Constitución proponiendo su reforma es como celebrar un aniversario de bodas explorando la posibilidad del divorcio. Hoy cumple 35 años. Nunca hubo un periodo más largo de convivencia en libertad en toda la Historia de España. Ese texto es la garantía de la libertad de todos.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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